Las palabras mágic
Reseñas generalesHabía una vez un bruja muy poderosa llamada Sophia que presumía de que era capaz de conseguir cualquier cosa con su magia. Muchos desafiaron a Sopha con retos de todo tipo y todos fueron derrotados. Realmente, Sopia era una bruja muy poderosa. A Sophia le encantaba ser el centro de atención. Le encantaban los halagos, las alabanzas y los cumplidos. Cuando la gente se enteraba de que la gran brujita iba a visitar su ciudad se celebraba una gran fiesta. A cambio, siempre ofrecía algún espectáculo con fuegos artificiales y algún truco circense. Esto no solo dejaba encandilada a la gente, sino que también hacía crecer su fama. Y así, Sophia se pasó años viajando, disfrutando de la hospitalidad y los regalos que la gente le ofrecía a cambio de su presencia. Pero un día se cansó. Los grandes retos dejaron de llegar. Ya no le satisfacían los elogios ni las zalamerías de los desconocidos. Por primera vez sintió la necesidad de estar sola durante unos días. Y así, haciendo uno de sus trucos, se desvaneció y apareció en medio de un bosque. Allí solo había árboles, arbustos, flores, piedras, tierra, algunos animalillos y muchos insentos. Encantada por disfrutar de aquel pequeño retiro, Sopia se sentó en una gran piedra, a la sombra de un inmenso árbol. Pero su paz no duró mucho porque, unos minutos después, apareció un pequeño trol llorando.
Ay, pobre de mí ¿Dónde voy a vivir ahora? jimplaba el trol.
Sopia estuvo a punto de desvanecerse otra vez, pero la imagen de aquel troll lloroso le enterneció. La gran Sophia no recordaba la última vez que había experimentado esa emoción, así que se apiadó de él y lo llamó:
¡Eh, amigo troll! ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? El troll, que no había visto a la bruja, se asustó y pegó un respingo. Luego salió corriendo y se escondió detrás de un árbol.
No tengas miedo le dijo Sophia. Soy una maga muy poderosa, la más poderosa de la historia, y puedo ayudarte. Sea cual sea tu problema yo lo arreglaré. El trol salió de su escondite, se acercó a la bruja y le dijo: El Hada del Bosque ha hechizado mi cueva como castigo por portarme mal dijo el trol. Solo podré entrar cuando averigüe las palabras mágicas.
Vamos, llévame hasta tu cueva, a ver qué puedo hacer dijo.
El trol y la bruja caminaron hasta la cueva. Junto a ello había un gran letrero que decía: “Las palabras mágicas tendrás que encontrar si en esta cueva quieres entrar”.
Efectivamente, no había manera de entrar en la cueva. Aunque parecía abierta, al intentar entrar una pared mágica invisible impedía el paso.
Sophia probó todo tipo de conjuros, hechizos, embrujos, encantamientos y sortilegios. Pero no sirvió.
Finalmente, Sophia se enfadó mucho y gritó a la cueva:
Te exijo que te abras ahora mismo!
Cansada de tanta tontería y algo molesta por las exigencias de la bruja, la cueva contestó:
Eres una bruja de pacotilla. Serás muy lista, pero eres una maleducada.
Sophia se quedó pasmada.
Me acabas de llamar bruja de pacotilla? Preguntó, indignada.
No, te he llamado bruja de pacotilla maleducada respondió la cueva.
¿Maleducada? insistió la bruja. Entonces cayó en la cuenta. ¿Cómo no se había dado cuenta? Llamó al trol y le susurró unas cosas al oído.
¿Funcionará? preguntó el trol.
Eso no falla nunca respondió la bruja.
El trol se acercó a la entrada de la cueva y dijo:
Cueva, ¿me dejas entrar, por favor?
Pasa dijo la cueva.
¡Lo conseguí! dijo el trol. Y se fue directamente a su camastro sin decir nada más.
Segundos después, la cueva lo expulsó de nuevo.
Prueba otra vez dijo la cueva.
El trol miró a la bruja. Esté le estaba haciendo señas. El trol pareció entender y se dirigió a la cueva otra vez.
Cueva, ¿me dejas entrar, por favor?
Pasa dijo la cueva. ¡Gracias! dijo el trol
De nada contestó la cueva. Y recuerda que así será a partir de ahora.
Sophia se disponía a marcharse cuando el troll le llamó. ¡Espera! ¿Cómo sabías que esas eran las palabras mágicas?
Sophia lo miró y le dijo: Me las enseñaron mis padres cuando era pequeña.
Qué listos eran tus padres! dijo el trol. Y añadió: Por cierto, gracias.
Gracias a ti por darme la oportunidad de recordarlas.
Sopia volvió a su casa, muy contenta por haber recordado la magia de algo tan sencillo como pedir las cosas por favor y dar las gracias.
Lleva unos días preparando un regalo muy especial para aquellos que más quiere. Es muy divertido ver la cara de mamá cuando descubre por la mañana un buenos días, preciosa debajo de la almohada; o cuando papá encuentra en su coche un te quiero de color azul.
Sus palabras son amables y bonitas, cortas, largas, que suenan bien y hacen sentir bien:
gracias, te quiero, buenos días, por favor, lo siento, me gustas.
Sopia sabe que las palabras son poderosas y a élla le gusta jugar y ver la cara de felicidad de la gente cuando las oye. Sabe bien que las palabras amables son mágicas, son como llaves que te abren la puerta de los demás. Porque si tú eres amable, todo es amable contigo. Y Sophia te pregunta: ¿quieres intentarlo tú y ser un mago de las palabras amables?




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