58 Días

Reseñas generales

Fueron 58 días, 58 días de paz, días de calma. Si cuento las cosas como las viví van a sonar a historia de terror, y algunos momentos lo fueron pero más que nada,  fue un lugar de luz donde encontré comprensión de las personas que menos esperaba. Al principio les tenía miedo, no lo puedo negar, en papel sonaban a lo peor; taloneras, asesinos de medio alcance, rateros, oportunistas y malvivientes. Pero eran mis amigos, cuando menos en eso se convirtieron con los días. Es loco, pero si los escuchas y los ves detrás de la etiqueta, éramos todos iguales, seguimos siendo iguales. Unos mejores otros peores pero todos iguales, nos cortaron con la misma tijera y nos quisieron matar al mismo tiempo.

 

Estuve internada en el área de rehabilitación de adicciones en un hospital psiquiátrico. Un lugar que para los juicios habituales, no era para mi. Yo venía de estudiar, bueno estudiar es mucho decir.

Estuve dos años en una universidad privada donde estaba rodeada de privilegios que hasta ese entonces yo veía como cotidianos, tenía una casa, salud, amigos, coche, una relación más o menos llevadera con mi familia y lo mejor de todo, no pagaba ni un centavo y menos estaba en mi agenda trabajar por algo. Vivía en Guadalajara una ciudad que tiene un poco de todo si le buscas y la vida hasta ese momento no había sido fácil pero tampoco había sido realmente mala.

 

La primera noche que dormí ahí fue terrible, sentí mucho miedo pero por alguna razón sabía que estaba donde tenía que estar. Me dieron medicamentos para dormir y otros tantos que no recuerdo ni qué eran, aún recuerdo la angustia de la noche, no quería dormirme porque sentía miedo de no despertar por los medicamentos. Luché por mantenerme despierta pero no lo conseguía, por más que intentaba despertarme y moverme, no podía, era como si mi mente quisiera correr pero tuviera las piernas amarradas a la cama.

 

Cuando desperté, no sentía nada, pero no lo mencione, era como si nunca hubiera pasado, el día fue difícil, me sentía con sueño, adormilada, me sentía una impostora en ese lugar, sentía que lo que me había llevado ahí no era real y que estaba mintiendo, pero otra parte estaba segura de que tenía que estar ahí, aun pienso mucho en eso, ¿Por qué tenía tan seguro que tenía que estar ahí? ¿Por qué fue la única solución que vi real ? no se , no lo entiendo, desde que estuve ahí han salido más dudas que respuestas y con una angustia que pensé era imposible vivir.

 

Las siguientes noches no fueron tan diferentes, deje de luchar para estar despierta porque ni siquiera tenía las energías para hacerlo, lo que más recuerdo eran los gritos de una señora que estaba en el psiquiátrico gritando una y otra vez “sáquenme de aquí”  el dolor en su voz es algo que jamás voy a olvidar, lo gritaba una y otra vez como si nadie la escuchara, y en el fondo nadie lo hacía, conforme fueron pasando los días, sus gritos se volvieron  otro sonido de la noche, yo también deje de escucharla. Me pregunto qué habrá sido de ella, si alguien pudo consolarla como lo necesitaba, y ahora lo entiendo, entiendo ese grito que se volvió silencio, entiendo la desesperación, estar gritando pero nadie te escucha porque todos se cansaron de escuchar. Por las mañanas la veía por la reja que separaba el área de la clínica del psiquiátrico, esa reja que era casi una amenaza, si no mejoras, aquí vas a acabar, era como una ventana a la locura. La veía caminar con su andadera, una señora de unos 70 años o más, con su cabello totalmente blanco y despeinado, con su ropa vieja y  pesar al caminar, caminaba como si estuviera buscando algo, lo más doloroso era ver que no perdía esperanza de que alguien iba a ir por ella, buscaba consuelo, una cara conocida que le dijera que todo iba a estar bien, que era amada y que volvería a dormir en su cama, una cama segura, pero todos la veíamos y sabíamos que eso no iba a pasar,, que iba a morir ahí, sola, medicada y en una cama de cemento rodeada de desconocidos. Probablemente lo hizo, no lo se nunca la volví a ver desde que salí. Ya ni siquiera recuerdo haberla visto después, se volvió parte del paisaje. Fueron muchas las personas de ese lado de la reja que me enseñaron como se ve el sufrimiento, mujeres con marcas de cuerdas en el cuello, cuerdas que habían utilizado para matarse y no lo lograron, marcas de dolor sin respuesta. 

 

Ver a una mujer más o menos de mi edad, puede que un poco más grande, platicando por la reja con un grupo de hombres de la clínica que pasaban algún tiempo de su día intentando convencer a las mujeres del psiquiátrico que se escaparan en la noche con ellos para coger en el baño. Y ahí estaba ella, aún vivía, aún aquí pero con una marca morada en tonos verdes y azules alrededor de su cuello, no era una marca pequeña ni difuminada, se podía ver clara y reciente. Alguien la bajo porque la encontró, seguramente después de unos minutos de estar colgada. Y ahí estaba, platicando con los hombres de la clínica como si fuera domingo por la tarde.  Nada tenía sentido, cómo es posible seguir viviendo después de tanto dolor. Después de algo así. Esos 58 días me cambiaron la vida y aun no me recupero del todo. No se que hacer con todo eso que viví, con todo lo que vi pero que en la vida real no existe. No se escucha, nadie nos ve y a nadie le importa. Es un laberinto de mierda.

porque ¿ahora quien soy?

 

Ingenuamente, cuando accedí a internarme pensé que iba a ser una solución rápida, pensé que saldría lista para enfrentarme a la vida y que nada me iba a detener, que equivocada estaba, desde que salí creo que perdí una parte de mi, gane mucho, pero perdí mi conexión, perdí mis ganas de estar con los demás, salí asustada de quien era y en que podía acabar, salí pensando que tenía que hacer todo perfecto y que no podía haber ni un solo error. Que ya había vivido lo peor y que nada me podía hacer volver ahí. Y pues no fue así,salí medicada,  salí desconectada del mundo real y apegada a mis papas como si fueran la única fuente de vida. Solamente ellos me podían ayudar y salvar. Dejé de ser yo y me convertí en alguien que aun no entiendo.

 

Salí con un miedo inexplicable y una ansiedad incontrolable, salí sintiéndome nada, salí con vergüenza, salí con un conocimiento del dolor que jamás había sentido. Pero el medicamento apaciguaba todo, el medicamento me mantenía anestesiada, el medicamento hacía posible que me levantara en las mañanas y me durmiera por las noches. Salí incapaz de enfrentarme al mundo y con el pretexto perfecto para no hacerlo. A veces quiero volver, volver a quien era antes de rendirme a todo esto, pero tampoco sé quién era antes de esto, solo sé que ella murió ese día que entre, ella y todo lo que era murió ese día. Pero mi tumba sigue oculta debajo de todo lo que paso, abajo del dolor que cause, abajo de las dudas que no se van a resolver nunca. Abajo de la mierda que yo misma cague y que ahora no quiero ver. 

 

 

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