Amada mía

Narrativa

El mundo es nuestro, siempre lo fue, y no dejará de serlo. Son años, siglos y milenios; mucho antes de que los vestidos existieran y el bambú se convirtiera en papel; mucho antes de que la peste casi extinguiera a la humanidad y que los hombres aprendieran a volar.

No recuerdo haber sido un niño, y si lo fui, tal vez se esfumó cuando perdí todo rastro de mortalidad; tampoco añoro en mi mente a una madre ejemplar, ni a un padre autoritario; quizá nunca existieron o los borré por completo… no importa. La verdad, eso no cambia nada, no deshace lo que soy y lo que no dejaré de ser. Y es lo mismo que pasará contigo.

Amada mía, tranquilízate, no te he abandonado. Concéntrate y busca en el armario, hallarás dos niños inconscientes, sentirás el latido de su corazón y el aroma de su sangre, pero no te preocupes, tus instintos sabrán cómo actuar… Intenta no mutilarlos mucho, recuerda que los mortales son frágiles y que su sabor depende mucho de sus emociones; mientras el nivel de dopamina de tu alimento sea intenso, más agradable será su sabor. Tal vez te equivoques al principio y no logres controlar tus ganas de saciar tu hambre, pero sé que con el tiempo aprenderás a contenerte. No lo olvides, esto es importante.

Con los cadáveres has de tener mucho cuidado, es indispensable que te deshagas de ellos cuando termines de desangrarlos. No puedes darte el lujo de dejar pruebas que te incriminen. Aunque somos poderosos, antiguos como el mismo tiempo, la prudencia nos ha permitido ser cautelosos. Recuerda que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Que el poder que hoy has obtenido no te embriague; un humano no podrá dañarte, pero en grupo son peligrosos, si te acorralan puedes correr mucho riesgo.

Olvídate de lo que has visto o escuchado a lo largo de tu vida, no le tememos a las cruces ni a los ajos; el agua bendita no nos daña, la luz del sol no nos calcina y las estacas en el corazón no nos mata, ¿cómo matar algo que ya está muerto? Pero sí debes temer a lo siguiente: tu necesidad de alimentarte, si no la controlas te pondrá en peligro y te llevará a la locura, hasta un punto donde terminarás buscando la muerte; la palabra divina, aunque la fe se está esfumando, aún existen personas capaces de ser la voz de Dios, sus reprimendas queman nuestra piel y evaporan nuestra pecaminosa sangre; la decapitación, somos parte del tiempo, pero no inmortales, morimos cuando nuestro cerebro deja de controlar al cuerpo.

Ten presente que la sangre de animales también sirve para saciar el hambre, pero su sabor no se compara al de la sangre humana, así que disfruta de ella, no te reprimas. Asesina rápido y sin misericordia, que tu piel se nutra de sangre inocente, porque es la única manera de que la juventud que hoy tienes, jamás escape de ti.

Vive, viaja y disfruta del poco tiempo que le queda a todo lo que te rodea; despídete de tu familia, amigos y mascotas, ya que ellos envejecerán, y tú no. No trates de convertirlos, no tienes ese poder, aún no; tampoco intentes alimentarte de ellos, sería un grave error. Impide que sus lamentos naveguen entre tus recuerdos y te torturen por siempre.

Desde hoy el mundo te pertenece. Si evitas sucumbir a la desesperación y tu amor sigue siendo único y sincero hacia mí, en un siglo, cuando las cadenas que te aprisionan al mundo mortal se hayan debilitado y las puedas quebrar, nos volveremos a encontrar para no separarnos más.

Amada mía, me pediste que seamos uno, por eso decidí compartir mi don contigo. Cual sea tu decisión y tu destino, te amaré.

Eternamente tuyo, Adán.

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