Detrás de ti
Narrativa
Antes de comenzar, te aviso que tengo un punto de vista que tal vez hemos compartido, o tal vez solo soy yo.. no importa. Si de algo estoy seguro es que el miedo siempre ha estado presente en nuestras vidas. Me gustaría añadir esta pregunta un tanto retórica, para ti:
¿Qué haces cuando te sientes observado?
Dime tu, si has sentido alguna vez que cada paso que das, te eriza los pelos de pies a cabeza. Aún así, no puedes detenerte. Es tu propia casa y no quieres retroceder. El tener que sudar frío, aguantar el nudo en la garganta y después rendirse, porque al subir a las escaleras no soportaste la presión y prendiste la luz. Sabes que desde el momento que tocaste el interruptor perdiste…
Perdiste ante ese “algo” que te estaba vigilando cada paso que dabas. Respirándote en la nuca porque si de algo estabas seguro es que siempre ha estado detrás de ti. Esa silueta, sombra, fantasma, espíritu, consciencia, inconsciencia. No importa el nombre que le quieras dar, solo dime si tu también lo sentiste.
Dime que no soy el único…
Los recuerdos de mi infancia me han marcado hasta la fecha. Tengo 23 años y a pesar del tiempo, aún siento ese escalofrío cuando estoy solo en mi casa.
Mi casa se encuentra en una región montañosa. Es un barrio calmado, con vecinos muy excéntricos. Frente a mi casa, se encuentra la casa de mi “nina”. Todos los niños de mi barrio le decían “nina”. Su verdadero ahijado es mi hermano mayor; estoy seguro de que el vivió lo mismo que yo.
Curiosamente, ambos adaptados al ambiente denso y lúgubre, con una oscuridad que parecía originarse de los crujidos de los muebles, del pinocho que tenía mi mamá en su clóset y de los pasillos que parecían alargarse cuando caminabas sobre ellos.

Lo que a mi me contaron…
Recuerdo que desde niño estuvo presente una historia de “el albañil” que construyó mi casa.
En pocas palabras, este señor estaba enfermo del corazón. A pesar de que mis papás intentaron persuadirlo para que se tomara unos días, el insistía en trabajar por el dinero, pues tenía una familia que sustentar. En ocasiones agonizaba en silencio, pues, su único síntoma era un dolor punzante esporádico en su pecho. Nunca se le vio mal, porque el no lo permitía.
Fue entre 2001 y 2002. Mi mamá estaba embarazada de mi. Un día, el albañil estaba trabajando construyendo la alacena. Se escuchó un golpe muy fuerte. El albañil se había caído de unas escaleras de peldaño. Murió de un infarto al corazón.
Tiempo después, Mi tía (hermana de mi mamá) fue de visita, probablemente a apoyarla con el embarazo. Un día estaba haciendo café y en la sala se encuentra un señor sentado, que según mi tía, se le notaban los años en su mirada. Mi familia siempre ha tenido la mirada similar, por lo que lo encontró familiar y le preguntó:
- Hola buena tardes, gusta café?
- Si, esta bien gracias.
Al ir al cuarto donde se encontraba mi mamá, le ofrece algo de tomar y le pregunta como se llama la persona que según ella había llegado:
- Oye Cari, voy a hacer café. Llegó tu tío, como se llama?
- ¡¿Qué?! No se de quien hablas.
Al volver a la sala, no había nadie. Cuando mi tía comenzó a describirlo, mi mamá cayó en cuenta de quien se trataba…

Mi vecina
Tenía una vecina muy rara. Vivía con 2 hermanas y su mamá, siendo así una familia cristiana de 4 mujeres.
Yo tenía unos 7-8 años cuando empecé a juntarme con ella. Ella me contaba cosas muy extrañas. Por ejemplo, me decía que soñaba cosas y que luego se cumplían, que podía ver a los muertos y muchas cosas de ese tipo. Al decirme que el mundo se iba a acabar, deje de… verme con ella. Si hablo de ella es porque siempre que estábamos juntos, yo sentía que alguien más nos acompañaba. Nunca supe que era realmente esa sensación que al mismo tiempo me daba miedo y tentación. Tanto hacia mi vecina, como la sensación de conectar con un tercer plano.
Las tronadoras
Una vez, a mis 12 años aprox. Me quedé en casa con mi mejor amigo, y en la terraza solíamos jugar. Ese día recuerdo que mi mamá nos comentó que saldría, por lo que nosotros quisimos quedarnos y nos pusimos a patinar. Al poco tiempo que mi mamá se fue, nosotros ya estábamos patinando. Comienza a oscurecer. Poco a poco se va apagando el cielo, cuando de pronto se escuchan unas tronadoras. Se escuchó como si las hubieran tirado de las escaleras, y debido a su sonido característico las identificamos inmediatamente, pues, habíamos jugado con ellas unos días antes. Cabe aclarar que no había nadie más en casa. Fue una decisión mutua y silenciosa el pegarnos a la pared, sin voltear hacia atrás, paralizados de miedo al saber que es lo que estaba sucediendo. Parecía que ese atardecer se aceleró como si tuviera el propósito de hacernos sufrir, pues nosotros, con risas nerviosas y el nudo en la garganta, no supimos cuánto tiempo pasó para que mi mamá llegara y al ver que venía su carro, nos sentimos lo suficientemente seguros para bajar corriendo y contarle lo que pasó. Pocos días después, encontré las tronadoras debajo de la cama.

