Homo Argentum (2025): 16 formas de no reír

Reseñas generales

En Argentina se debate acaloradamente cualquier cosa. Tal vez haya sido siempre así y lo único que cambió es que uno se puso más viejo y les presta atención a esos asuntos. Lo dudo, porque sinceramente no recuerdo este nivel de discusión y agresión y virulencia en torno a algo, aunque debo ser honesto y reconocer que cada vez es más habitual presenciar este tipo de altercados, estos niveles de polarización discursiva en los que llegar a algún tipo de acuerdo parecería ser una traición. Homo Argentum (Idem) es el nuevo botín de guerra de los que están de un lado y del otro, un objeto que está ahí y al que sólo le alcanza con un par de gestos para encender la mecha. Que la discusión sea algo banal, lo demuestra el hecho de que ya existía desde antes que se estrenara la película. Es decir, el último film de los provocadores Mariano Cohn y Gastón Duprat instaló ya desde su título un debate, que es el de una supuesta búsqueda de algo así como un gen de la argentinidad (y si algo nos gusta a los argentinos es pensarnos como un fenómeno de la naturaleza, merecedores de análisis sociológicos en el mundo entero). De ahí que Homo Argentum se promocione como algo que no lo es tanto, pero que sin embargo eso le alcance para construir el ruido necesario como para convertirse en un éxito. Cohn y Duprat -inteligentes- la vieron: es el film argentino más exitoso desde El robo del siglo (Idem), no casualmente también con Guillermo Francella, que se estrenó allá por 2020, antes de la pandemia.

Esa idea tan tentadora de la argentinidad es uno de los principales motivos de interés de la película y es indudable que atrapa, sobre todo en una cultura del personalismo tan fuerte como la argentina. E incluso la posibilidad de ver a Francella, el comediante más taquillero del cine nacional, haciendo dieciséis reinterpretaciones del ser nacional es otro motivo suficiente como para que el público se acerque en masa a las salas. El tráiler, de hecho, hacía una explotación de todo eso: un personaje cortando un trozo de carne en un punto jugoso; otro relatando un partido de fútbol; otro representante de ese sector de clase media adorador de la justicia por mano propia; un presidente que pide a gritos que lo saquen de una cadena nacional. Y en todos los recortes, obviamente, Francella. Dieciséis francellas. Francella apelando a su gestualidad tan extendida, tan popular, tan del chiste masivo con un mínimo movimiento de ojos. Dieciséis francellas y, además, Cohn y Duprat, en letras grandes sobreimpresas en un fondo de una platea que brinda una ovación, en una demostración de esa cruza entre la autoconsciencia y arrogancia que saben manejar los directores. Homo Argentum supo cómo promocionarse.

Cohn y Duprat son una dupla creativa que tiene origen en la televisión argentina. Por ejemplo, en el canal de música MuchMusic generaban diversos segmentos que se corrían de la lógica de una propaladora de videoclips de onda. Desde siempre supieron llamar la atención, y aquellos micro-programas ya mostraban un tono humorístico bastante cáustico, que no tenía miedo en meterse con el ridículo de los demás y exhibirlo. Eran ingeniosos, a veces cancheros, otras veces inteligentes, pero siempre con un plus desde la imagen o el concepto que sin dudas llamaba la atención en una era donde no pensábamos que iban a existir las redes sociales, y ese estilo entre publicitario y narrativo se iba a imponer como forma masiva de entretenimiento audiovisual. Es verdad que en ese soporte produjeron algunas cosas muy buenas y divertidas, y otras que generaban un poco de vergüenza ajena, pero tuvieron el suficiente talento desde una cierta independencia para llamar la atención, para dejar en claro su firma de autor. Ya eran Cohn y Duprat, como una sola persona: Cohnyduprat. De ahí, que el salto a otros formatos no se hiciera esperar demasiado y el cine estaba a la vuelta de la esquina.

Si bien tenían antecedentes en cortometrajes, hicieron un salto de la televisión por cable a la televisión abierta y debutaron en cine con el documental Yo presidente (Idem), demasiado deudor de los formatos televisivos que ya habían explorado, con una mirada cáustica sobre la política (en un tiempo donde estaba todavía caliente la crisis del 2001 y los cinco presidentes en pocos días), no fue hasta la dupla El artista (Idem) y El hombre de al lado (Idem) que comenzaron a llamar la atención. No deja de ser interesante que, en retrospectiva, con aquellas películas Cohn y Duprat eran celebrados por un segmento del pensamiento argentino que hoy los desprecia y vomita cosas en las redes sobre Homo Argentum. Quiebre que claramente se generó a partir de una película impensadamente exitosa como El ciudadano ilustre (Idem). Con un establishment audiovisual argentino cercano a cierta noción histórica del peronismo, sin dudas que aquella película cayó como una bomba y molestó muchísimo, porque tomaba precisamente como objeto de burla a ese sentir nacional con paternalismo por una construcción determinada de lo popular. La película era efectiva, aunque bastante insostenible discursivamente hacia su último acto, pero fue la base desde donde Cohn y Duprat comenzaron a pensar sus producciones y a ellos mismos: una suerte de paladines de cierta moral biempensante corrida del peronismo tradicional; un antiwokismo que, por oposición, termina teniendo el mismo comportamiento patotero del wokismo. Películas como Mi obra maestra (Idem), Competencia Oficial (Idem) o series como El encargado (Idem) y Bellas Artes (Idem), aunque diversas en cuanto a historias y tonos, están sostenidas sobre una misma operación discursiva, que en ocasiones desprecia las lógicas narrativas siempre y cuando se sometan a los designios de ideas sobre el mundo verbalizadas y subrayadas hasta el hartazgo, que en ocasiones no son más que lugares comunes o estereotipos muy convenientes.

