El alienígena romano
Reseñas generalesHace miles de años, cuando el Imperio Romano expandía sus fronteras con fuego y hierro, apareció un hombre extraño entre los ejércitos de la legión. Su nombre era Mustafa, aunque nadie sabía de dónde venía. Sus ojos brillaban con un fulgor verde en la penumbra, y su piel parecía reflejar la luz de la luna como el metal bruñido. Decían los soldados que jamás envejecía, que sus heridas sanaban en cuestión de horas, y que conocía lenguas que ningún sabio de Roma podía descifrar.
Mustafa no era un hombre: era un alienígena, un viajero de las estrellas que había llegado a la Tierra tras la caída de su nave en las montañas de Anatolia. Oculto bajo la armadura de un centurión, se infiltró en el ejército romano, comprendiendo que aquel imperio era la llave para dominar a la especie humana.
Con su inteligencia superior enseñó tácticas desconocidas: formaciones en espiral, ataques relámpago, y hasta máquinas de asedio mejoradas con fragmentos de la tecnología que aún conservaba de su mundo. Sus soldados lo seguían sin cuestionar, pues nunca perdían una batalla bajo su mando
La legión que él dirigía fue conocida como la Legión de la Estrella, y los rumores sobre ella se extendieron desde Germania hasta Egipto. Decían que sus estandartes brillaban en la noche, y que los enemigos huían antes de escuchar el choque de espadas.
Pero Mustafa tenía un plan más ambicioso: no solo quería servir a Roma, sino transformarla en el primer imperio galáctico, un trampolín para conquistar otros mundos. Soñaba con que los cónsules y senadores se convirtieran en emperadores del cosmos.
Sin embargo, su secreto fue descubierto por un joven legionario que lo vio comunicarse en las noches con los fragmentos brillantes de su nave. Temiendo el poder de Mustafa, el Senado ordenó su captura. La noche antes de ser apresado, desapareció misteriosamente, dejando solo su armadura y un estandarte que aún ardía con un fuego verdoso que nunca se apagaba
Hasta hoy, algunos creen que Mustafa sigue vivo, viajando de mundo en mundo, esperando el momento de volver y terminar lo que comenzó: la conquista estelar desde Roma.




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