Los conspiranoicos
Reseñas generalesLa verdad es que antes de la nueva década, después del 2000, se entretejieron historias escalofriantes del fin del mundo y, aunque yo seguía con mi rutina, ir al trabajo todos los días, ser constante, luchar con el día a día y retornar a la casa y seguir trabajando, limpiando, cocinando, lavando, para luego al día siguiente ir al trabajo, prácticamente era un déjà vu repetitivo e infinito que es el trabajo en la calle, dentro de un centro comercial, en una tienda de lencería y después dentro de la casa.
Me siento a ver televisión; ya agotada, pienso: “Debo descansar, esto es pa' burro”, y veo que en la última parte de la noticia, en la parte de la farándula y cosas del cine, promocionan en cartelera una película 2012 tres años adelantada para la época de la cual escribo, ya que casi se terminaba el 2009; estábamos en noviembre para ese tiempo y se hablaba del fin del mundo que venía y solo faltaban 3 años. Cuadré una noche para ir con mis vecinas, que eran de mi misma edad y trabajaban cerca de donde yo trabajaba, y habíamos hecho una amistad, y fuimos a ver esa película al cine y nos dejó impresionadas y heladas.

¿Dentro de tres años pasaría eso en nuestro mundo? Como en la época de Noé, pero peor, y solo los ricos se salvarían, pero en realidad se salvaron los que no pusieron la plata, sino los importantes del gobierno y científicos. Los ricos y multimillonarios entraron en pánico, se abalanzaron a las arcas y no lograron entrar y murieron junto con todos los pobres del mundo.

En realidad empecé a preocuparme, tanto trabajar y forzarme por lo que tengo para que un acabose se lo lleve todo y más atrás a mí, ¡era el fin del mundo! En realidad, entré en esos días a una realidad virtual; en mi mente la preocupación no se quitaba y creo que muchas personas estaban así.

Pasaron los benditos años que yo no quería que pasaran y no sabía cómo frenarlos.

Estábamos en un abrir y cerrar de ojos en el 2012; ahí me di cuenta de que cuando tú quieres que no llegue nunca algo, llega más rápido.


Pero no pasó nada, mi tembladera y miedos fueron enfundados por habladurías en la radio, en la televisión, el cine y la internet; la teoría de conspiración estaba caldeada, de que todo se acabaría.

Cuando en realidad el calendario maya era solo un calendario de la cosecha y los mayas lo venían diciendo hace tiempo.

Me dejé controlar emocionalmente por los conspiranoicos y el cine que tanto amo; me hizo vivir 3 años de miedo.

Y ya estaba viendo la estatua de la libertad en otro país, posiblemente en la Patagonia.
Tantos planes mentales e investigación de dónde me podía ir a vivir, a las montañas más altas y con cuevas que pudiéramos usar como albergue y buscando qué organización o personas estén metidos de lleno en eso, para contactarlos e irme más atrás con ellos.
Buenos, mal que no logré encontrar ninguna organización o grupo de confianza, o sea, que mi instinto me dijera ¡aquí es!, que estuvieran dispuestos a salvar personas y llevarlas a un búnker o montañas, esperando que todo eso pase y veamos un nuevo amanecer como en la película.
Encontré muchos grupos, sí, que tenían planes y convocaban personas por las redes sociales para salvarlos, ¿pero tenías que pagar primero para apartar tu cupo? ¡Los reales en una catástrofe mundial no son útiles! ¿Qué van a hacer ellos con esa plata?
Por suerte no inventé nada y me quedé quieta; los estafadores estaban aprovechando el hecho de que las personas podrían entrar en desespero y botar la casa por la ventana. A pesar del miedo que provocaba el asunto, aún podía pensar y tener miedo de las organizaciones desconocidas que no estaban regidas por las leyes.
Entonces, ¿qué haría? Me quedaría en mi casa y esperaría el fin del mundo y esperaría unirme a mi primer ancestro de cuatro patas que vivió el primer apocalipsis y sobrevivió, pero yo no sobreviviría y tendría que pedirle perdón a toda mi línea ancestral que luchó y sobrevivió para que su sangre, su linaje siguiera existiendo y lograra llegar hasta mí, y yo tenía que transferir esos genes a mis hijos, para que siguiera existiendo esa pintica de sangre, ese ADN de mi línea familiar en el mundo hasta muchos siglos más. Gracias a mi cobardía, al no saber qué hacer, a dónde huir, esa pintica de sangre mía moriría conmigo.
Porque aunque los gobiernos tengan organizaciones para ayudar y actuar en momentos de desastres, estos desastres mundiales, catastróficos e inmensos no podría ningún gobierno abarcarlos y proteger a la población. En un caso tan descomunal como eso, es: ¡sálvese quien pueda!, si es que se pueden salvar.
Porque cuando el mar entra y el suelo firme se vuelve gelatina y se fractura como si fuera galleta, ahí no hay nada que te pueda salvar; ni el más ingenioso y acróbata saltarín se podrá salvar. ¡Eso es algo horrible!, y lo peor, que un mundo entero tenga que experimentar en carne propia ese acontecimiento.
Lo que vivieron los dinosaurios, esa destrucción mundial, algunos cayeron dentro de la fragmentación de las placas tectónicas, otros se congelaron en un segundo, quedando con el alimento en sus bocas y estómagos recién masticado, y otros murieron por no poder respirar el oxígeno contaminado con azufre y otros contaminantes que botaban los volcanes, y solo sobrevivieron los de menor tamaño por estar más cerca del suelo y poder respirar mejor y comer. Entre esos animales de cuatro patas estábamos nosotros, pequeños, escurridizos y con miedo.
Evolucionamos y nos volvimos otros bichos raros, bípedos, con cerebros más grandes, y ahora nos va a volver a pasar lo mismo, lo mismo que nuestros ancestros sufrieron, en esa rebatiña de vida antidiluviana que yo no me acuerdo y no nos acordamos, pero el 21 de diciembre de 2012 nos iba a hacer recordar de un solo impacto.