Francella ya había trabajado con Cohn y Duprat en Mi obra maestra y en la serie El encargado. Francella es, desde hace décadas, uno de los comediantes más populares de la televisión y el cine argentinos. No sólo por su impronta heredada de cierta tradición de la comedia italiana, sino por su propia corporalidad que se impone en el territorio del costumbrismo tan caro al gusto del espectador argentino. Ese talento fue explotado fundamentalmente en televisión con diversas tiras y ficciones que apelaban al humor picaresco o al familiar, y en cine con su participación en una serie de comedias populares bajo el título de La brigada… o Los bañeros…, reversiones berretas del humor de Locademia de policía (Police Academy) -que ya era bastante berreta de por sí- o la comedia visual del trío ZAZ. De hecho, la reversión de una sitcom muy famosa como Casados con hijos (Married with children) fue un poco el modelo que deben haber tomado Cohn y Duprat como para pensar que había en esa caracterización de Francella de Pepe Argento, tal el nombre del personaje, una forma sardónica de mirar la argentinidad. Lo curioso es que el primer acercamiento entre la dupla y el comediante fue con Mi obra maestra, una película que explora otros territorios, alejados del costumbrismo genético. Pero fue a partir de El encargado, y el éxito arrollador de esa serie, que seguramente Homo Argentum comenzó a tener forma.

Como dijimos anteriormente, Homo Argentum se promociona desde su título como una suerte de inspección al gen de lo nacional, con ese espíritu de ambición un poco desmedido que se autoimponen Cohn y Duprat. Sin embargo, la mayoría de los 16 episodios que la componen no hablan de eso, o lo hacen sólo lateralmente. En verdad la película inspecciona con ínfulas sociológicas comportamientos que -más argentinos algunos que otros- son universales: el egoísmo, la hipocresía, la envidia, el cinismo, la mentira y un largo etcétera. Algunos tienen raíces echadas en ciertas tradiciones cinematográficas, como el episodio Troppo dolce que quiere emparentarse con la comedia italiana, o Un film necesario, una burla a lo que los creadores suponen es el mundillo del cine de autor y comprometido. Lo cierto es que si bien algunos de estos mini-relatos tienen cierta potencia provocadora (un mérito menor, en verdad), es notable que la polémica alrededor de la película es absolutamente injustificada y desmedida. Hay quienes se han agarrado de un episodio que habla sobre el mundo del cine para construir un universo alrededor de eso y otros que sostienen que la película tiene una mirada única, cuando en verdad Homo Argentum es bastante contradictoria y hasta confusa. Porque mientras Bienvenidos a Buenos Aires es un retrato previsible de cierto imaginario de la chantada argentina, Un hombre decidido parece burlarse de ese ciudadano medio fascista preocupado por la inseguridad, que esconde en el fondo un pequeño cobarde. En verdad no sería tan preocupante la ideología de la película (como no debiera serlo la ideología de ninguna película), ya que la misma es bastante fluctuante, como su falta de humor. O mejor dicho, como la falta de efectividad en su humor. Tal vez sea porque la preocupación de los autores está puesta en otro lado o porque la inspiración estuvo en su piso más bajo, lo cierto es que Homo Argentum se convierte en el escalón más bajo al que han caído hasta ahora Cohn y Duprat, que ya venían en retroceso con Competencia Oficial. Pero la ineficacia de la película no se somete sólo a una escritura chata, poblada de lugares comunes sin mayor vuelo, sino además por una decisión narrativa caprichosa que evidencia lo imposible de la empresa. Fácilmente de los 16 episodios la mitad no llegan a ser ni siquiera una idea, otros están pobremente esbozados y desarrollados, y un puñado muy pequeño cuenta con una estructura más o menos sólida, aunque son ineficaces. Claro que si la intención era señalar cierto vacío cultural, Homo Argentum confirma su propia tesis: pocas veces se gastaron tantos minutos en discutir algo que no supera el más básico de los análisis.

Comentarios 1

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Santiago Daniel García Romero31 de agosto de 2025
Curiosamente, el film no hubiera tenido tanto éxito si no hubiera tenido tanto rechazo.

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