SIN SALIDA
Reseñas generalesHabía un joven que caminaba con los hombros pesados… no por el frío ni por el cansancio, sino por algo invisible. Cada paso parecía arrastrar cadenas que nadie más veía. No hablaba mucho, pero si te atrevías a mirar detrás de sus ojos, podías notar que allí dentro algo se estaba rompiendo.
Tenía sueños. Sí, de esos que brillan cuando eres niño y crees que todo es posible. Pero con el tiempo, esos sueños comenzaron a desvanecerse… no desaparecieron, simplemente se escondieron detrás de un muro llamado realidad.
Cada día despertaba con la misma rutina: abrir los ojos, sentir el peso en el pecho, fingir que estaba bien. Mientras otros planeaban su futuro, él solo intentaba sobrevivir al presente. Había nuevas obligaciones que se apilaban como ladrillos encima de su espalda: responsabilidades que no pidió, expectativas que no eligió, promesas que no recordaba haber hecho.
Y lo peor… las voces.
No eran voces reales, no hablaban en su oído, pero murmuraban dentro de su cabeza:
“No lo vas a lograr”…
“No eres suficiente”…
“Ya es tarde”.
Las noches eran aún más crueles que los días. Era en la oscuridad donde todo lo que evitaba sentir durante el día lo alcanzaba. Lo acorralaba. Lo miraba a los ojos. Y él no sabía si quería escapar… o simplemente dejar de correr.
Y mientras todos veían solo a “un chico más con cara seria”, yo lo observaba de cerca. Lo vi cuando dejó de hablar de lo que quería, cuando dejó de soñar, cuando dejó de creer. Lo vi romperse en silencio para que nadie notara que algo dentro de él se estaba apagando.
Al principio pensé que era un desconocido… alguien perdido en el mundo. Pero entonces, una noche, frente al espejo, lo vi claramente:
Esa persona era yo.
Las noches eran aún más crueles que los días. Era en la oscuridad donde todo lo que evitaba sentir durante el día lo alcanzaba. Lo acorralaba. Lo miraba a los ojos. Y él no sabía si quería escapar… o simplemente dejar de correr.
Y mientras todos veían solo a “un chico más con cara seria”, yo lo observaba de cerca. Lo vi cuando dejó de hablar de lo que quería, cuando dejó de soñar, cuando dejó de creer. Lo vi romperse en silencio para que nadie notara que algo dentro de él se estaba apagando.
Al principio pensé que era un desconocido… alguien perdido en el mundo. Pero entonces, una noche, frente al espejo, lo vi claramente:
Esa persona era yo.

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