Los sesgos Materialistas también afectan tu forma de amar

Aspectos socioculturales

Es curioso que esta película comience con la escena de un cavernícola cortejando a su novia como si fuesen dos personas del siglo XXI. Por esta razón he oído que el prólogo les pareció absurdo a unos cuantos. Y es entendible. Pero yo creo que tiene todo el sentido del mundo.

Celine Song, que también nos trajo Vidas Pasadas, todavía tiene mucho que decir sobre el amor moderno. Así que en esta extraña mezcolanza de drama con sátira y comedia romántica vuelve a dejárnoslo claro desde el primer minuto.

Si el amor triunfa, así los involucrados tengan poco o mucho, ¿por qué depende de tantos recursos hoy? ¿Acaso es imposible que dos personas se enamoren sin tanto rollo? Song empieza su disertación con estas preguntas.

Hace unos días leí en algún lado de la red un cortísimo artículo titulado: «El amor no es complicado. Nosotros lo hacemos complicado». En él se reflexionaba sobre las relaciones y lo que esperamos de ellas. El autor nos aconsejaba no presionar el amor y más bien liberarlo.

Entonces me vino a la mente que no solo está el hecho de no darle espacio a nuestra pareja, y cosas como las que decía aquella reflexión, sino que, como sociedad, también le añadimos el factor material.

En lugar de enfocarnos en las personas consideramos si tienen dinero, si cumplen cierto rango de edad, si son bien parecidas, si poseen estatus, si comparten nuestras ideologías políticas o gustos, si tienen buen historial, si cuentan con buenas ambiciones o si son estables en lo económico.

¿Cuántas veces habré oído entre hombres, por ejemplo, que no desean darle más importancia a esa chica que les gusta porque no ganan lo suficiente o porque todavía no viven en su propia casa? Yo me he sentido estúpido aconsejándoles que no le den importancia; la chica correcta te querrá por quien eres, no por tus pertenencias.

Pero sé que al darles tan idílico consejo también ignoro el elefante en la habitación. Esta dinámica, impuesta por convenciones sociales, no hace más que empañar nuestra relación como seres humanos. Y esto es lo que Celine Song pretende dejarnos más que claro.

Lucy Mason, la protagonista de esta historia, encarna muy bien a la persona promedio que no solo cree en la superficialidad que rodea al mundo de las relaciones, sino que lucra con él, vive de él y lo alimenta.

En su trabajo vemos que predica la filosofía de su compañía con sus allegadas y la practica. Cree genuinamente en sus palabras, y esto le funciona para desempeñarse en lo personal y en lo laboral. Tiene tacto para con los clientes y les convence de que necesitan sus servicios.

Lucy festejando que una de sus clientas se casa.

En su forma de pensar también clasifica a la gente con etiquetas. Las más cotizadas, desde luego, son las que tienen más estatus: sueldo, cargo, influencia, etcétera. Mientras que los clientes menos favorecidos en su base de datos están abajo en la jerarquía, como es de esperarse.

Yo tengo un concepto propio al que denomino: «hipercapitalismo». «Todo se puede vender», reza su premisa. Bienes, personas, experiencias, la muerte, la vida, el amor, el odio. Todo lo que te venga a la mente, sea abstracto o concreto, puede estar en venta. Para el hipercapitalista no existe la ética, pues su único objetivo es el de cubrir nichos cuanto sea posible. Es una conquista por territorios vírgenes, por así decirlo.Lucy encarna bien al hipercapitalista. Donde ella ve personas solteras, solas y con bajo autoestima, ve un potencial nicho de mercado. Lucy jamás se interesa por los sentimientos de quienes buscan el ‘amor real’, porque su dolor o miseria es lo que le reporta ganancias.

Esto lo vemos bien cuando debe motivar a una novia que, de última hora, ha decidido que no desea casarse. «¿Por qué?», le pregunta Lucy, «porque mi hermana tiene celos de mi prometido. Porque si me caso con él me sentiré como si hubiera ganado». Lucy se da cuenta de que ella siente culpa y la anima para que, en vez de que se case por amor, se case por el valor que le provee él.

«Valor». Y atención que esta palabra se repite mucho a lo largo de la película. La razón es simple. Es lo que Lucy vende, como tal. Aunque le diga a los demás que vende amor de pareja, su activo en realidad es el valor.

Cuando entra en escena el apuesto Harry Castillo, Lucy se deja seducir por él. Está guapo, es moreno, rico y sofisticado, y encarna una de las etiquetas que maneja en su empresa: el «unicornio».

