"Moon": encierros

Reseñas generales

En un comienzo que intenta introducirnos directamente en el núcleo central de la historia, pero que a su vez denota cierta rapidez semejable al apuro -breves trazos, cual ráfagas, de la vida que se intentará dejar atrás-, un apuro que asoma innecesario por otra parte, sabremos que Sarah es una luchadora de artes marciales mixtas que está en retirada, que no disfruta sus horas como entrenadora en el club en el que trabaja y que su hermana parece ser muy estricta y exigente con ella y el cuidado de su casa cuando la visita, en lo que quizá su reciente maternidad tenga algo que ver.

Sarah vive en Viena, sus trofeos dan cuenta de una carrera con ciertos éxitos, sin embargo, está en franco declive. Se muestra decidida a no luchar más. Sus horas como entrenadora, enfrentada a la “generación de cristal”, tampoco la completan ni recompensan espiritualmente. Si a esto sumamos que la única referencia familiar que aparentemente posee -a lo que ahora se suma su pequeña sobrina- no parece prestarle demasiada atención, entenderemos que Sarah se sienta algo deprimida. Por lo tanto, también entenderemos que, ante una oportunidad laboral en Jordania, con excelente paga a su vez, Sarah se vea entusiasmada y hasta compelida por las circunstancias a consentirla, colaborando en todo lo necesario para su pronta contratación.

 

Se trata de una familia multimillonaria de aquel reino del denominado Cercano Oriente, cuyo hermano mayor la convoca para entrenar a sus tres hermanas dentro de su propio domicilio. Por lo tanto, Sarah (una muy convincente Florentina Holzinger, coreógrafa y artista performática fuera de la pantalla grande) se mudará por un tiempo a Jordania. Como es habitual cuando los viajes son utilizados como recurso narrativo, ya sea en la literatura como en el cine, luego de estos ya nada vuelve a ser igual.

 

La espera un hotel lujoso, una habitación con vista panorámica de la ciudad, todos los servicios incluidos, un chofer que la traslada hasta y desde la mansión en las afueras de Amán, la capital -el trayecto presenta una distancia considerable-, porteros, personal de seguridad... Dentro de la casa no se permiten fotos ni acceso a redes sociales, la casa ni siquiera cuenta con wifi (desde su mirada occidental europea hiperconectada, Sarah se pregunta: “¿Cómo sobreviven?”, pregunta que deja caer en voz alta frente a las jóvenes con las que se comienza a vincular). Sarah debe firmar un acuerdo de confidencialidad. Pronto descubriremos que el segundo piso, el de las habitaciones, también le estará vedado. Cierto misterio comenzará a instalarse y algo, que no sabremos bien cómo definir, comenzará a resultar inquietante.

Las tres jóvenes, tres adolescentes, viven aisladas, sin acceso a internet, bajo vigilancia constante. Su educación también se da en casa. Si salen -básicamente, a algún centro comercial-, lo hacen acompañadas de choferes y guardias. Su actitud frente al entrenamiento no es la más favorable, menos aún entusiasta. Sarah parece no entender qué está haciendo allí, para qué fue contratada, pero luego de un atisbo lógico de molestia inicial, comenzará a acompañarlas. Dentro de su horario, compartirá otras actividades a solicitud de las hermanas. Su desconexión del mundo exterior será tanto aparente como real, experimentando tanto restricciones físicas como sociales.

 

A medida que el relato nos va ganando, aumentan nuestras dudas tanto como las de Sarah. El ambiente de opresión comienza a sentirse aquí o allá; a veces, y solo a veces, se manifiesta a través de acciones concretas, directas, visibles; en otras oportunidades, lo percibimos en la estructura social y patriarcal a la que están sometidas, aun cuando -como sabemos- sea intangible. La intriga comienza a colarse en nuestra mente y los secretos parecen a punto de gritarse. Existe una amenaza latente, pero sabemos poco de ella. Se intuye, está sugerida, puede que no sea más que una elaborada manipulación de nuestra psique, cual juego perverso. Una cuarta “hermana” queda en evidencia y necesita ayuda. De todos modos, el desconcierto llegará a ser tal que podremos permitirnos dudar incluso hasta del parentesco de esas mujeres y de las intenciones de esos varones.

