Crítica de "Sinners"

Reseñas generales

Recientemente se estrenó la película Sinners (2025), dirigida, producida y escrita por Ryan Coogler, que nos ofrece un nuevo relato articulado entre el fantástico, el relato histórico y una propuesta estética desbordante. Sí, todo eso confluye en una obra que puede despertar críticas apasionadas, pero sin dudas no deja indiferente a quien la mira.

 

Lo primero que podemos destacar es que el director Ryan Coogler viene de hacer otro tipo de películas, como Black Panther o Creed: corazón de campeón. En esos relatos de acción y superhéroes igual pueden encontrarse rastros de los intereses del director, que no deja que se opaquen sus ideas bajo los efectos visuales. Pero en Sinners logra poner ambas cosas a la par, una forma simplista de decirlo sería señalar que la forma y el contenido tienen igual importancia pero ¿A qué nos referimos?

 

La trama se ubica en Mississippi en los años 30. Allí conocemos a los gemelos Elijah "Smoke" Moore y Elias "Stack" Moore, interpretados por Michael B. Jordan. A la vista del pueblo son dos personalidades respetadas y temidas en partes iguales, son los que pudieron irse de allí, vivieron en Chicago y ahora vuelven de pronto con la intención de abrir una especie de cantina para que su gente tenga un lugar donde bailar, beber y escuchar blues. Todos saben que se volvieron una especie de gángsters.

 

Es interesante que cada uno mantiene un carácter singular, destacado como un logro en la interpretación del actor que hace ese doble trabajo. Ambos dejaron atrás a sus amores pero por distintos motivos. A medida que los vemos reclutar a sus viejos amigos para poder abrir la cantina, conocemos sus deseos más profundos y también sus más dolorosas heridas de ese pasado al que están volviendo.

 

Su contexto histórico

 

El contexto al que se refiere está cargado de un significado trascendental. Nos encontramos en pleno momento de segregación racial y esto atraviesa totalmente a los personajes y sus conflictos.

 

Por ejemplo, en ese momento se encontraban en pleno apogeo las leyes “Jim Crow” que limitaban drásticamente los derechos y libertades civiles de las personas afrodescendientes.  Esto significaba una separación en espacios públicos, escuelas, transporte, baños y restaurantes. Hasta el uso del agua estaba discriminado y esta regulación basada en el racismo fue sostenida por el Estado hasta el año 1954.

 

Por lo tanto entendemos que esta idea de abrir un “bar de blues” es, para los personajes, mucho más importante por lo que implica en su contexto. La propuesta de estos gemelos tiene como fin convertirse en un negocio pero también tiene como principio una fuerte declaración en defensa de un espacio propio.

 

De hecho, se puede ver en la película cómo deciden aplicar una restricción al ingreso de personas blancas y esto genera otra tensión que puede leerse en relación al contexto: el Ku Klux Klan y la amenazante violencia que representan.

 

Hasta el momento poco dijimos sobre los cambios de género cinematográfico que atraviesa la película. Y es que primero se toma una buena porción de tiempo para profundizar en estas tensiones que exceden a los elementos fantásticos y son bien terrenales.

 

Uno de los puntos más importantes es la música, y a través del blues es que se genera el puente entre ambas partes de Sinners. Sammie Moore (Miles Caton) es el primo pequeño de estos gemelos. Se trata de un joven apenas mayor de edad cuyo mundo está unido entre la música y la iglesia en la que su padre es pastor. Sammie tiene un talento especial y la premisa de la película nos indica que, en circunstancias adecuadas, la música puede abrir portales entre mundos de muertos y vivos, entre el pasado, el presente y el futuro. Y esto puede atraer demonios. Su padre le advierte a Sammie que ir con sus primos es como ir hacia ese destino, pero el joven en busca de algo más, lo desoye.

 

Este detalle también tiene su referencia a una leyenda histórica. Robert Johnson, pionero del blues, carga un misterio a su alrededor. Se supone que, cuando era un jovencito, Johnson desapareció de un día para el otro de los lugares que frecuentaba para volver después de seis meses como un músico privilegiado. Se dice que vendió su alma al diablo para transformarse en quien fue luego.

 

Su historia de vida dice que se resistió al destino de trabajar en los campos y que quería vivir de la música, empezó tocando para la gente de las plantaciones de algodón en sus breves períodos de descanso y luego empezó a probar suerte en la vida nocturna de los bares.

