viaje astral

Reseñas generales

Me ocurrió algo que aún me cuesta comprender. Algo increíble. Quizás pienses que perdí la cordura, pero te aseguro que no es así. Tal vez el universo guarda secretos más profundos de lo que somos capaces de ver. Yo era escéptico… hasta aquella noche.

Había llegado cansado del trabajo, derrotado, con la única intención de dormir. Sin embargo, el sueño no llegaba. Encendí el televisor y abrí YouTube buscando algún video para relajarme. Entre tantas opciones apareció uno que llamó mi atención:
“Guía para un Viaje Astral”.
Decían que muy pocos lo lograban, pero mi curiosidad fue más fuerte. Le di play.

Una voz suave comenzó a indicarme cada paso: respiración lenta, mente en blanco, cuerpo liviano. Poco a poco sentí una calma extraña, tan profunda que casi me asustaba. Después vino el hormigueo, un zumbido que retumbaba dentro de mi cabeza. Abrí los ojos y me incorporé…

Y entonces todo cambió.

El tiempo parecía detenido. Un silencio absoluto me envolvía. Me puse de pie y mi corazón dio un salto cuando vi mi cuerpo acostado en la cama, respirando tranquilamente.

Me quedé congelado. ¿Estaba soñando? ¿Muerto? ¿O realmente afuera de mi cuerpo?

El pánico me golpeó primero, pero después llegó la curiosidad. Me moví —o floté— como si nadara en el aire. Crucé la pared de mi habitación sin sentir resistencia alguna. Al salir, la noche era distinta: más nítida, más silenciosa, casi solemne. La luna brillaba como nunca antes y las estrellas parecían más cercanas.

Vi a mi vecino Jonatan paseando su perro, como cada noche. Crucé la calle y entré en la casa de la pareja de ancianos. Estaban viendo televisión, sentados juntos en su sofá. Fotografías llenaban las paredes: hijos, nietos… Una vida que siempre imaginé vacía desde afuera, y sin embargo rebosaba historias.

Volví afuera. La vecina Jenny pasó trotando y me atravesó como si yo no existiera. Continuó corriendo cuesta abajo, ajena al mundo y a mí. Subí hacia el cielo nuevamente, atravesé nubes, vi un avión surcando la noche y contemplé la ciudad iluminada, viva y silenciosa al mismo tiempo.

Entonces regresé al barrio, al parque. Sentía que debía volver, pero algo me detuvo. Algo… o alguien.

Una figura se escondía detrás de un árbol. Permanecía inmóvil, expectante.

Y entonces la vi de nuevo: Jenny, trotando hacia allí, con sus audífonos puestos, perdida en su rutina. 

Cuando pasó cerca del árbol, la figura saltó. Todo ocurrió en un instante: un forcejeo, un brillo metálico, un grito sofocado… y luego, silencio. El cuchillo cortó su garganta y su cuerpo cayó al suelo. La sangre comenzó a extenderse sobre la tierra húmeda.

Intenté gritar, moverme, intervenir. Nada. Era un testigo atrapado en un mundo donde no podía tocar nada, ni cambiar nada. Solo mirar.

El hombre limpió el cuchillo y huyó con prisa.

Un parpadeo. Un tirón violento.
Desperté —o regresé— a mi habitación. Estaba paralizado. Mi cuerpo no respondía. Solo mis ojos podían moverse. Las sombras parecían deslizarse por las esquinas, vigilándome. Intenté gritar, pero ni un susurro salió.

Finalmente recuperé el control y caí al suelo, arrodillado, jadeando. ¿Había sido un sueño? ¿O algo más?

Al amanecer, las noticias resolvieron mi duda.
Una joven fue asesinada en el parque del barrio durante la noche.

Era Jenny.

Y ahora soy el único testigo. El único que vio el rostro del asesino.
Pero nadie entendería cómo estuve ahí. Ni siquiera yo lo comprendo.

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Franchesca A. Herrera Piña6 de noviembre de 2025
Has convertido una experiencia paranormal en una carga moral insoportable. La pregunta que dejas flotando en el aire no es ¿fue real? sino ¿qué demonios hago ahora?

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