Lucy está en una faceta en la que se rodea de lujos y experimenta una nueva relación desde los sesgos de su filosofía empresarial. Incluso colma de elogios a Harry de acuerdo con su forma de pensar: «Tienes todo: dinero, clase, soltería…». Lo clasifica como lo mejor de lo mejor y se atreve a preguntarle por qué se interesa en ella si bien puede aspirar a cualquier cliente de su base de datos.

Pero, al mismo tiempo, Lucy se reencuentra con un amor del pasado, John. Este hombre es un contraste en su filosofía; él representa lo auténtico. John no finge, ni es una aspiración ni el más cotizado en ninguna lista. John es real.

Lucy, como buena creyente de sus principios plásticos, elige al unicornio y lo prueba para saber cómo se siente estar con el mejor partido. Sin embargo, la falta de química, comprensión, complicidad, y el hecho de que salgan a la luz algunos secretos, pondrá en jaque la imagen idealizada que tenía Lucy de él.

Algo que ocurre también a la par y se gesta desde el inicio es la llegada de una clienta que busca el amor ideal llamada Sophie. Primero Lucy debe notificarle que el hombre con el que estuvo ya no busca nada; que lo que pasaron y lo que para ella fue fenomenal, para el otro no fue más que otra noche. De modo que le concreta otra cita.

Sophie, la clienta más importante que ha tenido Lucy.

Mientras Lucy trabaja en el caso de Sophie y se abre de nuevo a citas y sexo, sus principios se tambalean. Y es que aquí confirmé mis sospechas de que toda esa ideología materialista en la que creía ciegamente no era más que un mecanismo de defensa.

Salta un flashback donde Lucy y John discuten por dinero. Se supone que es su aniversario de novios, e incluso ella dice que «no quiere pelear en una fecha tan importante como lo hacían sus padres». Este diálogo me hizo pensar bastante en por qué Lucy piensa como piensa.

Lucy discute con John a media avenida, en un flashback.

Resulta que Lucy prefiere repetirse ideas como «hago matemáticas» o «soy materialista y fría» con el propósito de protegerse de la decepción como la que supuso la caída de su hogar de cuando era pequeña.

En otra escena lo dice bien claro: «Nací pobre, crecí pobre…». Eso da todo el sentido. Hoy la estabilidad económica es un recurso importante para que una relación funcione. Es cierto. Pero Song nos recuerda también que este factor no debería llevarte al fracaso, y mucho menos obsesionarte para que “hagas cuentas”.

Lucy, pues, pretende ignorar su pasado con John en tanto sigue con Harry Castillo, el unicornio. Y la situación con la clienta Sophie da una sorpresa desagradable. Después de un giro brusco de los eventos nos enteramos de la realidad. Mark, quien parecía el ‘match’ perfecto para Sophie, resulta ser todo lo contrario: un abusador.

Hasta aquí puedo decir que me encanta el desarrollo de Lucy Mason. Empaticé mucho con ella. Comprendí por qué se aferraba a sus ideales, lo que vio en Harry y su espina clavada con John. Festejé cuando aparentemente conectaba a dos personas. Y, por supuesto, después me caló hondo su culpabilidad.

Por fin la hipercapitalista se da cuenta de que su falta de ética hace daño; que las personas no pueden venderse como automóviles y que hay cosas que no pueden llevar etiqueta de precio. Sophie se lo echa en cara: «¡Soy una persona, no tu producto!».

Si bien Lucy no sabía que el tal Mark fuese un violador, admite que parte de la responsabilidad recae en ella por representar al negocio. Esto también me hizo admirarla, pues donde una asquerosa compañía dice: «No nos hacemos responsables de bla, bla, bla», Lucy afronta la situación como su error y pretende resolverlo por fuera. Muestra humanidad.

Sophie rechaza la ayuda de Lucy.

La experiencia le sirve ahora para enfrentar varios hechos. Primero: que no ama a Harry —quien la quería llevar a Islandia y pretendía pedirle matrimonio— y que él tampoco lo hace. Segundo: que John es su compañía de confianza, ya que este dulce y precioso hombre está dispuesto a escucharla y brindarle consuelo. Y tercero: que el hipercapitalismo apesta si tienes sentimientos.

Algo que admiro de Celine Song es cómo concibió todo su proyecto. Leí críticas negativas que señalaban el uso de clichés y arquetipos, y que estos restaban mérito a la trama. Yo lo dije y lo vuelvo a decir: Song es una directora muy inteligente, y era obvio que usaba clichés. Lo hizo a propósito porque es parte del discurso.