 

Un vuelco al terror fantástico

 

Y es allí donde aparece el actor Jack O'Connell interpretando a Remmick. Un hombre misterioso que aparece en una casa escapando y pidiendo por favor que lo dejen entrar a una casa a buscar refugio. Desde ese momento entendemos pronto que la película cambia y se suma un elemento fantástico que rompe los esquemas del drama que venimos viendo.

 

Ahora la cantina va a ser acechada por otro tipo de criaturas sedientas de sangre. La veracidad y el peligro mantiene las reglas típicas y claras de este universo de vampiros. Con la regla de que “necesitan permiso para entrar”, la película gana dos espacios narrativos: el adentro y el afuera. Las estrategias de las criaturas para lograr entrar y el desafío para los de adentro por lograr sobrevivir esa noche. Quizás no es tan sencillo esperar a que salga el sol para estar a salvo.

 

En esta búsqueda se consolida la impronta estética. Sinners es una película ambiciosa desde sus aspectos técnicos: mantiene una fotografía expresiva, llena de movimientos, juegos con luces, sombras, colores y guiños temporales mediante el diseño de arte. Todo se ve impecable y cuidado. Pero a esto hay que sumarle el despliegue sonoro que, de pronto, se da el lujo de incluir momentos musicales con canto y baile coreografiado, sin perder la identidad que había planteado desde un comienzo.

 

Para cuando llegamos a meternos de lleno en el mundo de género de terror, nos encontramos con secuencias cargadas de efectos cuidados para las criaturas y los enfrentamientos que pertenecen a exponentes de la mejor calidad.

 

Aquí es donde vale mencionar la colaboración del director Christopher Nolan (Oppenheimer, El origen, Tenet, Memento, Dunkerque) de quien ya conocemos la obsesión por la estética en sus películas. Y se entiende que esta tenga una búsqueda de producción semejante, pensada y filmada para una pantalla como IMAX.

 

En conclusión, en sus 137 minutos, Sinners se presenta con grandes ambiciones a nivel trama, contexto histórico, proeza actoral, despliegue técnico, calidad musical y articulación entre géneros cinematográficos. Sus aires pretenciosos pueden generar una resistencia en los primeros minutos pero pronto queda en evidencia que la búsqueda está lejos de sentirse superficial.

 

Cada punto es abordado con solidez y esto hace que funcione como un viaje en el que llevan al espectador por distintos estados. Desde el drama alrededor de la opresión racista, hasta las explosivas secuencias de acción sangrienta y vampírica.

 

Sin dudas, después de haber visto esta película el espectador puede llevarse ideas complejas de representación artística sobre la violencia, la música y la relación simbólica entre los demonios y los terrores humanos. Además de los paralelismos entre la oscuridad de los pecadores terrenales y los sobrenaturales.

Comentarios 4

C
cinejuanita14 de agosto de 2025
Ya estamos en agosto, y aun así tengo que decir que esta es una de mis películas favoritas del año. ¡Definitivamente entra en mi top 3!
J
Jua Bruno12 de agosto de 2025
No tenía idea de que Nolan había colaborado en la película para el IMAX. Ahora que lo pienso, tiene sentido. Me gustan esos cambios frecuentes en la relación de aspecto, pero debería volver a verla para prestarle más atención a los momentos puntuales del cambio.
M
Mari Stocco11 de agosto de 2025
La combinación de Mississippi en los 30, segregación racial, música y vampiros me pareció rarísima en el papel… pero en pantalla fue como escuchar un buen blues: empieza suave, te envuelve y cuando querés acordar, ya estás atrapada. Me impresionó la estética, esos juegos de luces y sombras que parecen pintura. Y la idea del bar como acto político me pegó fuerte. Esos momentos musicales, con baile incluido, son un regalo que no esperaba en una película de terror.
J
Jeroo Casco11 de agosto de 2025
Lo que me pregunté después de verla en su momento fue ¿Para qué vampiros entonces? ¿Qué intentas decirme Ryan entonces? Mi teoría es que el director, encaprichado luego de dejar atrás (en parte) el universo Marvel y toda esa fama repentina, utilizó su posición para convencer a Warner de que sí, el puede hacer lo que se le dé la gana. Como audiencia estamos dando a entender que nuestra desesperación por algo refrescante nos ciega ante cualquier intento de “idea original”. Por un lado, aplaudo a Coogler, pero por el otro nunca me terminó de convencerme su propuesta. Es cuestión de gustos supongo

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