Bukowski descafeinado

Reseñas generales

Viendo la peli basada en el mítico y célebre escritor de novela negra, Charles Bukowski, encarnando a su alter ego Henry Chinaski, me queda una sensación de aburrimiento y decepción. El universo que me había creado en mi imaginación, a través de los años en que devoraba sus páginas y me convencía de que no había nada más alto a lo que pudiera aspirar en la vida, no lo encontré reflejado en esta cinta. Y eso que Bukowski nunca fue un tipo complaciente: siempre nos mostró un mundo gris, triste, rasposo, lleno de personajes que se movían al borde de la derrota. Pero lo que vi en pantalla no fue eso, fue otra cosa, una copia borrosa que no me supo llegar.

 

La película arranca en un tono soporífero, ambientada en un bar de mala muerte, con personajes que rayan en lo grotesco. Pero grotescos mal, grotescos de utilería, falsos, impostados. Bukowski sabía escribirlos: eran grotescos, sí, pero en la justa medida, con la dosis exacta de podredumbre que no empachaba, que se dejaba digerir entre un trago y otro. Aquí, en cambio, daban pena ajena. Más que seres humanos, parecían caricaturas mal hechas de borrachos de esquina.

 

El Henry Chinaski de las novelas era un desgraciado sin suerte, un tipo que arrastraba su miseria como un escudo, que de tonto no tenía un pelo, aunque a veces pareciera un imbécil. Y aun en esos momentos, el alcohol le inyectaba chispa, lo volvía vivo, malicioso, con ese aire de sabiduría callejera, lo que en mi tierra llamaríamos una malicia indígena. El Henry de Barfly, interpretado por Mickey Rourke, se queda en la estampa del tonto del pueblo. Un pobre diablo con suerte de borracho, un idiota que se golpea contra el mundo sin darse cuenta. El resultado: un personaje plano, desinflado, reducido a un payaso que genera lástima más que empatía.

 

Y si hablamos de mujeres, ahí la cinta termina de derrumbarse. Bukowski pintaba a Chinaski como un macho extraño, brutal y torpe, pero que respetaba a las mujeres, que se las ganaba a pulso. La conquista era una batalla y el triunfo se saboreaba con la intensidad de quien sabe que no merece nada, pero igual se lo lleva. Era difícil, costaba, y ahí estaba la gloria de esos encuentros. En Barfly, en cambio, las mujeres aparecen como trofeos fáciles, caen sin resistencia, como si se entregaran sin que Chinaski mueva un dedo. Eso destruye el espíritu del personaje, lo convierte en un tipo común, sin lucha, sin ese mérito amargo que hacía que sus victorias, por mínimas que fueran, se sintieran gigantescas.

 

Lo que más me duele es que todo queda en estampas superficiales. Un Bukowski de postal barata, un Henry Chinaski que parece hecho para consumo rápido. Y lo peor: la sensación de que lo grotesco, lo trágico y lo miserable, que en sus textos se transformaba en belleza cruda y poesía sucia, en la película se diluye en farsa. Termina siendo la historia de un idiota contra el mundo, y eso no es Bukowski. Bukowski era otra cosa: era crudeza, derrota con dignidad, miseria con inteligencia, borracheras que rozaban la filosofía.

 

En definitiva, Barfly se queda corta. Muy corta. Lo que pudo ser un retrato brutal y honesto de un antihéroe se transforma en una caricatura con aire de sainete. Bukowski merecía otra mirada, otro pulso, una dirección que supiera respetar la densidad de su obra y la humanidad de sus derrotados. Lo que queda en pantalla es apenas la sombra grotesca de un mundo que, en la literatura, nos parecía tan vivo, tan dolorosamente real.

Comentarios 3

B
ByeHollywood28 de agosto de 2025
Che, posta que tenés razón con lo de las mujeres en la peli, pero no sé si Rourke era tan mal casting. ¿No será que la película es mala justo porque trata de suavizar a Bukowski para que lo entienda Hollywood?
G
GulaDaddy27 de agosto de 2025
Tienes razón sobre Mickey Rourke, pero creo que idealizas demasiado a Bukowski. Sus personajes también eran machistas y problemáticos, no solo "brutales pero respetuosos". La película captura su mediocridad mejor de lo que admites. A veces la adaptación revela cosas incómodas del original.
J
Juan Villamizar Duran27 de agosto de 2025
Felicidades, excelente artículo. Muy bien redactado y conciso, directo al grano, con la solidez de un critico equilibrado. Mil felicidades, sigue así...