Knock Knock
Reseñas generalesHe oído hablar de personas que sueñan y pueden predecir el futuro, o de personas que sueñan y ven, o incluso hablan, con otros que ya no estan aqui. En lo personal, mis sueños son simples, tan simples como los sueños pueden ser. Veo situaciones raras, graciosas, a veces aterradoras, pero siguen siendo sólo sueños.
Pero sí me acuerdo de una experiencia que me hizo sentir verdadero miedo.
Hace unos años, mis padres viajaron al extranjero y tuve que quedarme sola en la casa de mis abuelos. Ellos vivían en el primer piso y yo ocupaba el tercero. Era una casa antigua, grande, de esas que crujen con cada paso que das. Mi abuelo había dividido la casa y el tercer piso era prácticamente un pequeño departamento: una sala con balcón, dos habitaciones y una cocina. Era perfecto para mí.
Fue mi primera experiencia viviendo sola. Me sentía libre; podía quedarme despierta hasta tarde, ver televisión, poner música alta, comer lo que quisiera, cuando quisiera. Para una adolescente, era como tener una base secreta. Amaba ese lugar, aunque varias veces escuché historias de mis tías y primos sobre cosas raras que pasaban en la casa, pero nunca les di importancia. Siempre pensé: “esas cosas no me pasan a mí”.
Hasta aquella noche.
Había llegado cansada de la universidad. Preparé algo de comer, jugué videojuegos y, sin darme cuenta, me quedé dormida alrededor de las 11.
Me quedé profundamente dormida y soñé que caminaba sin rumbo, de una forma extraña, sintiendo que alguien me seguía.
De pronto, estaba de nuevo en mi cuarto. Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
Toda mi concentración se fue a mi puerta. No había ningún ruido, pero por alguna razón la piel se me erizó y el aire se volvió pesado. Miré hacia la puerta. Sentía, con absoluta certeza, que había algo al otro lado.
Y de repente…
knock, knock
Me senté lentamente.
El frío me subió por la espalda, la piel se me erizó aún más y mi corazón se salía del pecho. Y esa sensación de que alguien me esperaba detrás de la puerta se hizo cada vez más fuerte.
Entonces, otra vez
knock, knock,
y esta vez, una voz, apenas audible,
llamó mi nombre.
Respiré hondo y, no sé de dónde, reuní valor. Me levanté despacio, giré la perilla y abrí la puerta.
Estaba vacío.
Hasta que miré hacia abajo y sentí unos ojos que me observaban. Mi primera reacción fue gritar y patear; hasta insulté.
Y de pronto… me desperté.
Fue solo un sueño. O eso creí.
Estaba temblando y sentía mi corazón golpeando fuerte en el pecho, pero traté de calmarme. Me convencí de que era solo una pesadilla y que lo mejor sería volver a dormir. Me volví a acurrucar. Apenas cerré los ojos….
knock, knock.
Me congelé. El corazón, que recién se me calmaba, volvió a latir con mucha fuerza. No sé si escuché mi nombre o si mi mente lo repitió sola, pero lo sentí. Y bueno, lo único que pensé fue: “mierda.”
Esta vez no me moví. Estaba paralizada. Pero recordé mi sueño, recordé cómo me había defendido y reuní el mismo valor. Tomé el celular, encendí la linterna y llamé a mi abuelo.
Por si acaso, eran las dos de la mañana.
Minutos después, escuché cómo abría la puerta principal. En cuanto sentí que mi abue estaba arriba, abrí mi puerta. Revisamos toda la casa, las puertas, las ventanas… no había nadie.
Mi abuelo volvió a su habitación después de calmarme. Yo me quedé sola, con todas las luces encendidas. Bueno, esa noche no dormí nada. Esperé el amanecer y, como en una película, sentí que con la luz de repente estaba a salvo. A las seis de la mañana, por fin me quedé dormida.
Desde entonces, nunca más me ha pasado algo así. He contado esta historia pocas veces, y casi nadie me cree. A veces dudo de mí misma, pero aun cuando me quedo sola en casa de mis abuelos, siento que alguien nos observa.

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