Jojo Rabbit: las risas entre el Holocausto.
Reseñas generalesCuando tomé un curso de apreciación de cine hace una década en la Universidad de Guadalajara, el docente encargado del módulo de guionismo nos compartió un pequeño mandamiento: toda película, independientemente de su género, debe hacer reír 3 veces.
No se refería a que forzosamente un drama desgarrador debía también ser una fuente de carcajadas, sino otorgar al espectador momentos donde se pueda relajar o descansar un poco de la dinámica que el resto de la película maneje. Según él, cualquier cinta que no lograra eso o ni siquiera hiciera el intento de, podría catalogarse como una pesada, cansada, exageradamente seria o sosa.
Después de eso fue revelador notar como la gran mayoría de las películas, sobre todo las de renombre, cumplían con ese mandamiento. Obviamente hay temas donde la tarea parece imposible, pero ahí justamente se diferencia a los maestros del arte de aquellos que simplemente lo practican. Se necesita un control prodigioso del ritmo, el tono, la naturalidad de los diálogos y cientos de otros factores para que un intento de comedia no quede de mal gusto, insensible o se sienta fuera de lugar ante la seriedad de la trama que se desarrolla. Por ejemplo, Spielberg cumplió ese requisito dos veces con uno de los períodos más aberrantes y trágicos de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial, tanto en Empire of the Sun y Schindler’s List se encuentran esos momentos de ligereza y humor sin faltarle el respeto a lo acontecido.
Si conseguir tres momentos humorísticos en temas así se siente dantesco ¿Qué tal cuando es una comedia 100% intencional? La lista de películas que ocurren en el Tercer Reich es basta, al limitarse a las que están hechas para hacer reír se reduce considerablemente, aun así, es más extensa de lo que uno pensaría. Ya sea que fueron filmadas en la época de la guerra como un contrataque propagandístico o en cualquier otro momento de la historia, su punto de vista central viene regularmente de un adversario o un sobreviviente del régimen nazi. Entre los casos más célebres, The Great Dictator de Charlie Chaplin, encontramos un espejo satírico de lo que sucedía en Alemania, todos los nombres de los involucrados en el conflicto real fueron alterados, jamás se menciona a Alemania, el partido nazi o Hitler, sin embargo, es innegable que se habla de ellos, el hecho de ser filmada entre septiembre de 1939 y febrero de 1940, la incapacita de poder hacer el reflejo de las medidas más extremas implementadas por el dictador. La comedia alemana Look Who’s Back recurre un poco a la ciencia ficción para poner a un envejecido Adolf Hitler en tiempos modernos al centro de su trama. The Producers toma bastante distancia literaria en sus veneraciones cómicas al nazismo, sucediendo en el contexto de una obra de teatro dentro de la película y bajo la intención de los protagonistas de presentar una catástrofe de taquilla.
Por su parte, Jojo Rabbit nos mete de primera instancia en la mente de un chico adoctrinado por toda la ideología de la raza aria. La película es una adaptación del libro “Caging Skies”, un drama histórico puro, con muy poco humor, algo totalmente entendible debido a su oscura premisa, sin embargo, Taika Waititi decidió adaptarlo con tonos cómicos por todos lados.
La escena de partida me sigue generando un grado de incomodidad ciertamente atípico en una comedia, un niño de diez años manifestando su devoción a Adolf Hitler no activa el sentido del humor. Después los diálogos fluyen, el saludo oficial de la Alemania nazi es reinterpretado como una broma, las escenas pintan las primeras capas del ambiente de la película, para cuando se cierra la secuencia de entrenamiento de la Jungvolk, se ha superado el requisito mínimo de risas con amplia comodidad, nuestro cerebro ha aceptado la idea que propone Taika.

