Happy Gilmore 2
Reseñas generalesCuando el golf dejó de ser solo un swing
Alguna vez Adam Sandler fue mi amor platónico. Sus primeras películas, su cara de niño travieso, su humor absurdo... todo eso me encantaba. Pero con el tiempo, más allá de lo físico, lo que se quedó conmigo fue su estilo: comedia familiar, mensajes tiernos, personajes fieles a su rareza. Y con Happy Gilmore 2, volvió a hacer de las suyas.
No voy a narrar la película, no me interesa hacer spoilers, pero sí quiero hablar de cómo me hizo sentir. Cuando la empecé, andaba con el ánimo por el piso. El comienzo es tristón, medio predecible, y hasta me hizo pensar: ¿me va a gustar esto? Pero justo cuando iba perdiendo fe, entraron los chistes, las locuras, los regresos inesperados, y algo se encendió.
Lo que me atrapó no fue solo la comedia, sino cómo reinventaron el concepto del golf. Ya no era solo pegarle a una pelotita: había obstáculos físicos, retos, pruebas que parecían de un reality extremo. Le metieron actualidad, show, y lo hicieron entretenido, incluso para quienes siempre pensaron que el golf es lo más aburrido del mundo.
Los personajes que vuelven de la primera película... uff, eso fue un abrazo a la nostalgia. Uno de ellos, que antes era villano, ahora está en un psiquiátrico y regresa como aliado. Otro, el que cuidaba a la abuela, reaparece para ayudar a rehabilitar a Happy. Todo eso suma y le da corazón.
Y sí, sale Bad Bunny. Lo confieso: pensé que iba a ser el clásico cameo “de moda” sin sentido, como en Rápidos y Furiosos. Pero no, cumple su papel, y no se roba cámara de forma gratuita. Lo hace bien.
La película me levantó el ánimo, me sacó varias carcajadas (especialmente cuando se van de cabeza con el humor negro), y me recordó por qué el cine de Sandler tiene ese no-sé-qué que lo hace entrañable. No será una obra maestra, pero es honesta, absurda y divertida. Y a veces eso es justo lo que uno necesita.




Comentarios 2