Polvo de estrellas

Reseñas generales

Están todos apurados. Siempre están apurados para llegar… no sé bien adonde. Los veo con sus trajes lavanda, sus sacos anchos luciendo a la moda. Porque la moda es muy importante. Mientras más cara se vea la ropa, mejor va a parecer que te va en la vida según la sociedad. Es como un código implícito. Pequeñas frases que hemos acumulado durante toda una vida frente a la pantalla del televisor, que a su vez fueron repetidas por nuestros padres, nuestros amigos, nuestras maestras de escuela. Fueron repetidas tantas veces que las creímos como verdad. 

Qué era mejor vestir, qué era mejor decir, hacer, no mostrar, perseguir… y de pronto creímos que la vida es eso. Acuerdos, reglas y estándares que se deben ir cumpliendo para sentirnos alguien. 

Los veo caminando tan apurados por la calle y asumo, no pienso, de que esto no es real. Esta forma de vivir persiguiendo objetivos para contentar a mamá, a papá, al mejor amigo, al jefe, a una sociedad que nos diga que hemos sido “aprobados.” Y son patrañas. Desde el momento en que entiendo que somos más hijos de los tiempos que vivimos que de nuestros padres, es que puedo comprender que la realidad no tiene nada que ver con esto. 

Que todo este escenario es eso, un montaje de lo que se supone debe ser cierto. Pero dejando de lado tu mejor prenda de ropa, hay una piel que está conectada con la tierra, que te pide a gritos que la escuches, que escuches sus instintos. Que hay un idioma que todavía no entendemos. Yo sé que siempre me está llamando pero no me enseñaron a hablarlo. 

¿Cómo explicar sino la capacidad de algunos monjes en la antiguedad de resistir tareas extremas? Cuando que se sabía que muchos monjes eran ilustres de lo que hoy se conoce como meditación y estados alterados de la consciencia sin consumir drogas ¿Cómo entender que un indígena sin ninguna formación pudiera saber sin dudar, exactamente qué planta es venenosa y cuál sirve para curar en un sendero sin señales y viéndose todas las plantas de forma similar? Si no fuera por la observación perpetua de las cosas que nos rodean, si no fuera por la conexión con lo que no se puede ver, pero todo el tiempo está dándonos mensajes, que algunos elegidos pueden sentir y codificar. Protegiendo esas verdades.

Estamos perdiendo la escencia. 

Cuando camino por la ciudad, sé que a mi alrededor hay miles de señales sonando al unísono para que las escuchemos. Todo el tiempo están ahí. Pero nadie lo hace.

Y soy consciente de algo muy importante. Mientras subo las escaleras del shopping, sé que no soy la posición que logre obtener, soy algo mucho más grande que está conectado con las reliquias del mundo. Puedo ver aquello que otros no pueden ver. Este mundo desnudo. Lleno de vida. 

No sé como, pero sí sé que podemos activar la fuerza de las estrellas de las que estamos hechos. No nos podemos olvidar que somos polvo de estrellas. Y provocar milagros, de los que leímos en los libros, lo sé. 

Las grandes antiguas verdades nos están esperando. Solo conectándonos con lo que somos de verdad podríamos acceder a ellas. Y con eso, a nuestro verdadero potencial. Y propósito. No a pasar por la vida solo cumpliendo metas que ya fueron alcanzadas por otros, que acaban de morir sin haberse conocido a ellos mismos. Porque estuvieron demasiado preocupados por alcanzar lo que los demás querían. 

Los veo a todos corriendo, comparándose, queriendo tener. Yo solo quiero ser.

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