An American Tail
Reseñas generales
An American Tail, conocida como Fievel y el nuevo mundo o un cuento americano.

Cada vez que pienso en esta película, me retrotrae a una época maravillosa, de magia, donde aún era todo fantasía, juego, imaginación, ilusión… era el plan en familia de sillón peli y palomitas, el ritual de prepararnos con mamá y papá para ir al video club, ver con qué de rico acompañar la velada y finalmente ganar el mejor lugar del sillón para disfrutar de la peli.
Fievel, un ratoncito que escapa con su familia en barco, de la tiranía de los gatos en Rusia, y parten rumbo a América. (Nuestra película favorita con mi hermano, podíamos verla incansables veces)
En medio de una tormenta Fievel se separa de su familia llegando a Nueva York, emprende una aventura, perdido, y ahora debiendo valerse por sus propios medios, se enfrenta a cosas terribles, desafíos, como también a nuevas y maravillosas aventuras, en el regreso a casa y búsqueda de su familia.
Esta película llena de aventuras, encuentros y desencuentros hace alegoría a la experiencia de los inmigrantes, que llegaron a Estados Unidos, en busca de una vida mejor, enfrentándose a dificultades y explotación, situada en el siglo XX, película que se lanza en 1986 y acompaña a extensas generaciones futuras. La película fue dirigida por Don Bluth y es uno de los primeros largometrajes de animación producidos por Universal Pictures, con el sello de Amblin Entertainment de Steven Spielberg.

Al momento, según el país (por lo menos Argentina) no es tan accesible encontrarla en plataformas, sin embargo, hace parte de mis opciones, ya que al día de hoy y a pesar de las diferencias en cuanto estilo y gustos de las pelis que llaman a los niños hoy en día, me parece una historia muy emotiva y profunda, con sus mensajes influyentes, para compartir con mis sobrinos, como, por ejemplo, el valor de la familia y la fortaleza de uno mismo.


Esta historia nos muestra un paralelismo con la vida misma en nuestro crecimiento como seres, como partimos y despegamos de la familia sumergiéndonos en la vida, el mundo nuevo, las aventuras, alegrías, tristezas, aciertos, errores, dificultades y oportunidades. Cómo valernos por nuestros propios medios en un mundo nuevo, conservando nuestros valores y eligiendo quiénes ser, sin perdernos en el camino, o perdiéndonos y volviéndonos a encontrar. Como se extienden nuestras alas para volar lejos y toca tomar nuestras propios caminos y decisiones a pesar de que mamá pollo quiera aún tenernos debajo de su ala para protegernos del mundo, toca vivir nuestra propia vida. Surgen nuevos vínculos, amistades que comienzan, otras que terminan, otras tantas quedan en el camino invitándonos a regresar cada vez que así lo necesitemos, otras nos cierran la puerta. Amores y desamores, y esa intensa búsqueda de encontrar, descubrir, explorar, ser.

Este ratoncito entra en una búsqueda, pasa por tormentas, lluvias y amaneceres soleados, a su vez su familia desesperada, sin saber de su paradero, como tantas madres a lo lejos que aún se preocupan si su hijo/a no se hace presente, aunque sea en un mensaje de texto, manifestando “estoy bien”, ese grito desesperado de su familia al llamado de “fieveeeel” que se hace eterno desolado y parece que lo único que le devuelve es un eco, del vacío que se siente, la vida misma. Siempre va a haber algún “gato malo” que va a enfrentarte y desafiarte, lo importante es aprender a elegir alejarse. Y elegir el camino más iluminado que te de paz y calma, desafiarte, pero a vos mismo, perdonar y perdonarte para poder seguir adelante sin cargas.
Como a pesar de la distancia la familia está, con sus virtudes y defectos, pero como ese refugio que se siente seguro, al menos conocido, un lazo, la sangre, compartimos células, compartimos, vivencias, historias, vidas, dolores, alegrías. Tal vez el viaje de regreso se trate de regresar a uno, de mirar hacia adentro, de recordar ese mundo de magia del que venimos y donde aún en nuestros primeros años de vida conservamos, esa ilusión, imaginación y ganas de crear. enfrentar nuestras sombras reconocerlas y decirles que no queremos que sean parte de nuestro viaje, despedirlas con amor, dejarlas ir, buscando iluminar cada parte de nuestro ser, y volvernos así más livianos a reencontrarnos con los demás desde nuestra esencia, más sanos, y sanando en consecuencia y casi inconscientemente nuestras raíces❤️




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