Antes de juzgar mal una película me gusta ver también la perspectiva del autor —o en este caso autora—. Y puedo intuir que Song intentaba contar una fábula con lo típico: Nueva York, actores guapos, sofisticación y lujo, triángulo amoroso, y arquetipos reconocibles como el pobre, el rico y la protagonista que debe decidir con quién quedarse. Para mí es acertado el combo, porque siembra una suerte de trampa para el público objetivo de las comedias románticas, que no suele reparar en la realidad que supone la diferencia de clases en la ficción. A menudo este problema se afronta fácil, y presiento que Song quería deconstruir esta narrativa con un caballo de Troya.

Algunas espectadoras se preguntaron por qué Materialistas se había vendido como comedia romántica, si no lo era. Y otros menospreciaron la cinta, considerándola muy inferior a Vidas Pasadas; que hasta Celine Song había perdido la razón, dijeron. Comprendo el descontento, porque también llegué a sentir que la película era muy rara hacia la mitad. Pero yo me atrevo a pensar que todo era su frío plan.

En fin, algo que adoré de esta película es cómo no se margina a ningún personaje. Pues ahora también vemos al unicornio sin filtros. Una noche Harry se ve obligado a confesarle a Lucy que se hizo cirugías en las piernas con el propósito de ser más alto (este recurso se menciona antes). Harry incluso se dobla de rodillas para mostrarle a Lucy la estatura que tenía antes. Y aunque le pregunta si todavía es digno de su etiqueta, ella, ya más aterrizada, le dice que es perfecto.

Harry mostrándole su antigua estatura a Lucy.

Ahora encuentro a Lucy más cercana, como más familiar. Y fíjense bien en esta escena, que es clave. Ella y John —que han vuelto a verse pese a sus diferencias— se cuelan en una boda que gestiona la empresa para la que él trabaja.

Allí Lucy observa de lejos a los recién casados y reflexiona: «Algún día ustedes se dejarán de querer. Se cansarán el uno del otro y dejarán de tener sexo. Con suerte tendrán dos hijos…». Con tan crudo vaticinio infiero que Lucy todavía teme a repetir el pasado, ahora que ha regresado con John sin un plan de por medio. Aún se aferra a su narrativa cínica del amor porque tiene miedo de entregarse y que los factores con los que “hace matemáticas” le arrebaten otra vez la ilusión.

Los novios que Lucy analiza a futuro.

John, por su lado, saca su dignidad y se muestra como alguien que vive el momento, mientras que Lucy se resiste. Pero viene mi escena favorita.

Resulta que el acosador de Sophie regresa y toca a su puerta. Por algún motivo la mujer no consigue reportarlo, así que recurre a Lucy como última opción. ¡Y John la acompaña para defenderla! El chico espera en la escalinata de entrada mientras que Lucy resuelve su conflicto diciéndole a Sophie que alguien sí la va a amar, y se lo dice con sinceridad, no con sus palabras prefabricadas. Amé esta escena porque Lucy ya es auténtica y no juzga a su clienta, sino que la comprende y apoya.

Lucy da sororidad a Sophie

Ya solo me queda pensar que toda la película es el viaje de una persona que pregonaba ideas que la surtían tanto de estatus como de protección, con tal de aislarse de sus propios sentimientos. La enseñanza que nos deja Song es que el amor es una apuesta en la que debes dejar caer todos tus muros, ser auténtico, humano. El amor tampoco entiende de riqueza o pobreza. Le da igual todo eso. Si se da se da.

El hipercapitalismo deshumaniza. Por ejemplo, Tinder exhibe a personas como si estuviesen en un aparador, en espera de que las elijan igual que a envases de leche. Los programas televisivos de citas tratan a sus participantes como toros de rodeo y monetizan sus interacciones como puro espectáculo.

El materialismo afecta tu forma de amar y las convenciones sociales crean mentiras. Y luego si decides cuestionarlas quedas como un romántico empedernido en lugar de ser visto como alguien harto de que nos digan qué hacer o qué pensar.Digo, si al final dos cavernícolas se enamoran sin nada, ¿por qué no también dos seres humanos de la época moderna? ¿Qué los hace perfectos el uno para el otro? ¿Ideas políticas similares, misma educación? ¿O es algo más?

