Mi historia

Reseñas generales

 La Casa y el Eco Silencioso

(Benyulis acerca su silla en la mesa de la terraza. Se escucha el ligero tintineo de su brazalete mientras se apoya para hablar en voz baja.)

Benyulis: No, no, esta es otra cosa. No es la típica historia de "ruidos en la noche". Esto es lo que me pasó a mí, y te juro que, desde ese día, ya no veo la oscuridad de la misma manera.

(Mira nerviosamente a su alrededor, aunque están solas.)

Fue hace unos diez años, ¿recuerdas que me mudé a esa casa antigua, la que estaba casi en el campo? Era preciosa, sí, pero tenía esa atmósfera... pesada. Al principio, era manejable. Puertas que chirriaban, el crujido normal de la madera vieja. Pero luego, vino el silencio.

No era la ausencia de ruido; era un silencio antinatural, como si el sonido de todo el valle hubiese sido absorbido por las paredes. Y solo ocurría en el pasillo principal. Caminabas por la sala, y oías el tráfico lejano; cruzabas la cocina, y el refrigerador zumbaba. Pero al entrar al pasillo, era como si te metieras en una cámara de vacío. Tus propios pasos sonaban amortiguados, casi fantasmas.

Amiga: (Inclinándose) ¿Y qué? ¿Una mala acústica?

Benyulis: No, escúchame. Una noche estaba volviendo del trabajo tarde. Entré, encendí la luz del pasillo, y ahí estaba ese silencio. Pero esa vez había algo más. En el espejo de cuerpo entero, al final del pasillo, justo antes de mi habitación, vi un reflejo.

No era el mío. Era una silueta, justo detrás de mí. Alta y muy delgada. Lo vi por menos de medio segundo, pero fue suficiente para que se me helara la sangre. Di un brinco, me giré de golpe... y no había nada. Solo el pasillo vacío.

El corazón me latía tan fuerte que pensé que rompería el silencio. Me tranquilicé, me dije que fue el cansancio, la luz. Me acerqué al espejo para confirmar que estaba sola y, mientras lo hacía, noté algo en el borde inferior.

Era una huella dactilar. Una marca oscura y grasosa, justo donde el vidrio se une al marco de madera. No era mía. Era demasiado grande, y yo siempre limpiaba ese espejo religiosamente.

Me quedé mirando esa huella. Era una prueba de que alguien... o algo... había estado allí, lo había tocado, y había desaparecido.

Pero lo verdaderamente extraño, lo que aún hoy me despierta con un grito, sucedió cuando acerqué mi linterna al espejo para examinar mejor la marca. Al iluminar directamente la huella, sentí un escalofrío que no venía de la temperatura. Era la marca, que de pronto, en el reflejo de la linterna…

(Benyulis se detiene de golpe. Sus ojos se abren ligeramente, fijos en un punto detrás de su amiga. Su respiración se vuelve superficial.)

Y entonces me di cuenta de quién era la persona que había dejado esa huella, porque el espejo me lo dijo. Y es la razón por la que vendí la casa a la semana siguiente. Y es la razón por la que tú y yo no deberíamos estar hablando de esto en voz tan alta.

(Coge su taza con manos temblorosas y la apura de un trago, cambiando inmediatamente el tono de voz a uno artificialmente casual.)

En fin, ¿a dónde vamos esta noche? Olvídate de eso

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