Sedientos de terror: la evolución del morbo

Reseñas generales

Ryan Murphy volvió a hacerlo.


Junto a Netflix, dominó octubre con una nueva edición de Monsters, esta vez centrada en la historia de Ed Gein: un asesino con mommy issues, esquizofrenia y absorbido por vínculos perversos —entre ellos, las reglas de la religión—, que inspiró a algunos de los slashers más icónicos del cine de terror.

A algunos los incomodó, a otros los fascinó o decepcionó. A mí me dejó pensando que, desde el estreno de Psicosis, nada volvió a ser suficiente.

 

Alfred Hitchcock abrió la puerta a la morbosidad humana. Y no solo para los cineastas o guionistas: también para la audiencia. Desde entonces, queremos más.

 

Ya nada nos sorprende, impacta ni horroriza, porque nos acostumbramos al horror. No solo lo vemos en la ficción: lo encontramos en todos lados. Vivimos entre personas así —y no necesariamente asesinos—, también pueden ser vecinos, amigos, hermanos, hijos o parejas.

 

Entonces, ¿quién es el verdadero monstruo?
¿El que mata o quienes miramos fascinados, esperando el momento en que algo nos haga taparnos los ojos o escandalizarnos? Tal vez no lo aprobamos, no lo haríamos… pero no podemos dejar de mirar.

 

Es verdad: el morbo vende. Pero, ¿por qué?

Quizás porque despierta algo que no sabíamos que habitaba en nosotros, algo que, de alguna forma, sigue ahí. Como le pasó a Ed Gein cuando observaba las imágenes del Holocausto o las historietas de la Bruja de Buchenwald.

 

El terror nos obliga a ver la realidad desde otro discurso. Ya no está solo para entretener: también para cuestionarnos como sociedad. Se nota en estrenos recientes como La Sustancia, Compañía Perfecta, 28 Years Later o Longlegs.

 

Y también sirve para hablar de temas que necesitamos abordar, pero que la sobreinformación nos volvió difíciles de procesar: la depresión, las adicciones o incluso la idea que tenemos del amor. Lo vemos en Bring Her Back, Weapons, Together o Fresh. 

 

¿Y por qué a veces nos reímos en el cine y decimos que la película es mala por eso? Porque una película de terror no tiene que ser solo jumpscares o gore: puede tener significados ocultos, humor, delirio o ternura. Porque es humano. Porque convivimos con un montón de emociones.

Y cuando logra eso, nos llevamos algo más que miedo: nos llevamos la historia en la cabeza por días, incluso semanas.

 

El terror está cambiando, es verdad. Pero eso no tiene que ser algo malo.

Quizás estamos en la búsqueda de lo original y lo humano.

Ya admitimos que hay oscuridad en nosotros, y no buscamos reprimirla: solo entenderla.

Porque lo que pasa dentro de nosotros… son los miedos de esta época.

 humor, delirio o ternura. Porque es humano. Porque convivimos con un montón de emociones.

Y cuando logra eso, nos llevamos algo más que miedo: nos llevamos la historia en la cabeza por días, incluso semanas.

El terror está cambiando, es verdad. Pero eso no tiene que ser algo malo.

Quizás estamos en la búsqueda de lo original y lo humano.

Ya admitimos que hay oscuridad en nosotros, y no buscamos reprimirla: solo entenderla.

Porque lo que pasa dentro de nosotros… son los miedos de esta época.

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