Comentarios 7

L
La Bruja del Cineland3 de septiembre de 2025
Gracias a tu artículo he podido aclarar una cuestión que me había estado preocupando: ¿qué significa realmente el materialismo? De hecho, el vínculo entre el amor puro y el matrimonio es también un producto cultural de la era moderna. Antes de esto, el amor y el matrimonio a menudo no eran lo mismo, ni siquiera pertenecían a la misma dimensión. Pero para las personas modernas, idealizamos que son una misma cosa. E intentamos mezclar el amor con otros aspectos de la vida. Cuando ponemos la búsqueda del amor junto con la búsqueda de la riqueza, es probable que ambas búsquedas fracasen. Supongo que esta es la razón por la que Lucy eligió a John: a veces parece que lo material y el amor pueden fusionarse, pero desafortunadamente, en su vida, no fue posible. Entiendo profundamente a Lucy. Especialmente cuando yo misma soy capaz de ganar suficiente dinero para mantenerme, la necesidad de encontrar un supuesto "unicornio" adinerado ya no es tan importante.
C
Camilo muñoz jaramillo2 de septiembre de 2025
Muy buen artículo , me gustó la forma en que conectas lo material con lo afectivo.</br>Me hubiera encantado iluminarlo para que más gente lo lea, pero aún no tengo suficientes puntos . Igual dejo mi comentario porque realmente vale la pena reflexionar sobre esto. te lo debo ...
M
Mr. E-Nygma31 de agosto de 2025
La he visto por retazos, sencillamente Dakota Johnson perdió puntos con este papel, pienso que el Director de Casting se equivocó.
B
Becca Napoli30 de agosto de 2025
Yo soy megafan del amor y del buen amor, aquellos viejos intensos y llenos de pasión, por lo cual, esa unión genuina entre dos almas, es lo mas importante para mí; al igual que el apoyo incondicional. La fidelidad y lealtad es super importante al igual que la honestidad y transparencia. Así que, sí, ame tu artículo
M
Maroi Sander30 de agosto de 2025
Me sorprendió de verdad honestamente se lo digo concuerdo con cada una de sus palabras utilizadas. Me recordaste la escena final del graduado de ajá triunfó el amor; pero y ahora, que viene. De los mejores artículos que he leído.
F
Franchesca A. Herrera Piña30 de agosto de 2025
Yo defiendo la idea de la protagonista de ser un poco Materialista porque como bien se dice amor con hambre no dura pero el hecho de que uno pueda conectar con una persona y que esa persona te entienda y te ame con todas tus cosas buenas como tus cosas malas tiene creo que mucho más valor que cualquier otra cosa material Aunque en la realidad que vivimos hay muchas mujeres que prefieren un amor Materialista a un amor genuino. A mí me encantó la película y me encantó tu artículo.
A
Alma Raquel Alonso Lucena30 de agosto de 2025
Bueno, quiero felicitarte. Hiciste el mejor artículo que he leído sobre la película. Entendiste perfecto el mensaje de Song (y su plan), y además desmenuzaste las entrañas del mismo.</br>Disfruté como no imaginas, tu forma de jugar con mi mente (y lo digo en buen sentido), es decir, es inevitable en ti, que no trates de buscar un rastro de 'empatía' y/o 'humanidad' a los personajes, como el caso de Lucy; una mujer que se va deconstruyendo, gracias al choque de realidad de sus propios actos, lo que la lleva a bajar la guardia, y si, fue por sororidad y por amor, dos emociones y conceptos más valiosos que el lujoso departamento de 12 millones de dólares del galán Harry. </br>La escena inicial, a mí me pareció, que era una ejemplificación de las transacciones en las relaciones humanas, si observamos de nuevo, dos personas 'cero' civilizadas, intercambian utensilios y a su vez, valores entendidos de que, la mujer será la ama de la caverna y el hombre el cazador que va a proveerla. Dicho esto, en todos los niveles, poseemos cierto nivel de superficialidad y NO está mal, porque es una verdad: no podemos vivir de besos, sin embargo, Song nos está aclarando que, crecer financieramente hoy es más sencillo que antes, cuando es en conjunto, y por supuesto, que la vida sabe mejor si estás a lado de alguien que te motive a disfrutar los bienes materiales, porque estos nos regalan 'momentos' invaluables. </br>En conclusión, el amor y el dinero no deben pelearse, pero si debemos modificar el enfoque.</br></br>Nota: Espero pronto leer una historia de amor tuya, siento que Song, nos está invitando a arriesgarnos, entregarnos, pero a consciencia.</br>Besos 😘

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