Oscuridad interna
Reseñas generalesDespierto. A mi alrededor, todo está normal. Es un día más, una jornada de rutina que debo cumplir para ganarme la vida; nada es gratis, lo sé.
Pero, a todas estas, ¿quién soy yo? ¿Estoy realmente aquí, o solo existo en modo automático? ¿Quiero seguir así? Ni siquiera yo lo sé.
Me acerco al espejo. Veo mi reflejo y noto una risa burlona en mis labios.
—¿De qué te ríes? —pregunto. —Pues de ti —me responde el espejo.
Mi mente queda en blanco. ¿Por qué demonios respondí así? ¿Soy yo hablando con mi otro yo? Algo no está bien. Estoy demente. Mejor me relajo y me preparo para descansar.
Llega la medianoche, y adivinen: sigo despierta. Definitivamente, esto va de mal en peor. Estoy acostada, pero mi mente comienza a volar sin razón aparente. Supongo que soy alguien demasiado creativo que necesita mantener la mente activa.
¿Por qué imagino todo esto? Debo dejar de mirar tantos documentales de asesinos. Mi interés me hace pensar que, en otra vida, pude haber sido policía, investigadora o, incluso, una increíble asesina serial. Es una locura, si lo pienso; mi yo de hoy en día no puede ver ni una gota de sangre sin caer al piso.
Escribo esto sin pensarlo, es solo lo que siento. Tal vez nadie lo lea, pero necesito sacar esto que me desgarra y me consume la mente, tal como un zombi hambriento de sesos.
Ese día, mi reflejo en el espejo, ¿fue una ilusión? Se sintió demasiado real. Me sentí agobiada, fuera de mí, pero no corporalmente. Era como si, al ver mi rostro, viera a mi yo dentro del espejo queriendo salir y tomar el control de la situación. ¿A qué se debía?
Han pasado veinticinco días. Me siento cada vez peor. Ya no soy yo. Este cuerpo, este espíritu, se sienten diferentes. Solo al dormir logro ser yo misma. Alguien más está quitándome la vida, aunque creo que no sabe dónde se está metiendo. Después de todo, esta no es la gran vida que muchos piensan; hasta me alegraría dejar todo. Qué egoísta me he vuelto.
La realidad puede ser dura, pero ¿qué tan malo puede ser? Todo tiene solución, menos esto que vive en mi cabeza desde aquel día. Pensándolo bien, creo que, desde lo más profundo, mi ser intentaba ayudarme, por eso me veía reflejada en el espejo de esa forma.
Durante el día, mi mente estaba ocupada en el trabajo y la vida monótona. Solo en las noches, en la quietud, podía estar realmente consciente, verme sin verme. Es confuso, pero es así.
Ahora es tarde para mí. Solo puedo pensar: ¿Por qué fui débil? ¿Por qué permití que esta oscuridad me manipulara? y ahora… Yo misma pinté mi propia escena del crimen, es tal como se ve en esos documentales, muchas personas hablando de ti sin conocerte mucho, policías, periodistas y hasta un cura, pero yo solo noto el frio en la habitación, la oscuridad que la envuelve, lo único vivo que hay es ese tono de rojo que baña mi piso.
Mi silueta sin vida yace en el piso, me veo y pienso en lo ridícula que pude ser, no soy ni la mitad de lo que solía ser, fui consumida por altos estándares, presión social y dificultades que pensándolo bien no eran de otro mundo, solo debía cambiar el rumbo, tomar decisiones sin miedo a que pensaran los demás, al final mi vida es mía, bueno fue mía, los demás no tenían por qué incidir en ella.
Por varios días pensé que mi casa tenía espíritus malignos que me hacían pensar estas cosas, obviamente no era así y ahora me doy cuenta de ello. Solo debía tomar deserciones difíciles y no pude, solo tomé el camino más fácil para mí.
Cometí un crimen, un crimen donde el criminal y la victima fueron la misma persona.

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