Ciudad Jurásica
Reseñas generalesEl accidente de coche:

Era un día lluvioso, en la ciudad de Terranova, el auto de la familia Bretón avanzaba por la carretera en dirección a casa, a bordo se encontraban los cuatro miembros de la familia: El señor Bretón iba al volante, su esposa a su lado en el asiento del copiloto y en los asientos traseros sus hijos, Cindy de 16 años y su hermano menor Harry de ocho. Ambos estaban absortos en su propio mundo.
Harry miraba algo en su tablet, mientras Cindy escuchaba música en su teléfono, observando cómo las gotas de lluvia resbalaban por la ventana. De repente, sintió un tirón en uno de sus auriculares. Molesta, giró la mirada hacia su hermano pequeño.
—¿Qué demonios quieres?— pregunto, irritada por la interrupción. Harry le mostró la pantalla de su tablet, donde un artículo de periódico anunciaba que un grupo de científicos de un laboratorio reconocido había logrado traer de vuelta varias especies de hace millones de años.
—qué reverenda estupidez —respondió ella poniendo los ojos en blanco, pensando que había tantas cosas importantes en la cual gastar dinero, y esos científicos lo desperdician intentando revivir animales prehistóricos.
—¿Crees que también hayan traído de vuelta a los dinosaurios? —preguntó Harry con su voz infantil, ganándose una mirada de fastidio de su hermana, que nunca entendió por qué ese niño estaba tan obsesionado con esas criaturas.
—Espero que no —contestó ella, lista para volver a colocarse los auriculares e ignorar cualquier cosa que él fuera a decir.
—¿Por qué no? Sería genial ver un dinosaurio —dijo el pequeño emocionado, provocando un bufido de su hermana.
Cindy volvió a colocarse los auriculares y cerro los ojos para ignorar a su hermano. En ese instante un fuerte impacto sacudió el automóvil empujando su cuerpo hacia delante. Todo sucedió en un segundo: su padre luchaba por mantener el control mientras el pavimento resbaladizo complicaba la situación; su madre hablaba alterada por el pánico y su hermano gritaba aterrorizado.
El auto chocó contra el muro de contención del puente y cayó al lago. Por instinto Cindy por abrazo con fuerza a Harry protegiéndolo con su cuerpo. Su último pensamiento fue que todos en el automóvil iban a morir antes de que todo se oscureciera ante sus ojos.
Al abrir lentamente los ojos, Cindy sintió su cuerpo pesado y la cabeza girando. Logró incorporarse en una cama y al golpearse contra algo sólido, exclamó: “¡Maldita sea!” Al mirar hacia arriba, se dio cuenta de que lo que había chocado era un cristal robusto. Confundida, frunció el ceño. ¿Por qué estaba dentro de una caja de cristal? No lo sabía, pero no pensaba quedarse allí.
De inmediato, comenzó a buscar una forma de escapar y notó un botón rojo en una esquina. Sin dudarlo, lo presionó y el cristal se abrió de inmediato. Con cuidado, colocó un pie en el suelo, seguido del otro, y caminó lentamente hacia la salida. Necesitaba regresar a casa; sus padres estarían preocupados. Fue en ese momento que su mente recordó el accidente y el pánico la invadió. Debía volver a casa y asegurarse de que todo estuviera bien.
Al salir, se encontró en un pasillo oscuro y desierto. Sin perder tiempo, corrió por el lugar, desorientada. No sabía dónde estaba ni cómo había llegado allí; lo último que recordaba era estar en el coche con su familia, y los gritos de pánico de esa tarde resonaban en su mente.
Después de correr un buen rato, finalmente encontró una salida. Abrió la puerta y se encontró con un panorama desolador. Una ciudad posapocalíptica se extendía ante ella: edificios abandonados parecían a punto de colapsar, las calles estaban agrietadas y cubiertas de maleza, y automóviles de todo tipo estaban varados en medio de la carretera, cubiertos por vegetación. “¿Dónde demonios estoy?” se preguntó, sintiéndose confundida y desorientada. Su mente trataba de procesar lo que ocurría, pero solo lograba confundirse más.
