Crecer duele

Narrativa

Desde pequeños soñábamos en ser grandes. Decíamos: “Cuando crezca, voy a estudiar en tal universidad”; “seré bombero, arquitecto, médico”; “ayudaré a mi familia”. Teníamos un mundo bien armado en la cabeza, una visión clara de lo que queríamos, y nadie nos sacaba de ahí. Estábamos convencidos de que lo lograríamos, con tanto entusiasmo y convicción.

Tal vez fuiste de esos que crecieron en un hogar complicado, donde papá o mamá no estaban presentes. O quizás te criaste con los abuelos, con algún familiar, y desde lejos veías otras familias completas, deseando tener algún día algo parecido. Te empeñabas en armar un plan correc-to en tu mente para lograr tener una familia feliz cuando grande. ¡Y todo eso estaba bien! ¡Es bonito soñar así! Pero lo que nadie nos explicó fue el precio que hay que pagar para convertirse en ese personaje que tanto deseabas ser: esa persona fuerte, capaz, sensata y decidida, que lograría todo lo que se propusiera.

¿Te digo algo? Con el corazón en la mano, quiero que sepas que si hubiese sabido todo lo que me tocaría enfrentar en el camino, quizás no hubiese querido crecer tan rápido. Tal vez hubiese preferido quedarme siendo niña, bajo el cuidado de mis padres, sin mayores preocupaciones, sabiendo que había alguien que proveería lo necesario. Hubiese quemado mis etapas y disfrutar de cada una de ellas sin saltarme los momentos que ahora quisiera que vuelvan.

 

Si sería volver a ser niña.  tener que dudar, cuando amaba sin tener que protegerme, cuando reía sin saber por qué, y lloraba sin tener que justificarlo.

 

Volver a ser niña sería volver al tiempo donde confiaba sin miedo, donde dormía tranquila porque alguien más velaba por mí, donde el ´cuco´ no asustaba. Donde no te-nía que cargar con decisiones que pesan, con palabras que hieren, con errores que dejan huellas en tu vida. Cuando lo más complicado era aprender a amarrarme los cordones de los zapatos o ponerme bien el uniforme, y lo más doloro-so era una caída por estar corriendo sin parar, un chichón o alguna cortada en un dedo por negligencia mezclada de inocencia, no por una traición del alma.

Comentarios 2

A
Amri Loga30 de agosto de 2025
Es muy cierto todo lo escrito, pero también aveces te toca apresurar tu mismo crecer por razones que ya no queremos que nos sigan doliendo y decimos esto no quiero para mi vida y maduramos a una edad tan corta que al crecer te da miedo andar por ahí con el trauma de que volverás a pasar algo similar a tu niñez, pero algo pasa que descubres cosas bastante bonitas que te aferras a descubrirlas y a decir ¡me toca disfrutar el hoy, ahora, estos instantes!
J
Jeroo Casco30 de agosto de 2025
Interesante tu texto. Creo que a medida que crecemos lo más importante siempre es tener plena noción de donde venimos y estar enfocados en lo que deseamos a futuro. Es decir, podemos mirar al pasado pero no quedarnos anclado en él y también podemos mirar para adelante pero no generar demasiadas expectativas