"El Efecto Mesozoico"

Reseñas generales

 

Año 2042.
La humanidad había perfeccionado algo que durante siglos fue ciencia ficción: viajar en el tiempo. La máquina, creada en secreto por el proyecto internacional ChronoSplice, funcionaba mediante la manipulación de fisuras cuánticas en el tejido espacio-temporal. Pero el principio era claro: observar, nunca intervenir.

Hasta que alguien rompió la regla.

El primer equipo enviado al período Cretácico Superior fue liderado por la comandante Luisa Ortega, una exastrobióloga argentina, acompañada por un pequeño grupo de científicos y soldados. Su misión era simple: estudiar la biodiversidad de la era sin dejar rastro.

Pero algo falló.

En el día tres de exploración, un miembro del equipo —el joven tecnólogo ruso Ilya Malkov— fue atacado por un Troodon. En defensa propia, disparó su rifle de pulsos. El disparo no solo mató al dinosaurio… también arrasó un nido con tres huevos, y en ese momento, el tejido del tiempo se rasgó.

Se abrió una grieta dimensional. Un vórtice donde el pasado y el futuro comenzaron a mezclarse.

En cuestión de segundos, el equipo fue absorbido por una tormenta de luz y sombras. Cuando Luisa despertó, no estaba en el Cretácico, ni en su tiempo. Estaba en un mundo híbrido: un presente alterado, donde el concreto de las ciudades coexistía con junglas jurásicas. Edificios cubiertos de lianas, autos volcados junto a huesos de dinosaurios, y en el cielo… criaturas que no debían existir.

Los dinosaurios habían cruzado.

En esta nueva línea temporal, el evento cataclísmico que los extinguió nunca ocurrió. El meteorito había fallado. El Homo sapiens evolucionó de todos modos, pero en constante lucha con los colosos prehistóricos. Civilizaciones tecnodinosaurias emergieron, donde humanos domesticaban herbívoros gigantes, y carnívoros como el T. rex eran usados como armas vivientes.

Luisa pronto descubrió que no estaba sola. Varios miembros de su equipo también habían sobrevivido, pero estaban dispersos por distintas versiones de la realidad. Las grietas habían fragmentado el tiempo: existían múltiples "presentes", todos conectados por un colapso inminente.

La Autoridad Temporal Unificada —una organización que no existía en su línea original— la capturó y le explicó: el daño al pasado había desestabilizado la “línea base” del tiempo. Si no se cerraban las grietas, todas las realidades colapsarían en una sola —una amalgama sin lógica ni control, donde el tiempo sería una ruleta.

Luisa decidió regresar al punto cero: el Cretácico.

Pero esta vez no para estudiar. Para arreglar.

Con un dispositivo de realineación temporal —una suerte de detonador de fisuras— volvió al momento exacto del disparo de Ilya. Lo detuvo. Cambió la acción. Pero alterar una acción pasada para evitar una alteración... generó otra paradoja.

El universo reaccionó como un cuerpo herido. Las grietas comenzaron a cerrarse, sí, pero al hacerlo, tragaron partes de todas las realidades superpuestas. Cayeron ciudades enteras, especies híbridas, y hasta recuerdos completos.

Luisa sobrevivió. Pero despertó en una realidad nueva.
Parecida.
Casi igual.

Solo que, cada vez que camina por ciertos lugares, siente que hay algo fuera de lugar. Oye rugidos en la distancia, ve huellas imposibles en el barro después de la lluvia, y sueña con selvas que nunca visitó.

Porque aunque las grietas se cerraron…

Algo cruzó con ella.

 

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