Sin saber a dónde ir, Cindy comenzó a caminar por las desiertas calles, con la esperanza de encontrar a alguien que le explicara cómo había llegado a ese lugar. Sin embargo, no encontró ni un alma. Agotada, llegó a un viejo parque de diversiones. El lugar parecía haber estado cerrado durante años; las instalaciones estaban oxidadas y en mal estado, y una gigantesca rueda de la fortuna cubierta de maleza le daba la bienvenida como un fantasma atrapado en ese tétrico lugar.
De repente, un fuerte rugido paralizó todo su cuerpo. Ese sonido era diferente a cualquier otro que hubiera escuchado en su vida; no tenía idea de qué tipo de animal podía emitir un sonido tan escalofriante que parecía provenir del mismo infierno. Fuertes pisadas retumbaron en todo el parque, y Cindy sintió cómo el suelo vibraba con cada paso de esa criatura. Asustada, miró hacia atrás y se encontró con algo que hizo que toda la sangre en su cuerpo se helara, mientras un escalofrío recorría su columna vertebral.
Un enorme tiranosaurio estaba frente a ella, observándola con sus temibles ojos de lagarto. Sus afilados dientes se asomaban a través de su mandíbula abierta. “¡Esto no es real!” “¡No es real!” se gritó a sí misma, aterrorizada mientras un fuerte graznido del animal la impulsó a correr desesperadamente por el lugar. Necesitaba escapar de esa criatura o terminaría siendo su cena.
El tiranosaurio la persiguió, listo para devorarla de un solo bocado. Cindy podía escuchar las aterradoras pisadas del monstruo cada vez más cerca, y en su desesperación saltó dentro de un viejo carrusel, esperando que el monstruo no pudiera alcanzarla. Pero fue una idea estúpida; con un solo golpe de su cola, el carrusel se desmoronó, obligándola a correr nuevamente por su vida. La desesperación y el miedo se intensificaban. “¡Debe ser una maldita pesadilla!” pensó mientras atravesaba la rueda de la fortuna y se adentraba en el bosque cercano.
Desgraciadamente, una piedra en el camino la hizo tropezar y caer al suelo, el dolor recorrió sus piernas, dejándola indefensa. El dinosaurio apareció frente a ella, abriendo su enorme mandíbula, listo para devorarla. Cindy cerró los ojos, preparada para morir, pero antes de que la bestia pudiera acabar con su vida, se escuchó un fuerte sonido de detonación. La cabeza del enorme monstruo estalló frente a ella, cubriendo su rostro con sangre, y la bestia cayó al suelo, haciendo temblar la tierra.
—¡AAAHHH! —gritó aterrorizada mientras se arrastraba lejos del cadáver del monstruo. Asustada, levantó la mirada y se encontró con un hombre montado en un velociraptor, que llevaba al hombro una bazuca, el arma utilizada para acabar con la bestia que la había perseguido.
—¿Quién es usted? —preguntó Cindy antes de desmayarse por el miedo. El desconocido bajo del dinosaurio y se acercó a la chica para comprobar que no estuviese herida, una vez cerca pudo notar que se trataba de una adolescente. Su cabello era largo y de color negro, su piel era blanca y tenía una estatura promedio, llevaba puesta una bata de hospital y en su muñeca un brazalete de paciente.
—¡Vaya! ¡Vaya! ¿Pero qué tenemos aquí? —murmuró con curiosidad, leyendo su nombre en el brazalete de paciente.
—Cindy Bretón, Instituto Médical Nova — era extraño que una niña estuviese en ese lugar tan peligro, por lo que imagino que se trataba de una paciente de algún hospital psiquiátrico que había escapado. El hombre dejó escapar un suspiro con pesadez mientras colocaba una mano en su cintura, sus familiares debían de estar desesperado buscándola por esa razón debía buscar una forma de hacer que la niña regresara a la urbe a salvo.




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