Avatar

Reseñas generales

“Avatar”: la peli que me voló la peluca

Hay películas que te gustan, y después está Avatar, que directamente te vuela la peluca. Desde la primera vez que la vi, supe que no era una peli más. Era una experiencia. Salí del cine como si hubiese estado dos horas en otro planeta... y técnicamente, lo estuve.

Avatar, dirigida por el crack de James Cameron (el mismo que nos hizo llorar con Titanic), fue una revolución total. Rompió todos los récords habidos y por haber, se llenó de premios y reventó la taquilla como pocas veces se vio. Y no es solo por la tecnología de punta o el 3D que parecía que te saltaban las hojas en la cara… es porque la historia te pega, te atrapa, y no te suelta más.

La peli transcurre en Pandora, un planeta hermoso, lleno de naturaleza viva, colores locos y unos seres azules gigantes que cuidan la tierra como si fuera oro (capaz deberíamos aprender un poco de ellos, ¿no?). Jake Sully, un ex-milico en silla de ruedas, se mete en este mundo a través de un “avatar” y lo que al principio era una misión militar se convierte en un viaje personal re profundo. Termina enamorado de Neytiri —una Na’vi que es un fuego total, interpretada por Zoe Saldaña— y defendiendo la selva como si fuera suya.

Sam Worthington, que hace de Jake, se pone la historia al hombro y la rompe. Pero posta que todos los actores están impecables. También está Sigourney Weaver, una grosa total del cine, y Stephen Lang haciendo de villano con toda la furia. Todo el elenco encaja como piña y le mete una intensidad tremenda.

Y si hablamos de visuales, no hay con qué darle. Pandora es un espectáculo. Cada escena es una postal. Hay momentos en que no sabés si estás viendo una peli o soñando. Y ni hablar de Avatar: El camino del agua, la secuela. Ahí te meten abajo del mar y decís “¡dale, loco! ¿esto es cine o un documental de National Geographic con esteroides?”.

Lo que más me gusta de Avatar es que va más allá del pochoclo. Tiene mensaje. Te hace pensar en cómo tratamos al planeta, en el respeto por lo que no conocemos, y en cómo muchas veces el verdadero enemigo somos nosotros mismos.

En fin, Avatar no es solo una peli que me encanta. Es una de esas historias que me despiertan algo adentro, que me emocionan, me entretienen y me hacen soñar. Y por eso, la banco a muerte.
 

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