"Los últimos humanos"

Reseñas generales

Mi hija nació el día que el cielo cambió de color. Fue también el día que la humanidad dejó de estar sola en la cima de la cadena alimenticia. 

Vivimos escondidos bajo tierra no porque queramos sino allá arriba.. están ellos.

Los llaman “dinosaurios”, pero no son como los libros los describían. 

Son más inteligentes, organizados, algunos incluso… se comunican.

Al principio pensamos que era un error del tiempo, una locura de laboratorio, pero fue un mensaje.

Un recordatorio brutal de que el mundo no nos pertenece.

Los humanos no sobrevivimos bien el primer año. Las ciudades cayeron, la naturaleza recuperó todo lo que le habíamos quitado.

Y nosotros, arrogantes hasta el último suspiro, tuvimos que aprender a desaparecer, a vivir entre suspiros y paredes de piedra.

Yo era bióloga antes del colapso. Ahora soy madre soy guardiana de historias que mi hija nunca ha vivido.

Ella me pregunta cómo era el sol, el mar, los árboles.

Me pregunta si los dinosaurios pueden soñar. 

Nunca sé que responderle.

Hay uno que viene seguido. Un velocirraptor. No ataca. Solo nos observa desde lejos.

Tiene algo en la mirada… algo que no logro explicar.

Hace unos días desapareció uno de los nuestros. 

Pensamos lo peor. pero al día siguiente, el raptor dejó algo en la entrada de la cueva: Una flor blanca, delicada. Extinta desde hace siglos.

Mi hija dijo que era un regalo. Yo dudé, pero en el fondo… quería creerlo.

Cada día me pregunto si ellos están recordando algo que no entendemos.

Si nosotros también fuimos alguna vez así: salvajes, dominantes, sin escuchar a nadie.

Ahora nos toca aprender desde cero. 

No solo a sobrevivir, sino a coexistir con algo más grande, más antiguo y quizás más sabio que nosotros.

La ciencia ya no es teoría, es supervivencia.

Y la empatía, nuestro único refugio.

Hoy ví al raptor más cerca. No hizo ruido, solo dejó otra flor y se fué.

Mi hija sonrió, yo sentí miedo, pero también esperanza. Tal vez esto no es solo el fin de nuestra especie en la cima, sino el comienzo de algo nuevo.

Tal vez, si ellos pueden adaptarse… también nosotros podemos cambiar.

Y si los dinosaurios pueden ofrecer flores…

¿Podremos nosotros ofrecer perdón?

A quienes nos aman pero nos han fallado ¿Ya los has perdonado? 

Que los dinosaurios hayan habitado nuestro mundo, solo es el simple ejemplo de como estamos nosotros cuidando nuestro planeta, de como estamos conviviendo los unos a los otros.

Mi hija descubrió la ternura y la humildad en un velocirraptor.

Porque la vida es así de simple, de humilde y de bella. 

Apesar de todo el caos, hubo amor y empatía en un dinosaurio por nosotros, esa criatura nos observaba pero no nos hacía daño al contrario, sentía mucha empatía por nosotros, es eso que deberíamos hacer los seres humanos.

Sentir empatía por nosotros mismos, cuidar de nuestro planeta.

Enseñarle a nuestros hijos que todo tiene su lado bello y amoroso.

¡Que muchas veces no es como luzcan los demás si no lo que llevan por dentro!

 

 

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