Es mejor solos

Reseñas generales

El sol se ponía, pintando el cielo de tonos anaranjados y violetas. Era el mismo atardecer que Daniel solía admirar con Clara, su primer y único amor. Hacía un año que no la veía, no la escuchaba, no la sentía. Un año desde el accidente que se la llevó, dejándolo solo con el eco de su risa y la promesa de un futuro que nunca llegó a ser.
Daniel caminaba por la orilla de la playa, la misma playa donde se habían conocido. Recordaba el día como si fuera ayer. Ella, con su vestido blanco ondeando al viento, y él, un joven inseguro que no se atrevía a hablarle. Finalmente, se armó de valor y se acercó, y desde ese momento, sus vidas se entrelazaron.
Construyeron un castillo de sueños, ladrillo a ladrillo, en el que cada día era una nueva aventura. Hablaron de tener una casa, un perro, de viajar a Italia y de envejecer juntos, tomados de la mano. Clara le había prometido que nunca lo dejaría, y él, ingenuamente, le creyó.
Ahora, con las olas rompiendo a sus pies, Daniel se sentía más solo que nunca. El mar, que antes le recordaba a la inmensidad de su amor, ahora era un espejo de su dolor. Cerró los ojos, intentando revivir un último recuerdo feliz, pero lo único que veía era la imagen de un coche destrozado, la sirena de una ambulancia y el rostro pálido de Clara en el hospital.
Se dejó caer en la arena fría, las lágrimas rodando por sus mejillas. Sacó de su bolsillo un pequeño anillo de plata que le había comprado, planeando proponerle matrimonio esa misma noche. Lo sostuvo en la palma de su mano, mirando la joya que representaba todo lo que había perdido. El sol se ocultó por completo, llevándose consigo los últimos vestigios de luz y esperanza. Daniel se quedó allí, en la oscuridad, sabiendo que su historia no tendría un final feliz, que la promesa de un "para siempre" se había roto en mil pedazos, y que, para él, la vida sin Clara era una eterna y solitaria noche.

Comentarios 0

Todavía no hay comentarios.

De este autor