Se logra esto porque ningún miembro del elenco decepciona, todos comprenden a la perfección la compleja propuesta en la que están participando y no dan paso en falso en su andar. Empezando por los más jóvenes, Roman Griffin Davis (Jojo) y Thomasin Mckenzie (Elsa), quienes deben jalar principalmente el hilo narrativo de la cinta. Thomasin tiene bien medidas sus reacciones a lo que esta sucediendo, miradas desde la feralidad del instinto de supervivencia hasta la fragilidad al borde del quiebre caben cómodamente en su repertorio. Ella por si sola es la encargada de representar a los más afectados por la guerra, las voces de generaciones pasadas salen de su boca cuando es momento de alzar el tono, sin dejar de mostrarnos el trágico silencio que tiene que adoptar para vivir un día más, aunque parezca que no hay mucho por delante que darle a esa vida. Y para ser sinceros, lo de Roman no recibió tantos elogios como se lo merece, su personaje experimenta un caleidoscopio de emociones de principio a fin, el conflicto personal entre la lealtad a los ideales que exclama con tanta pasión y lo que realmente está viviendo, las dudas que surgen cada vez que se le presenta la oportunidad de llevar a cabo ordenes que atentan contra otra vida, su travesía hacia la superación de esa manera de pensar cargada de odio irracional e intolerancia desmedida, es un tipo de transformación en la que muchos actores adultos tropiezan, que un niño haya logrado lo anterior es extraordinario. Mención especial a Archie Yates (Yorki), una actuación roba escenas de las más adorables en la historia del cine, Taika discretamente le dio la mejor colección de diálogos en toda la película y este exprimió cada uno de ellos, haciendo su presencia al final un rayo de luz entre los escombros que tienen los desenlaces de películas con trasfondos de guerras.

El mismo Waititi brilla en el papel de Hitler; un chiste y un insulto al Führer desde el casting. El villano principal de esta guerra está en la imaginación de Jojo, dando paso a una libertad de comedia física y una actitud similar a la de un bufón, pero también con el lado negativo obviamente intrínseco en su personaje. Ya que este Adolf no es precisamente un amigo imaginario tal cual al que el niño puede manejar a su antojo, una sensación que nos transmite la primera mitad de la cinta, donde su espíritu parece ser de alguien de la misma edad que Johannes. Waititi es la representación de todo lo que la sociedad le ha enseñado a Jojo prácticamente desde su nacimiento, los valores arraigados al nazismo que eran pilares de la educación en esos tiempos. Las interacciones finales entre Adolf y Jojo son confrontaciones, en las últimas escenas Adolf se despoja de la piel de un compañero de aventuras y se transforma en el símbolo de maldad que todos conocemos. La paciencia hacia su pupilo y su relación con una judía llega a su punto de quiebre cuando Jojo no delata a Elsa frente a los oficiales de la Gestapo. Hitler le recuerda efusiva y violentamente (tal como lo hemos visto en distintos discursos capturados en filme) las instancias a las que debe llevar la ideología a la que dice pertenecer, una que no desparece de la mente de Jojo sin dar pelea, a pesar de las muertes que rodean su vida a esas alturas, incluida la del mismo Hitler.
Rebel Wilson y Alfie Allen demuestran que, con el material adecuado los papeles reducidos lo son únicamente en tiempo de pantalla, no en calidad. Incluso hay una aparición de Stephen Merchant, como un agente de la Gestapo, que exige pasajes de oscuridad hasta ese momento inéditos para el larguirucho nerd.
Por su parte, Scarlett Johanson (Rosie) y Sam Rockwell (Capitán Klenzendorf) interpretan personajes que se pudieran haber llevado su propia película.
Johanson es la madre de Jojo, una mujer que no comparte en absoluto la política nazi y le repugna ver en lo que se ha convertido su nación; al grado de ser miembro de la resistencia alemana, repartiendo mensajes por la ciudad reclamando una Alemania libre del yugo de la ultra derecha, siendo un canal de escape y refugio para aquellos que son más intensamente perseguidos por el régimen. Hace esto a pesar de que el enemigo duerme en su propia casa, el fanatismo de su hijo tal vez sea la mayor frustración que debe sobrellevar; no debe ser fácil ver en tus familiares facetas que tu yo interior aborrece, de ahí su regla de cero pláticas sobre política a la hora de comer, un pequeño descanso de lo que tiene que soportar en el día a día. Rosie se aferra a la esperanza de que su hijo este pecando de inocente; confundido por el interminable bombardeo de propaganda a la moldeable mente del joven, ella está convencida que Jojo posee una personalidad que no congenia del todo con los monstruos que dirigen su país. La compleja resiliencia materna perfectamente simbolizada con su disposición a abandonar sus actividades rebeldes si la seguridad de su cachorro entra en riesgo explícito. Su pérdida es sin duda el revés más duro que tenemos que digerir, sumado a que Waititi nos la muestra en un encuadre con el que nos hemos estado familiarizando durante la película, solo que ahora no hay ningún elemento alegre que lo acompañe, únicamente desolación.

