¿Ni en mis sueños?
Reseñas generalesPor alguna objetiva razón, más que coincidencia, es que los dinosaurios fueron separados de los humanos con una diferencia millonaria de años. No es cualquier cosa un dinosaurio. Nada que ver comparado a un león si se trata de un carnívoro, pero ¿y si son más? Es decir, en manada.
¿No resultaría peor el resultado?
Verás, hipotéticamente el solo pensar en qué puedo hacer en un hábitat lleno de dinosaurios o con tal vez uno que otro es sencillo. Mi mente de inmediato me dice: solo correrías de una esquina a otra, de extremo a extremo hasta ocultarte dónde es probable que no te encuentre o te alcance. Sería fácil al imaginarlo.
La cuestión es ¿será así en realidad? No hablo de calcular la distancia o la resistencia que tenga el animal o yo, puesto en ciertas ocasiones se ha demostrado que el instituto de supervivencia puede sacarte de diversos aprietos, no obstante, ¿mi cuerpo no temblará? ¿Mi cuerpo correrá tal y como necesito? ¿Puedo confiar en mí?
Consideremos de referencia la isla en donde se realizó la película más famosa sobre dinosaurios. Es un lugar amplio, tiene edificios que podrían resguardarnos de algunos depredadores y hay bastante vegetación. Al salir de algún edificio o adentrarnos al exterior, es un riesgo enorme, pues aquellos árboles y la hierba pueden ser un arma de doble filo: puede ayudarnos a ocultarnos de grandes dinosaurios o podemos ser presa fácil ante otros que no son enormes, incluso más para aquellos que no llegan a la estatura de una gallina.
Ahora bien, en una ciudad, ¿hay posibilidad de sobrevivir? Existe la esperanza como posibilidad, más no por mucho tiempo. Si los dinosaurios se acostumbran a caminar en ella o tienen más fuerza de lo que creemos, más que una bola demoledora: sería nuestro fin. Derrumbarían cada edificio y si bien, este los aplasta y los mata al menos uno que otro, no nos exponemos demasiado al peligro.
Los escombros pueden ser un apoyo para ocultarnos o puede suceder también justo como la vegetación en la comparativa anterior. Un arma de doble filo.
¿Qué tan probable es que mi sentido del miedo no me traicione y me permita siquiera mover un pie?
Muchas personas tienen fobias como a las abejas, a las arañas, a los perros, entre otros animales. Y en mi caso, al ver una abeja lo primero que hago es no moverme, pero si veo otro insecto, corro con todas mis fuerzas.
¿Cuan cierto será la información que sabemos de los dinosaurios? Si no te mueves, no te ve.
Yo haré todo lo posible por correr de ser necesario. No confiaría ni en el más pequeño porque debido a su tamaño, es indispensable tener el apoyo de otros. Uno solo no puede, pero entre varios son lo más peligroso por muy inofensivo o tonto que parezca.
Ahora bien, contaré un relato en el que me visualicé hace mucho tiempo. No mentiré, he pensado en qué haría o qué pasaría hasta soñarlo.
En una tarde, al medio día, mi familia y yo terminamos de comer. De pronto, nos percatamos que el agua de jamaica se tambaleaba y creímos que se trataba de un temblor. Por ende, salimos al jardín. Miramos a nuestro alrededor y lo cierto era que habían gritos de personas con diferentes edades. Algunos los reconocimos porque provenían de nuestros vecinos.
Al mirar desde el jardín al sendero y las demás casas, notamos que corrían de un lado a otro y nos preguntamos el por qué. Más tarde, un vecino que apodamos de Paco, se detuvo para tomar aire y tras levantar la vista nos miró. Tenía un rostro pálido, reflejaba el miedo y entre jadeos nos habló. Nos advirtió.
No le creíamos y nos sugirió buscar en las noticias lo que ocurría. Imposible.
“Dinosaurios liberados en la ciudad…”
No había pasado ni diez minutos cuando ocurrió todo esto. Escuchamos un fuerte rugido y el piso se tambaleaba cada vez más.
Una figura grande, enorme, del tamaño de un edificio se acercaba a una distancia de cinco cuadras. Quedamos atónitos, mi madre quería llorar y la mayoría estábamos temblando. Tragamos saliva y demás personas corrían.
Aquel monstruo se aproximaba con velocidad impresionante y lo único que pensamos fue correr al interior de nuestra casa. Cerramos las puertas y las ventanas. Desde dentro, vimos como algunos eran devorados por completo y otros a la mitad.
Aquella tarde, sobrevivimos. Y la situación comenzó a empeorar cuando había dinosaurios pequeños. Esos podían meterse a las casas, atacaban de noche o de día. Salir era un riesgo enorme.
¿Qué podíamos hacer si necesitábamos suministros?
Solo podían salir quienes eran veloces, tenían resistencia y sabían manejar un arma, para al menos ir por suministros en alguna tienda o un supermercado cercano.
El camino que conocíamos no era como antes, hablan escombros, cuerpos o sangre derramada.
Al ir por aquellos lugares, debía ser con extremo sigilo y mucha precaución. Pero al notar un silencio abismal, suelen bajar la guardia.
Cuando pasaba por los pasillos, pisé una bolsa de Sabritas al retroceder para buscar un producto que no lograba encontrar. Y en ese momento, escuché un gorjeo. No había donde esconderme, tenía que salir pronto del supermercado.
Caminé para llegar a la salida y al fijarme de un lado a otro, choqué con algo. En realidad, fue con mi hermana que me acompañaba. Me indicó que un dinosaurio se aproximaba y debíamos salir. No obstante, al llegar a la puerta vimos que estaba un dinosaurio. No grande, pero de al menos ciento cincuenta centímetros. Retrocedimos y este nos vio, por lo que atravesó la puerta rompiendo el cristal. Corrimos a las escaleras y subimos tan rápido como pudimos. Entramos a una de las puertas en un pasillo y la cerramos.
Aquel carnívoro pasó olfateando e intentamos casi no respirar. Se fue y al cabo de una hora, había mucho silencio, así que decidimos salir del lugar para regresar a casa.
Al bajar las escaleras, notamos que varias cosas estaban regadas en el piso. Y cuando finalmente estábamos por cruzar la puerta de salida del supermercado, apareció nuevamente ese depredador, pero está vez acompañado de dos más.
Mi hermana, Sonia, tomó el arma y salimos corriendo, pero realmente eran veloces y nos alcanzaron. Sonia les disparó y solo los detuvo por unos momentos. Yo estaba cansada, ya sentía que no podía más.
Estábamos a una cuadra de la casa y los dinosaurios venían por nosotros, sin embargo, alguien me había disparado en la pierna y caí al suelo. Sonia siguió corriendo y yo no podía levantarme con facilidad, me dolía tanto la herida.
Al levantarme, me di cuenta que era demasiado tarde para mí. Estaba rodeada de esos tres dinosaurios. Tenía tanto miedo que al ver como se acercaban lentamente no tuve mas opción que rendirme. No tenía con que defenderme ni quién me ayudara.
Entonces, fue en ese momento que uno saltó de frente hacia mí y me atacó con sus garras.
No sentí dolor, pues, había despertado de la pesadilla, pero comprendí que en ese agitado y espantoso sueño había muerto.

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