¿Un poeta?
Reseñas generalesAcudí a la sala de cine con la memoria llena de frases tremendamente halagadoras sobre el film: “es una belleza, vayan a verla”, “eso es ser poeta” y cosas por el estilo; pero no, no encontré aquello que la mayoría vio y, en su idea “romantizada” (que no romántica como se ha estado usando mal el término) ha estado expresando sobre este film. Lo que encontré fue una película tremendamente crítica (con visos de humor) del medio de la poesía en Colombia. Me explico: empezando por el protagonista, Óscar, un ser apocado, acomplejado, con ausencia de valentía para afrontar la vida del adulto, un “niño grande” como termina evaluándolo la narrativa del film; de ahí que “ser poeta” se confunda con una ingenuidad rayana en lo pusilánime. Óscar es un ser lleno de inseguridades, caprichoso, rodeado de mujeres que le acolitan el mal vivir y lo miman hasta quitarle toda capacidad de agencia; apegado a una idea de la poesía mandada a recoger, según la cual, el poeta sufre más que el resto y por ende, es un ser especial con el privilegio de pasar por la vida sin asumir responsabilidades. Idea nefasta que ha dado, eso sí, una serie de personajes “oscarianos” que se la pasan esperando el reconocimiento que nunca obtuvieron de su propio padre; inmersos en una vida que se evapora en el alcohol, el desempleo y las falsas ilusiones, malentendiendo la rebeldía del poeta. Lleno de clichés el “poeta” tiene en su cuarto el retrato de Silva (quien ya ha perdido su sustancia de tanto que lo han succionado), del cual afirma que es el único poeta bueno en Colombia, frase que expresa, entre líneas, el resentimiento que desconoce la rica tradición poética colombiana (si al menos se hubiera tomado el Silva de Gotas Amargas, creo que el film sería menos patético).
Otra crítica, fuertísima, es a los festivales de poesía (pese a que resulta evidente a qué festival se refiere, no voy a señalar esto directamente para evitar polémicas innecesarias); así, la figura del director del Festival es altamente lamentable y sí, refleja algunas realidades que se dan en el medio: como aquella del uso de las debutantes en la poesía como objetos sexuales (evidente cuando el personaje afirma: “teticas, culito”), o el uso de la cocaína como una marca de “distinción” (así esos mismos poetas escriban contra el conflicto armado), o la imagen de personajes como Marx que, per se, justifican poner a la poesía del lado de la izquierda, así en la práctica se evidencie un utilitarismo de las clases populares, palpable en el film al proponerle a Yurlady (la nueva promesa) que escriba sobre su condición de pobre y mulata; todo ello, coadyuvado por agregados culturales de países “desarrollados” para quienes esto debe ser un espectáculo tragicómico. Ahora, resulta sintomática la burla que se hace de los discursos contemporáneos como el feminismo o el indigenismo, acertada burla cuando el guionista pone a discutir a estas voces, en un alto grado de alcoholemia, sobre quién sufre más, o cuando pone en evidencia cómo la poesía de muchos jóvenes, actualmente, se rige por la corrección política y, por ende, ha perdido todo viso de libertad.
Y hablando de estereotipos culturales, se mencionan, además de Silva, a Bukowsky y Pizarnik. Esta última para sustentar el talento poético de Yurlady, quien es presentada como una gran poeta sin haber si quiera terminado el bachillerato — aclaro, los jóvenes talentos existen por doquier, pero, antes de buscar el reconocimiento deben formarse en el oficio con pasión intrínseca, no como el personaje de la joven a quien, en realidad, no le interesa para nada la poesía. Por todo ello, considero que este film pareciera una especie de venganza de su director contra el medio de la poesía, más aún cuando termina con el broche rosa “corazón de poeta”, en lugar de, por ejemplo, un poema de tan hermosos que hay.
Por último, debo decir que esta no es una defensa de la poesía, puesto que ella no la necesita; aquí el señalamiento es hacia una idea del poeta, que, como ya mencioné, está mandada a recoger; intuición que me la confirmó uno de los asistentes a la sala de cine, quien al salir dijo en voz alta: — ah no, pensé que iban a mandar al poeta a la cárcel.
Y sí, vayan a verla, pero por favor, usen su sentido crítico.



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