Klenzendorf tiene varias similitudes con Jojo, ambos son patriotas que quieren servir a su país de manera oficial, personas que se ven limitadas por sus capacidades físicas de cumplir sus sueños de ser grandes participes de las batallas contra los enemigos de Alemania, y ese es un sentimiento que no afloja a pesar de que las decisiones que toman en sus vidas personales no se alineen completamente con la doctrina nazi. La edad le ha brindando a Klenzendorf un escepticismo hacia los “datos” más fantasiosos que proclama el gobierno, además de que tiene experiencia de primera mano en que tan manipulada es la verdad con tal de reforzar la validez de los objetivos del gobierno. Klenzendorf es homosexual, grupo que también fue discriminado y acosado por el régimen, habrá escuchado miles de falsedades en forma de boletines oficiales acerca de las personas con su preferencia sexual, tal vez por eso también no revela el engaño que Jojo y Elsa están edificando durante la revisión de la Gestapo, siendo que él mismo está viviendo en una mentira, una que protege posiblemente su vida y definitivamente su carrera en el ejército. Sus últimas horas son gloriosamente una liberación para él, primero porque por fin puede regresar a la acción que tanto anhelaba, pero más importante, porque entre todos los elementos atípicos de su uniforme militar hay un pin de un triangulo rosa, que ni siquiera fue mencionado cuando el capitán le explicaba a Jojo su diseño unas escenas atrás. Ese pin es el mismo que los nazis obligaban a los homosexuales a usar en público para ser distinguidos y recibir el trato “apropiado”. Klenzendorf se despide siendo quien es en realidad abiertamente ante todos, no esconde las partes menos honorables de él. En las palabras de consuelo que le ofrece a Jojo respecto a la muerte de su madre: Ella era una buena persona, era realmente una buena persona. Se percibe el mensaje entre líneas de reconocer que él no puede adjudicarse ese término con sinceridad por su participación en el esfuerzo bélico nazi.

Esta es de las pocas películas donde podemos perdonar el frustrante cliché de personajes omitiendo la verdad entre ellos para crear un camino más fácil por el cual avance la trama, debido a que en su situación hasta una declaración que lleva toda la intención de apoyar o cumplir con la ley bien puede terminar en tu tumba y la de todas las personas que te importan.
Una pequeña decisión que me parece beneficia enormemente a la película y a los ganchos al hígado que nos tiene preparados, es que no se nos da una fecha exacta de entrada; sabemos naturalmente hacia donde se dirigen los acontecimientos, no que tanta arena queda por caer en el reloj. En cambio, la historia va armando el cuadro poco a poco, inicialmente con pequeños detalles como la ausencia de hombres en plenitud física en la ciudad o la asignación de un papel activo en la guerra a elementos precoces de la Juventud Hitleriana. Durante una visita a la oficina del Cap. Klenzendorf revelan el panorama, a grandes rasgos, de que tan precaria es la situación para Alemania. La vibrante paleta de colores va perdiendo intensidad, la actividad en las calles decayendo hasta parecer un pueblo fantasma y que revive únicamente cuando la alianza extranjera ha traspasado sus fronteras, casquillos cayendo en la acera, los alemanes montando la ultima pared de resistencia con lo que les queda (de municiones, de ciudadanos y de aliento de vida), dispuestos a proseguir con la guerra hasta en su patio trasero, sin importar el poderío y avance de las fuerzas opositoras; un despliegue del espíritu de superioridad aria del que Hitler estaría muy orgulloso mientras se pudre en el infierno y a su vez una repugnante prueba de los extremos de lavado de cerebro a los que la sociedad alemana fue sujeta.
Leo y vuelvo a leer lo que he escrito y me cuesta mucho asimilar lo que consiguió Waititi, el contenido de los párrafos anteriores no suena como el escenario ideal de una comedia, su estilo personal alteró las expectativas de una historia del Holocausto, ampliando el registro de las voces que solemos oír sin perder la seriedad ante lo que millones de personas sufrieron.
Auf Wiederlesen.






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