 

Kurdwin Ayub, la joven directora nacida en Irak (1990) y nacionalizada austríaca, de ascendencia kurda y padres refugiados (su debut en la ficción, Sonne, recibió el premio a Mejor Ópera Prima en el Festival de Berlín de 2022), nos sumerge lentamente en ese universo claustrofóbico en el que a medida que la historia avanza, también lo hace la tensión a la que somos sometidos. La enorme casa, los amplios espacios que la componen, se encuentran tan controlados, tan vigilados, tan cerrados y cercados que comienzan a asemejarse a la jaula con la que se abre el filme, en la que Sarah combate. Aquí, la lucha parece ser otra, una menos artificial. En determinado momento, nos damos cuenta que aquí no hay afuera, que no vemos el exterior, que todo es interior -como las dudas, como la propia represión que se internaliza-, que todo sucede dentro; que Sarah va de su habitación de hotel al auto y de este al palacete y viceversa, que las jóvenes van del gimnasio de su casa -que nunca es hogar- a la cocina, de ahí a la sala de ver televisión y de allí a sus cuartos; a lo sumo, concurren a un centro comercial. Asimismo, todos sabemos que el hiyab, el niqab, el charshaf, el chador o la burka son también otras formas del encierro. Los encuadres y planos cerrados que utilizará Ayub nos continuarán sometiendo al enclaustramiento.

Aquí no hay afuera. Ni siquiera el dinero otorga esa libertad. El afuera es una mirada a través de un vidrio. Los muros son los reales y los simbólicos, y el sol y la luna asoman únicamente detrás de las montañas. Y todo el territorio es un territorio escarpado y complejo. De algún modo, la encrucijada en la que se verá envuelta Sarah también será un modo del encierro. Una de las niñas le pedirá prestado su teléfono, y ese uso se transformará en un pedido de auxilio.

 

Y Ayub utilizará nuestros prejuicios y tantos estereotipos construidos a lo largo del tiempo y del cine para instalarnos la idea de que esa mujer blanca, europea, libre, cargada de “civilización” “de la buena”, que además conoce de artes marciales y de autodefensa, que probablemente no se vea amedrentada por los hombres como pueden verse las jóvenes en cuestión, las mujeres jordanas, las mujeres musulmanas en general -por extensión-, pueda fungir de libertadora, de salvadora, de heroína rescatadora.

 

Sin embargo, y afortunadamente, su mirada no será una mirada reduccionista, de facilismos y lugares comunes, tampoco será una mirada complaciente. Su mirada complejizará la situación, toda la situación, no únicamente la de Fátima, Nour y Shaima; también complejizará la situación de Sarah, su estado de ánimo, sus disyuntivas. Nos interpelará. Su consumo de alcohol irá en aumento. Su grito será un grito sordo, menos liberador que desesperado, un grito que también parecerá sofocado. Quizá sin saberlo, Sarah se halle tan encerrada como las niñas jordanas.

 

Pero Sarah no solo cuestionará el entorno al que ha llegado, logrará cuestionar el suyo de algún modo, al menos como correlato de aquel, y cuestionará su propio rol y su propia libertad en todo ese entramado particular, ominoso, frustrante y desafiante a la vez. El final será un final abierto que nos demandará continuar el debate en nuestras propias cabezas y en nuestros propios corazones. No habrá respuestas fáciles ni tranquilizadoras.

* * * * *

 

Ficha técnica

 

Título original: Mond

Austria, 2024, 92 min.

 

Dirección: Kurdwin Ayub

Producción: Clemens Köstlin, Ulrich Seidl

Guion: Kurdwin Ayub

Fotografía: Klemens Hufnagl

Música: Anthea Schranz

Edición: Roland Stöttinger

 

Elenco: Florentina Holzinger (Sarah), Celina Sarhan (Fátima), Andria Tayeh (Nour), Nagham Abu Baker (Shaima), Omar AlMajali (Abdul)

Comentarios 2

M
Mari Stocco20 de septiembre de 2025
Me impresionó lo de las adolescentes sin internet, sin salidas libres… al principio pensé que exageraban, pero después recordé que no es tan ajeno a ciertas realidades. La incomodidad de Sarah se me hizo muy cercana, como si nosotras mismas
J
Jeroo Casco19 de septiembre de 2025
La pregunta más importante Andrés, y disculpame por la sinceridad (soy así): ¿Te gustó realmente la película? No pude ver reflejado en tu texto, quitando la impecable estructura de lo narrado, si te sentiste reflejado de cierta forma por la historia, si te conmovió, te inquietó. Nuevamente, disculpame por la honestidad, pero es lo primero que pensé después de leerte.

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