El riachuelo.

Reseñas generales

Aquel mes de Julio llegué a vacacionar a casa de mis abuelos maternos. Como siempre, sabia ya que una vez estando allí,  no quería devolverme a casa de mis padres. Tenia alrededor de 14 años y con mis dos hermanos, éramos bienvenidos para pasar vacaciones.  Reunidos, éramos 8 primos para hacer travesuras.  Siempre aprovechábamos las tardes después del almuerzo y  jugábamos y , reíamos para aprovechar el tiempo juntos.

Para esas vacaciones, mi primo, había ingresado a una nueva escuela de futbol para chicos porque el nuevo padrastro de su mejor amigo y vecino, Fabio, era director técnico y recién quiso empezar una escuela en el barrio. La escuela estaba invitando a nuevos chicos para crear un equipo de futbol, por lo que con mucha emoción y agrado acepté la invitación.  

El equipo rápidamente se fue conformando, pocos días después ya muchos chicos llegaron y se conformó un equipo grande de alrededor de 25 personas , entre edades de 12 a 17 años. Los entrenamientos fueron fugaces pero aun así Fabio nos inscribió a un campeonato.  El primer partido surgió  fuera de la ciudad, en un pueblo cercano, y para ello, iríamos a acampar a un lote cerca al estadio la noche anterior.  Esta sería mi primer vez acampando por lo que las emociones no pasaron desapercibidas.

El trayecto fue corto y el viaje en el bus fue muy divertido, varios chicos hicieron bromas a otros chicos y hasta al mismo director tuvo la oportunidad de reírse de los distraídos.

Al irse el bus una vez  después de habernos llevado, Fabio nos dijo que estábamos perdidos y ese no era  el sitio donde debíamos acampar. Ya era mas de medio día  por lo que debíamos encontrar un lugar para poder dormir. Todos los lugares cercanos que encontramos tenían el suelo húmedo para nuestra suerte  pero finalmente se encontró uno medio seco cerca a un pequeño riachuelo no tan húmedo y allí se pudo levantar el campamento.

Recuerdo que , Fabio, nos llamó junto con mi primo para ayudar a recolectar leña. En medio del camino, Fabio nos empieza a contar la historia del mohán; un espanto que habita cerca a los cuerpos de agua y que engaña a hombres y mujeres para robarse sus almas. Me di cuenta que  el atardecer se acababa y empezaba a caer la noche. No encontramos mucha madera seca pero la que teníamos prometía por lo menos darnos algo de calor para la noche. El frio penetraba los hueso y ns hacia temblar. Mientras tanto, mi primo parecía en transe ante el relato del director y de repente noté que el ruido de los carros de la carretera,  las voces de mis compañeros de campamento y la narración de Fabio, se habían detenido por completo. 

De repente Fabio nos halo hacia el suelo. Los tres nos acostamos sobre el pasto que permanecía frio. En medio de ese silencio nos dijo en voz baja que algo venia por la carretera, era grande, no teníamos que hacer ningún ruido por lo más sagrado. A la distancia, un ruido ensordecedor se hacia mas cercano y un espectro de luz blanca y  ojos oscuros  irrumpió abruptamente frente a nuestros ojos sin poder vernos. Al no notar nuestra presencia,  pudimos ver a la distancia como se alejaba por la carretera a la velocidad de un rayo.

Volvimos los tres corriendo temblando del miedo para contar lo que había pasado a donde estábamos acampando, al riachuelo.

 

 

 

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