Anécdotas
Mi propósito no se centra en asustarte. Quisiera plasmar estas palabras en tu mente para que imagines el escenario en el que me crie. Quisiera que me entendieras por lo que no digo, por lo que se esconde entre mis sombras.
Desde niño siempre hacía pijamadas con mis primos y amigos. Me gustaba hacer fuertes con las maquinas de ejercicio, poniéndoles sábanas y cobijas encima. Recuerdo que siempre ponía un abanico para que fuera el “fuerte perfecto”. Aunque siempre se caía por el mismo viento y tenía que volver a ponerla para simular el fuerte.
Una vez, estaba con Vale mi prima, y en el momento en el que se cayó una cobija del fuerte, vimos lo mismo por un momento. Una niña de blanco como en las películas. Ahora bien, yo no tenía miedo, sino que trataba de calmar a mi prima diciéndole que no nos haría daño. En ese momento solo podía pensar en mi vecina, que en su momento insistía con que había una niña en mi casa, por lo que las cosas en mi mente tenían sentido.
Una vez “interactué” con esta niña. Mi vecina me dijo que pusiera mi mano sobre su pierna, pero sin tocarla. Justo después de “sentirla” me dice: Dice que quites la mano. Esa fue la única y última vez que interactué con ella.
Volviendo al fuerte, vale se calmó después de que prendí un abanico muy interesante que me gustaba prender cuando dormía, pues era de 3 torres con luces distintas en cada una. Siempre trataba a mi visita con mucho carisma y calidez, porque no quería que les diera miedo mi casa.

Rocky Point
Mi primo, el hijo de mi tía; la que le ofreció café a un difunto, vivió un tiempo en peñasco. Recuerdo que una noche del verano del 2016, me atrevo a decir que nunca había tenido un miedo tan intenso como esa noche. Yo estaba esa noche escuchando música y usando la Lap. Todos estaban dormidos, siempre he disfrutado el silencio y la oscuridad. Recuerdo que esa noche quería con unas ganas inmensas que alguien estuviera despierto.
Estaba yo, en camas dobles, a un lado de mi primo que se durmió temprano (para nosotros porque solíamos desvelarnos), escuchando el álbum de Ariana Grande “My Everything”. Todo iba muy bien, hasta que empiezo a escuchar un ruido insistente, como si fueran susurros. Reacciono a ellos con instrucciones predefinidas en mi cabeza y las acato:
Me quito los audífonos.
Pauso la música.
Mi piel se eriza.
Comienzo a temblar.
Trato de levantar a mi primo y para colmo, tenía el sueño profundo; ni dos almohadazos pudieron levantarlo.
Tomé las almohadas como excusa para armarme de valor y levantarme de la cama. Me dirigí hacia el baño a lavarme la cara y, al salir, noté que no había nadie despierto, por lo que quería husmear un poco más. Al asomarme por las escaleras, no pude dar ni un paso más adelante. Me regresé al cuarto corriendo de puntitas y me acosté a un lado de mi primo.
De no haber sido por Ariana Grande, esa noche no hubiera dormido.

Si me preguntas si vi algo raro, no lo hice. Si me preguntas que escuché, no puedo decirlo.
El shock era tan grande que no importaba lo que escuchara o viera. Solo quería salir corriendo de allí, pero mis piernas entraron en sueño profundo y resbalé.
A pesar del escándalo que hice al caerme, no escuché nada de parte de mi familia. No podía gritar porque me quede afónico. Lo único que puedo recordar es que volví al cuarto, me puse los audífonos y me dormí. El recuerdo permanece borroso en mi memoria, así como un tipo de amnesia selectiva.
Al final nunca supe si saboteé la información inconscientemente, o hubo más de un escenario esa noche. Porque al caerme, no sentí dormidas las piernas, sino ligeras como si hubiera dejado mi cuerpo por un instante.
Realmente escribo esto y me hierve la sangre al acordarme de la verdadera sensación de “miedo”.
Cierre.
He pasado por muchas cosas, pero pocas de ellas valen la pena contar. No creo ser el único que desinhibió sus temores. No por valentía, sino por necesidad.
El miedo hizo sentirme oprimido, condenado a sufrir cada que atravesaba los pasillos, subía las escaleras o miraba fijamente a la marioneta.
Con insomnio constante, incomodidad espontánea, en mi cabeza me decía:
- “¿Como va a ser posible que algo que ni puedo ver pueda jugar conmigo?".
No importa lo que sea real o no. No necesito pruebas ni evidencias. En mi casa yo me adapto, y a donde vaya, las miradas de la oscuridad las tengo al tanto.
Si tú sientes identificado con alguno de estos sucesos, no tengo más palabras por decirte. Si no crees, estás a salvo. Podemos desviar la mirada, pero sabemos que no estamos solos. Y créeme, aún sigo buscándolo. No lo veo, pero siento que me siente, que me observa.
Dime si tú lo has sentido alguna vez, y por favor… hazme saber que no soy el único.
Dicen que cuando dos personas cercanas experimentan miedo y perciben lo mismo, se puede explicar científicamente por resonancia emocional y/o neuronas espejo.

Aprendí que el miedo es irreal cuando carece de creencia.
"No siempre lo que parece malo es malo. No me creas, compruébalo.
Eso sí muy importante, porque ningún ente es diferente:
Si el miedo te petrifica, DISIMÚLALO."
No me caí, ellos me tumbaron.
Yo no hice nada malo ni les di ninguna razón,
tal vez eso me pasa por no escuchar a mi corazón."
Atte:// El albañil.
Tal vez no soy el único, tal vez todo tenga una explicación.
Tal vez todo este tiempo solo fui yo.
Tal vez no hay nadie detrás de mi…
© 2025. Emiliano Campos.
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