Mierda

Reseñas generales

Chamo, escucha este cuento porque de aquí podría salir la fórmula más bizarra y millonaria de todo el barrio.

El ADN del Negocio

La historia arrancó como siempre, con la señora Rosa tirando su chisme de oro:
“Eso fue alguien que le dio agua de pantaleta con espinaca al dinosaurio, como hacía doña Florinda pa’ amarrar a Don Ramón”. Nadie la contradijo, porque aquí la magia y el disparate caminan juntos, y cualquier brujería puede terminar con el animal más arrecho esperando mansito al lado del kiosco.

Pero aquí la vaina se pone grandiosa cuando entra en escena el pana Guille, que es más vivo que el hambre y con una mente digna de emprendedor de Petare. En medio del revuelo, el dinosaurio, después de tomarse la pócima esa, empieza a comportarse como un perro fiel y, de paso, suelta una vaina tan pestilente en el medio de la calle, que el rumor llegó hasta la bodega de Don Nicanor.

Guille, oliendo oportunidad donde otros huelen tragedia, agarra su teléfono y empieza a grabar. “¡Esto es oro puro!”, grita. Y no porque exagere: cuando la vecina bióloga pasa y dice, medio en broma, medio en serio, que ese excremento de dinosaurio puede servir de abono mágico pa’ las matas y hasta para despejar la carretera—la gente le para. Total, si aquí hemos sobrevivido hasta con las yerbas de la abuela, ¿por qué no probar la “mierda jurásica”?

Del Pegoste al Primer Millón

Te pongo la escena:

Guille, con botas plásticas y mascarilla improvisada, embotellando la “esencia prehistórica” en potecitos de compota reciclada.

Rosa, que ahora también jura que tiene la receta secreta, vendiendo el combo completo: agua de pantaleta con espinaca + fertilizante dinosaúrico, prometiendo que “revive hasta matas secas de tanto dolor patriótico”.

Las colas para el producto dan la vuelta a la cuadra. Unos quieren la pócima pa’ sus relaciones, otros el abono pa’ sus matas. Hasta la señora Lucía, la bruja, le saca punta: “Eso es billete seguro”, dice, muy seria, como quien ha visto de todo.

Cuando menos se dan cuenta, el WhatsApp explota con fotos de aguacates mutantes y matas verdes fluorescentes; todos jurando que eso fue gracias al excremento mágico y el liquido de doña Florinda, versión patria. En cuestión de semanas, Guille, Rosa y hasta el dinosaurio—que ahora es celebridad local—se hacen virales y, lo que es más arrecho, empiezan a recibir pedidos de todas partes: “Envíame dos potes pa’ Barquisimeto; aquí las matas están más secas que chisme de vieja después de la hora de la novela”.

Epílogo: Millonarios con Mierda, Fe y Magia

Y así la vaina: en un país donde hasta la desgracia es materia prima, estos panas se hicieron millonarios con mierda y brujería. Nadie sabe si fue invento, milagro o el toque secreto de la pantaleta, pero lo cierto es que, entre el olor grotesco, el drama del día a día y el humor del barrio, inventaron una fortuna donde otros solo veían bosta.

Porque aquí, pana, el ADN del éxito tiene de todo un poco: resiliencia, risas, y sí, hasta un poquito de mierda bien embotellada.


 

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