Frankenstein (2025)

Reseñas generales

 

La nueva adaptación de Frankenstein dirigida por Guillermo del Toro y estrenada en 2025 representa un punto de inflexión tanto en la filmografía del director mexicano como en la larga historia de reinterpretaciones del mito creado por Mary Shelley. Más que una película de terror, Frankenstein es un poema cinematográfico sobre la soledad, la culpa y la necesidad de redención, que combina la estética gótica del romanticismo europeo con la sensibilidad visual y emocional característica de su autor.


 

Del Toro se aleja de las lecturas tradicionales del monstruo como símbolo del horror o de la desobediencia científica, para situarlo en el terreno de lo humano, casi místico. La Criatura —interpretada con una sorprendente fragilidad por Jacob Elordi— encarna la tragedia de existir sin haberlo pedido, de ser rechazado por su propio creador (Oscar Isaac) y de enfrentarse al abismo de la conciencia. En lugar de buscar el susto o la repulsión, el film se sumerge en un tono contemplativo, reflexivo, que recuerda más a El laberinto del fauno o La forma del agua que a las versiones clásicas de James Whale o Kenneth Branagh.


 

Desde el punto de vista estético, la película es deslumbrante. El diseño de producción de Guy Davis y los efectos visuales prácticos rinden homenaje al expresionismo alemán y al cine gótico de los años 30. Los interiores del laboratorio, la iluminación de velas y la composición de planos hacen de cada escena una pintura viviente. Del Toro y su director de fotografía, Dan Laustsen, juegan con los contrastes de luz y sombra, simbolizando el conflicto interno entre creador y criatura, entre la divinidad y la corrupción humana. El resultado es una obra visualmente majestuosa que exige ser vista en pantalla grande.


 

La música de Alexandre Desplat aporta una melancolía casi religiosa. Lejos de subrayar el drama con golpes de orquesta, opta por un acompañamiento minimalista que deja espacio para el silencio, para el viento en los paisajes helados o el pulso del corazón en las escenas íntimas. La banda sonora se convierte así en un personaje más: la voz de lo inefable, del alma perdida que busca su reflejo.


 

Narrativamente, Frankenstein no teme la lentitud. Algunos espectadores podrían considerar su ritmo pausado o su guion excesivamente literario, pero esa cadencia es coherente con el espíritu de la obra original. Del Toro no quiere que corramos; quiere que contemplemos. La historia avanza como un réquiem, donde cada diálogo parece esculpido para perdurar. Hay ecos de Blade Runner en su meditación sobre la creación y el límite de lo humano, y también de Metrópolis en su visión del hombre enfrentado a su propia criatura.


 

El duelo interpretativo entre Isaac y Elordi es uno de los grandes aciertos. Frankenstein, más que un científico loco, es un Prometeo arrepentido, un dios que odia lo que ha hecho. La Criatura, por su parte, es una figura trágica, consciente de su monstruosidad pero también de su capacidad de amar. En su encuentro final, del Toro logra uno de los momentos más conmovedores de su carrera: la mirada del creador ante el espejo viviente de su culpa.


 

En conjunto, Frankenstein (2025) es una obra de madurez, una reflexión sobre la creación artística y sobre el propio cine como acto de dar vida a lo inanimado. No es una película complaciente, pero sí profundamente bella, coherente y emocional. Del Toro demuestra que el mito de Shelley sigue vigente porque, en el fondo, todos somos el monstruo que busca a su creador y teme encontrarse a sí mismo.


 

Valoración final: ★★★★★ / 5 — Una obra maestra gótica, visualmente sublime y emocionalmente devastadora; un Frankenstein para el siglo XXI.


 

Comentarios 1

M
marisoledad12 de noviembre de 2025
Definitivamente se siente que esta versión de la película fue mucho más fiel a la novela original, y eso me encanta. ¡Frankenstein es uno de mis libros favoritos!