El ritmo: The Bear

Reseñas generales

En general, al hacer un análisis de una película, independientemente del grado de profundidad que se quiera encarar, hablamos de la fotografía, de la dirección, del guión, del sonido, de las actuaciones, y pasamos por alto o no le damos la suficiente importancia a la columna vertebral de cualquier película: el ritmo.

Jacques Aumont, teórico y crítico de cine, habla del ritmo del montaje no solo como la duración de los planos ni la rapidez con la que se suceden, sino como la percepción del espectador sobre el tiempo y el movimiento en la película.

Pero, ¿qué mejor que hablar de ritmo que una película o serie que nos sirva de vehículo para verlo con claridad? Entendiendo que el ritmo no es solo la mera suma cronológica, algo matemático, sino más bien una percepción del espectador, la combinación entre longitud de los planos+encadenamiento+movimiento interno.

Con esta premisa, podemos reconocer que hay series/películas que parecerían “ir más lento” y otras “más rápido”. Es una reducción simple la de catalogarlas de esta manera, pero ciertamente podemos identificar que una película de Lucrecia Martel tiene una cadencia más lenta que una de Tarantino.

En el medio hay miles de variantes, y obviamente, cuando una película es buena, en general logra construir su propio ritmo, por lo que tampoco tendría sentido englobar las películas en categorías lenta/rápida.

The Bear ha generado críticas brillantes, todas ellas conducen en general a que logra recuperar la calidad cinematográfica que muchas veces queda ausente entre tanta producción masiva de series. Sobre todo en la segunda temporada, hay una sensación de que podríamos extraer los capítulos por separado y que cada uno de ellos podría ser un mediometraje propiamente dicho.

Entre los muchos posibles aspectos a destacar viendo The Bear, creo que el gran acierto se trata del ritmo, de la conjunción entre el relato narrativo y la forma en la que el director decide encarar la realización del proyecto. Hay una sensación latente de que no podría estar filmada de otra manera. El guión está precisa e inteligentemente hecho para la dirección y viceversa.

No se me ocurre mejor escenario posible para construir un ritmo agobiante, estresante, que te mantiene en vilo durante todos los capítulos que el interior de una cocina. Así es que la premisa de The Bear nos presenta a Carmen (Carmy), la protagonista, un cocinero reconocido que se hace cargo de la tienda de sándwiches (bastante venida a menos) de su hermano.

Y la historia logra, con un equilibrio admirable, que la línea narrativa oscile entre la vida en la cocina y la transformación de la tienda y por ende de su equipo, con la vida personal de Carmy, a la que vamos accediendo (casi de a cuotas) a medida que avanzan los capítulos y las temporadas.

En general, lo que sucede con las primeras temporadas muy buenas es que uno siente que el ritmo cae a medida que llegan las temporadas nuevas, como si el lanzamiento de nuevos capítulos nunca pudiese estar a la altura de las expectativas que tenemos como espectadores.

Sin embargo, con The Bear hay una sensación de que no siguen lanzando episodios por un simple capricho o una mera continuidad que suele ser propia de los éxitos rotundos, sino que más bien los desarrollos de los personajes y las complejas dinámicas que suceden dentro del espacio de la cocina necesitan de tiempo para evolucionar de forma orgánica.

El ritmo, entonces, aparece nuevamente como un valor destacable. Hay muchos manuales de cine en dónde podríamos encontrar infinidad de teorías acerca del montaje, pero en general, según los directores/as, encontrar ese ritmo es el mayor desafío, como si se tratara de diseñar una fina coreografía entre percepción, sensibilidad y tiempo. 

Comentarios 2

J
Jeroo Casco30 de septiembre de 2025
Excelente análisis Julia. Poco se habla del ritmo de The Bear, que sabe inteligentemente cuando ser frenética y caótica, y también cuando ser cálida y con pausas. Entiende que la vida es una larga sucesión de diferente "ritmos" dependiendo en el lugar y tiempo, la historia que estemos viviendo. Y eso la hace genial, y también por eso se siente tan real.
M
Mari Stocco30 de septiembre de 2025
Coincido con lo de que cada episodio parece un mediometraje. En la segunda temporada, el capítulo de “Forks” (el de Richie) me pareció un cortito perfecto, con un pulso distinto al resto pero igual de absorbente. Es como si supieran cuándo apretar y cuándo soltar el ritmo.

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