AMAPOLA
Reseñas generalesAño 2050, ya se acerca mi cumpleaños. Pero llevo una vida tan rutinaria y aburrida que la verdadera diversión la vivo en los momentos en que me encuentro dentro del laboratorio de informática. Aquí en este centro de investigación tecnológica trabajamos 80 ingenieros informáticos, 40 especialistas en ciberseguridad, 80 ingenieros en sistemas, 30 informáticos forenses, y el resto se halla distribuido entre el personal obrero, neurólogos, ginecólogos, sexólogos y personal de seguridad, conformado éste último por robots de alto rendimiento ya que su estructura es similar a la nuestra.
Nuestro proyecto se titula: AMAPOLA. Ella es nuestra esperanza. Hemos creado un programa especialmente diseñado para ser comprendido por cualquier humano, ya que Amapola es capaz de sentir. Sí, dentro del lenguaje madre hemos instalados códigos que reaccionan a los estímulos externos, porque más que signos y números, existen símbolos específicos que logran activar las respuestas para estos y su debido comportamiento.
Quiero decirles que algunos de estos símbolos son similares a nuestras hormonas, por lo tanto, sus reacciones pueden llegar a ser muy naturales, incluso puede servir como compañera a la hora de buscar una relación sana, porque nuestra robot es perfecta.
Amapola, cuenta con estructuras internas hechas a base de un silicón que se iguala a nuestra musculatura tanto lisa como estriada, por lo que puede sentir al momento de tener sexo. Cada pieza se conecta a una red neuronal que estimula los símbolos que se comportan como hormonas, aumentando la frecuencia simuladora de la respiración, y distribuyendola a su procesador central. Unas de estas hormonas son: la oxitocina, la dopamina, la serotonina y la melatonina. Amapola también articula perfectamente infinidad de palabras, canta, mantiene conversaciones fluidas y productivas, y además, emite sonidos de gemidos durante el acto del coito. Cerca de su suelo pelvico se le incorporó un saco muy mínimo, con fibras conectivas capaces de llegar al clímax y tener un squirt —un fetiche que enloquece a casi todos los hombres—, por ende no será difícil enamorarse de ella, y como premisa, su anatomía es perfecta, y simétrica.
Nos encontramos en proceso de elaboración del cabello, y en cada fibra hemos instalado diminutos nanobots que van conectados a su núcleo central, capaces de recibir las señales emitida por los estímulos, lo cual le permitirá sentir el roce de unas manos.
TRES MESES DESPUÉS
Amapola ya está lista, nos tomó casi 8 años todo este proceso. Estoy muy emocionada porque hoy la hemos preparado para su primera cita. El candidato es un hombre común y corriente, con alto coeficiente intelectual al del promedio de la población tercermundista “ya deseo ver como responde a los hombres”.
Estamos en el restaurante Le Bone en París, la decoración es hermosa, lirios, orquídeas blancas y lila, lámparas de cristal en forma de lágrimas, mesas de mármol, luces tenues, sus paredes son blancas de textura satinada, las columnas una total belleza, su forma correspondía a la silueta de cleopatra pintadas en dorado.
Los ojos de Amapola reaccionaron ante belleza. Activé mi pulsera táctil para ubicarlos en el sitio a tiempo real.
Llegará en 10 minutos, lo trae el teniente Steven McLowen en nuestra limusina especial.
Ha llegado, debo admitir que no es el mismo que vimos hace tan solo un par de días. ¡Dios! Es realmente hermoso. Amapola deja admirar. Señor Stwar, permítame decirle que hoy usted tiene el escenario ganado. Amapola me observó con desprecio. Tomé mi diario de anotaciones y plasmé en él la primera respuesta corporal de nuestra hermosa obra hecha robot.
Nos alejamos para dar un poco más de privacidad y espacio. Stwart procede a tomarla de la mano, sin embargo ella la retira. Algo le ha susurrando a su oído, con ligera discreción y elegancia se levantó, colocó la silla en su lugar y se dirigió hacia nosotros.
—¿Nos podemos marchar? —preguntó sin hacer ningún tipo de gesto despectivo. Tampoco volteo a ver a Stwart, que permanecía sentado en la mesa. Pagamos la cuenta y le tomamos la palabra a nuestra querida AMAPOLA.
Al abordar la limusina… —¿algo qué desees agregar, Amapola? Un ruidoso silencio se apoderó de la atmósfera, así que le subimos volumen a la música y recorrimos un par de hora la ciudad. Amapola iba memorizando todo cuanto podía de la vida aquí afuera. Letreros diseñados en holograma, edificios con luces Led fluorescente en sus bordes, una plaza con figuras históricas hechas también de hologramas, y una cascada virtual que dividía el otro extremo de la ciudad. Los semáforos no existen, ahora son policías virtuales que se posan al lado de la puerta del copiloto para anunciarte cuando debes marchar, y cualquier infracción cometida, llegaba una comisión en vehículos al estilo super sónicos para detenerte.
Esa noche nos fuimos a descansar todos a mi casa. Excepto ella, que no duerme.



Comentarios 10