Te la cuento asi

Reseñas generales

Te cuento… mirá, no sé si te pasó alguna vez, pero hubo un día que algo se me quebró adentro.
Estábamos como ahora, así, tomando un café, charlando de boludeces de la vida, cuando de golpe… sentí que todo se corría un milimetro para el costado. Como si la realidad hubiese pestañeado, ¿entendés?

Al principio pensé que era cansancio, viste cuando venís durmiendo poco y la cabeza te juega fichas raras. Pero no, esto era distinto. Yo miraba las manos de la gente, los vasos, el vapor que subía de la taza… y había algo raro, como que las cosas eran cosas, pero no estaban “vivas”. Todo me pareció tan… armado, tan puesto ahí.
Como un decorado.
Como si estuviéramos en una maqueta bien hecha pero maqueta al fin.

Me quedé quieto, mirando la gente pasar. Una mujer hablaba por celular y yo no escuchaba palabras, eran sonidos que parecían venir de una radio vieja. Y la gente se movía pero las caras no mostraban nada, o yo no sabía leerlas. No sé. Era como estar afuera de todo. Como si yo hubiese salido del guión y nadie se dió cuenta.

Me pregunté: ¿y si esto no es real? ¿y si lo que siento real es un sueño y lo que sueño es lo real?
Y ahí fue peor. Porque dudé de todo. Hasta de mi propio cuerpo. Me toqué el brazo para sentir la piel y sentí como si fuese la piel de otro. Como esas cosas que ves mil veces, pero de golpe las ves por primera vez y te asusta.

Después el ruido del café volvió, como un golpe seco. Una cucharita chocó contra un vaso y ese sonido me trajo de nuevo, viste, como cuando te despiertan de un sueño profundo sin querer. Me mareó. Casi que me levanto para salir a tomar aire, pero me quedé, con miedo de que afuera fuese aún más irreal.

Y ahí fue peor todavía, porque pensé: si esto es un sueño, ¿qué pasa si salgo y no hay más nada?
¿Y si todo termina cuando yo me voy de escena?

Me quedé así, tratando de parecer normal. Tomé un sorbo del café, me quemé la lengua —eso me tranquilizó, mal pero me tranquilizó. El dolor me ancló un poco. Y después de un rato, muy de a poquito, sentí que todo volvía a encajar en su lugar. O por lo menos eso preferí creer.

Pero te juro… desde ese día, cada tanto, cuando estoy quieto o miro algo por demasiado tiempo, vuelve esa duda chiquita, como un mosquito zumbando en la oreja:
¿y si todo esto no existe? ¿y si estamos soñando despiertos?

Me río para que no me asuste, viste. Pero adentro…
la duda sigue ahí, escondida, esperando otro café para salir.

No sé si me estoy volviendo loco o si la locura es simplemente mirar la realidad demasiado de cerca.

Pero bueno… por suerte estás acá, ¿no?
Porque si vos tampoco sos real, entonces ya está, perdimos todos. 😅☕

 

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