Pensando cómo escapar de eso y no dejarnos morir como los gigantes de la época de Noé y cómo salvar lo importante, y la casa quedaría a merced del apocalipsis, y cómo huir y a dónde ir, a la montaña más alta, y cuál era la más alta. Tres años debían pasar y yo no quería que nunca llegaran, y llegó rápido, pero el 2010 y el 2011 se perdieron; no sé si los pasé o los salté, porque yo solo me acuerdo del 2009 y el 2012.

Cuando la humanidad sobrevivió al 2012 y la estatua de la libertad seguía en el mismo sitio, empecé a acordarme ya más tranquila del 2011, pero no que yo lo haya vivido, porque fue un año que entró por la ventana y salió por la otra; no lo sentí, estaba concentrada en el 2012. Pero por suerte solo fue una mala interpretación del calendario maya, porque los mayas sabían la verdad y la decían.
Sin uno proponérselo, terminé viviendo otra realidad; estaba metida en un mundo virtual y de miedo por culpa de una mala interpretación de un calendario de hace siglos que es de las cosechas mayas. Lo bueno es que nunca dejé de trabajar y de tener planes para el futuro, aunque los tenía con un poco de pesimismo, pero seguía planeando el mes y cómo debía ser todo, aunque por dentro algo me decía:
“¿Para qué sigues trabajando?
¿Para qué sigues luchando?
¡Todo se acabará!
¡No quedará nada!
¡Estás perdiendo el tiempo!”
Y esos pensamientos pesimistas me hacían decaer y volvía a alzar mi espíritu dándome optimismo yo sola. Ese optimismo salía en las cosas que veía en la calle al volver del trabajo; veía las flores naturales de adorno, sembradas afuera en el centro comercial; eran hermosas, de diferentes colores, y eran las primeras que recibían a los visitantes.
Observaba la sonrisa de un bebé que me miraba con tanta inocencia y sus ojos vivos e inteligentes me hacían pensar en la vida y que no se puede acabar todo esto de un sopetón; porque todo es tan bello y parece mentira, uno lo descubre cuando se tiene el alma en vilo. Veía a las personas entrar al centro comercial normalmente, sin pensar en eso, o lo ignoraban. Esas simples cosas me daban fuerza y me hacían pensar que sí, abría un mañana y proseguía adelante.
La verdad, esos tres años me cambiaron la vida, las esperanzas y los deseos; era como entrar en otra realidad, me hacía dudar de la vida, de las cosas y me hacían pensar:
“¿Y esto será real?
¿Todo desaparecerá lo conocido y lo que falta por conocer?
¿Todos morirán?
¿Y los vivos envidiarán a los muertos?”
En una condición así, no lo dudo.
En realidad, en esos momentos de pensamiento y angustia interna no sabía si quería pertenecer a los sobrevivientes o a los arrasados en la hecatombe. La película 2012 fue tan realista con todo y sus efectos especiales que lo introdujo a uno en el miedo, el terror y la angustia de querer sobrevivir como sea y ver esa película como si fuera algo que en realidad va a pasar, una advertencia, un oráculo.

En realidad, a veces pienso:
“¿La humanidad sobrevivió al 2012? ¿Solamente fue un calendario de la cosecha maya?”
Muchos conspiranoicos dicen que nos hicieron creer eso, pero que el planeta se reseteó en el 2012, entonces hay una posibilidad de que yo no sea yo, que todo lo que vemos no existe y todo lo que existe es una mentira.




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