¿Héroes? ¿De verdad?

Reseñas generales

Cuando se habla de películas de superhéroes que fallaron, la mayoría piensa en las típicas de Hollywood: Marvel, DC, todas esas llenas de trajes llamativos, explosiones, frases épicas y un villano que, al final, nunca es tan distinto del héroe que lo combate. Pero si vamos al fondo del asunto, yo creo que muchas de esas películas fallan no solo en taquilla o en crítica… fallan en algo más importante: el mensaje.

Casi todas esas películas tienen el mismo molde. Aunque no usen “superpoderes” como tal, siempre hay algo: habilidades extremas, dinero ilimitado, inteligencia sobrehumana, fuerza descomunal. Y claro, lo que nunca falta: la destrucción. Me cuesta entender cómo tantas personas ven estas historias sin cuestionarse lo más básico. ¿De verdad es necesario destruir media ciudad para salvar a una sola persona? ¿Cuántas vidas se sacrifican “sin querer” en esas peleas? Edificios enteros que se vienen abajo, autos explotando, calles llenas de caos… y todo eso solo para detener a un villano que, muchas veces, ni siquiera justifica tanto desastre.

Si viéramos esas escenas como si fueran reales —como si en verdad pasaran en otra dimensión— tendríamos que aceptar que miles de vidas desaparecen sin que a nadie le importe. Nadie pregunta si había familias en esos edificios, si algún niño quedó atrapado en medio de una explosión, si la persona que terminó debajo de los escombros era alguien que solo iba camino al trabajo. El héroe se va feliz porque salvó a su amigo… pero dejó a cientos sin hogar, sin familia, sin futuro.

Y si el superhéroe no tiene poderes, sino que es un tipo millonario con gadgets y trajes oscuros, igual termina matando a todos los “malos”, incluso si uno de ellos solo era un joven confundido en malos pasos. En esas historias, lo único que importa es eliminar la amenaza. Pero nadie se detiene a pensar que incluso los que se equivocan tienen familia, sentimientos, un pasado. No se puede llamar justicia a una venganza disfrazada de salvación. La vida es vida. Y ninguna, por más rota que parezca, debería desaparecer solo porque alguien se cree con derecho a decidir quién merece seguir o no.

Todo esto ha hecho que se romantice la violencia. Que se vea como normal que un tipo destruya todo “por el bien común”. Y eso, poco a poco, ha afectado cómo vemos la vida real. Nos acostumbramos a que lo malo pase sin que lo notemos, sin que lo hablemos, sin que lo cuestionemos. Por eso valoro tanto espacios como este, que me permiten expresar lo que pienso más allá del entretenimiento.

Y sí, hay películas que me han mostrado lo que, para mí, es un verdadero héroe. Uno que no necesita capa, ni músculos, ni armas. Un héroe como el cuidador de la película Los Coristas (2004). Él llegó a un lugar donde los niños eran considerados “malos” y, en vez de castigarlos, les dio una oportunidad. Les enseñó música, paciencia, empatía. Los sacó de caminos difíciles con amor, no con golpes. Y lo más importante: no sacrificó a ninguno para salvar a otro. A todos los trató con la misma dignidad. Eso, para mí, es ser un héroe de verdad.

Porque ser héroe no es vencer al malo. Es evitar que alguien se convierta en uno. Es cambiar vidas, no destruirlas. Es sanar, no pelear. Y eso, pocas veces lo muestran en las pantallas.

 

 

— Julius Bolívar

Comentarios 0

Todavía no hay comentarios.

De este autor