Lo que me sigue

Narrativa

“En mí familia, todos hemos visto y vivido algo paranormal, y lo más extraño es que nos sigue a donde vayamos.”

Estás historias son contadas desde mí punto de vista y solo contaré las que más me han impactado. Desde pequeña he vivido experiencias a los que no les encuentro explicación lógica… y lo más inquietantes, es que no importa cuántas veces me mude, las cosas extrañas siguen sucediendo…

Recuerdo muy bien este suceso, debía de tener unos siete y ocho años. Era una niña muy enfermiza, lo sigo siendo, y esa noche tuve una fiebre muy fuerte. Sentía mucho dolor en todo mí cuerpo, la cabeza me dolía como si me fuera a estallar, y mí visión era bastante borrosa, cómo desenfocado. En ese entonces, toda mí familia dormíamos en el mismo cuarto pero en camas separadas. A mí me dejaron el la cama que daba justo en frente de la puerta para salir.

Esa madrugada, era mí mamá la que estaba despierta, cuidándome. La vi que se levantó para, cruzó el pasillo y doblando hacia la cocina. No pasaron ni cinco minutos cuando la volvio… o al menos eso es lo que creí. Tenía una cuchara con remedio en una mano y la otra debajo para que no se derramara. Pero… había algo extraño en ella. Se veía más pálida, cómo translúcida, y caminaba de forma antinatural, demasiado recta, erguida, como si flotara. Venís desde la puesta al final del mismo pasillo, pero cuando le hable… simplemente desapareció.

Segundos después, mi verdadera mamá salió de la cocina, con la misma ropa, la misma cuchara, el mismo vaso de agua. No le dije nada. Pensé que era la fiebre. Pero lo que vi… se sintió real. Y lo más perturbador: ese ser, ese doble, nunca tuvo rostro. Era como si la cara estuviera borrada.

Desde entonces las cosas extrañas no han parado, ni aún cuando me mudo de casa. Como la vez en la que vi a una mujer salir de las cortinas y pararse frente al espejo del armario, ella no se reflejaba, y su rostro estaba cubierto por su cabello, pero sabía que me miraba a mí directamente.

O cuando vi sobre la cabeza de mí hermano menor, como una espada de piedra que salía desde el techo y lo apunta a él en la cabeza. Nadie más lo vio o sintió.

O cuando creí haber visto de reojo a mí hermano mayor salir de su habitación y caminar hacia la heladera. Le hablé, pero no respondió. Me pareció raro… hasta que recordé que él no estaba en casa. Había salido con sus amigos y no volvería hasta el día siguiente. Cuando fui a ver… solo estaba la puerta de la heladera abierta.

Y luego están las parálisis de sueño. Siempre ocurren días antes o después de un evento paranormal. En ellas, aparece una mujer que dice tener en sus manos 'el diario del Diablo'. Tiene el cabello frondoso, ruludo, flotando encima de mí. O un hombre muy alto, vestido de traje, con un sombrero de copa cuadrada. Nunca hablan. Solo están ahí. Observando.

Pero no todo ha sido oscuridad. Gracias a esta sensibilidad -o maldición, he podido ver cosas que otros no. Como el rostro de mi hermano fallecido, en un sueño tan vívido que parecía más una visita que una ilusión. O el momento en que vi a mí sobrina… antes de que naciera.  También he tenido “pequeñas premoniciones”, advertencias sutiles que se cumplieron de forma precisa.

La verdad, nosé porqué me ocurre esto, pero con el tiempo me he acostumbrado, no me han hecho daño directamente, así que todo bien… por ahora.

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