La trampa

Narrativa

Detrás de los ojos es donde estoy, ¿dónde es eso?, en un contenedor de vísceras con confusión, con la negrura de la mente en blanco y el aire que supone, debe llevarse estas nebulosas.

¿Qué estoy haciendo acá?

Pues a dónde más puedo ir, cierto? Acaso sirve vagar, si no encuentro lo que busco afuera, si no hallo las respuestas en nadie más ¿Cómo podría encontrarlas en otra boca que sólo sabe de otros mundos? Me engañaría, nada más.

¿Cuánto dura esto? ¿cuánto llevo aquí? qué difícil es contar el tiempo cuando te das cuenta de que envejeces.

Y, ¿cómo medir la vida entonces? En unidades de verdad. Probablemente, así el tiempo valga más que los segundos o suspiros.

Puede ser.

¿Qué es eso de allá? ¿Culpa, vergüenza, coraje? ¿es algo siquiera? No veo bien, ¿estoy viendo?

¡Ya, sincérate!, qué más da.

Palabras, sólo palabras.

Otra vez tengo 6 años, ¿por qué?

Estoy sola, en el patio. Junto al árbol de aguacate que tenía mi abuela. No hay nadie más. Sólo mi tío que acaba de pasar hacia la entrada del cuarto. Mi prima debe estar en su casa, con su mamá supongo.

Estoy sola, haciendo nada. Y, entonces, estoy en el cuarto… La herida se abre.

¿Me van a curar o sólo es morbo? ¿qué pretenden?

Que dónde están mis padres, que por qué estoy sola. No lo sé, ya no lo recordaba.

¿Por qué estás sola? insiste, esta vez, mi voz.

Y, en ese momento… éste, siento desolación, orfandad. Otra vez corazón de niña y cómo me duele esa, esta soledad. No el trauma, no el cuarto. Sólo la soledad.

Se me retuerce el corazón en la garganta, me doblaría y encogería todavía más adentro para cubrir este crimen, o por lo menos el pecho.

Pero no vine a eso.

No voy a llorar, otro día será. Hoy no.

Aunque hoy, todo cambia. Si el pasado es otro, también hoy y mañana, es lo más lógico.

Si soy quien fui, y recién me doy cuenta, entonces ahora, soy otra. Resentimiento y dolor. Maldita sea ¿a qué vine?

Nunca me he perdido en la ciudad, pero aquí adentro, carajo ¿dónde estoy?

¿Suelta el control? ¡Madre mía! ¿y si acabo fuera de Kansas como Dorothy?

Bueno… tal vez, no sea tan malo. Así estaría en otro lugar, uno más luminoso con un propósito seguro: llegar a donde Oz, a ciudad Esmeralda, con esas gafas verdes que hacen que uno, todo lo vea con ese brillo cetrino… ¿por qué no?...

Espera, eso era un engaño. Pero qué estoy pensando, puras tonterías para no estar donde estoy.

Cierto, no me encuentro. Sin embargo, conozco la respuesta a mi pregunta. No dudo, es sólo que está nublado. O que el espejo está roto. O que sólo debo abrir los ojos.

No sé la ruta exacta hasta el destino. Sólo que no debo abandonar el deseo, ni negarlo. Es raro todo esto.

Creo más en Michael Ende, en Fantasía, que en Frank Baum y en… esto.

Prefiero partir de un anhelo chiquitito, sin importar que el camino duela, a mentirme o contemplar sin padecer.

¿Qué es este engaño?

A ver, si no mal recuerdo; según Descartes, todo parte de la duda, dudo de eso y de esto, de todo, incluso de mi existencia. Pero de lo único que no puedo dudar, es de que estoy dudando. Por lo tanto, si dudo, existo… Será?… qué horror, la confirmación es una duda.

Bueno, algo es algo… dijo un calvo, con un pelo en… ¿qué estoy haciendo?

Para qué hice caso a Mary, esa chismosa de Contabilidad que sólo quiere sumar puntos con la empresa ¿Por qué ella no está aquí?

¿Qué pretenden con este ejercicio? ¿Calmarnos? ¿Desestresarnos? ¡¡Y, nuestras condiciones laborales!!, ¿cambiarán o sólo nos están amansando para resistir un poco más? 

Debí pedir un estímulo por esto ¡A otro perro con ese hueso! ¡Debería levantarme y…

 

ー … Nos reconectamos con el ritmo de la respiración … Respiramos profundo 3 veces, abran los ojos.

¿Cómo se sienten?

ーMás enojada que nuncaー Es lo que debí haber dicho. Pero en lugar de eso, la fuerza mecánica de la costumbre y la protección a mi salario, hizo que dijera:

ー Bien, interesante.

¿Caí en la trampa? 

 

 

Comentarios 1

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Tinta en las rocas24 de noviembre de 2025
El corazón bombea sin pedir permiso, como un tambor oculto que sostiene la marcha del día, o tal vez, como migraña sostenida. En algún momento del día, se abren los ojos, la terca costumbre de mostrarnos "despiertos". El discurso del método que, entre duda y latido, la certeza ha erguido.

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