Capas y decepciones

Reseñas generales

Hace algunos años, en una reunión con amigos, surgió una de esas preguntas que aparecen entre los tragos y risas: 

“Si no fueras lo que eres ahora, ¿qué te hubiera gustado ser cuando eras niño o niña?”

Recuerdo muchas respuestas pretenciosas: científico, astronauta, futbolista (una de las más populares), cantante, músico... incluso no faltó quien, con aires de grandeza, dijo que ya era exactamente lo que siempre quiso ser el muy fanfarrón era analista de datos.

Pero yo —por ridículo que pudiera sonar— lo tenía clarísimo:

yo quería ser Batman.

 

Sí, así es. Antes que futbolista, actor o estrella de rock, mi sueño era convertirme en Batman.

Me hacía mis propios trajes, entrenaba en secreto, y planeaba que, cuando fuera millonario (detalle importante), me dedicaría a combatir criminales por las noches. Todo eso gracias a Tim Burton.

Esa es la magia del cine.

 

Lo mejor fue que al compartir mi sueño, todos fueron soltando los suyos: Superman, Spider-Man, Hulk, hasta princesas de Disney salieron a la conversación. Y entonces entendimos que hablábamos en serio.

 

Los niños sueñan con volar, con colgarse como Spider-Man, con tener un poder secreto que les permita ser invencibles. Y es que estos personajes no son otra cosa que los sueños de otros niños llevados a los cómics, que ahora tienen su historia en el cine. Benditos sean.

 

Antes de entrar en calor con el tema de películas de superhéroes que fallaron, hablemos de las que tienen alma, nos hicieron soñar y levantarnos del asiento, para tener el punto de comparación del por qué muchas otras que caben perfectamente en la misma bolsa, son malas.  

 

Empezaré con uno de mis favoritos cuando niño, Superman (1978) Dirigida por Richard Donner y Christofer Reeve como Superman, abrió la puerta de películas de superhéroes con alma, ese logotipo pesaba, mi padre me contó que cuando Superman alzó vuelo para salvar a Lois Lane en la azotea y agarra el helicóptero en el aire, el cine estalló como si fuera un gol en la final del Mundial. Eso es alma, eso es cine, sus películas posteriores fueron buenas y una última muy mala que pareció que condenaba al personaje como un presagio, en fin, nos quedamos con las primeras.

 

En esa época personajes como Spider-Man, ya tenían su lugar asegurado en los cómics, pero aún no existían los efectos visuales capaces de hacerle justicia a su universo trepidante y ágil en una película, de hecho tiene una que está en el baúl de cosas para tirar. No será hasta décadas mas tarde que Peter Parker tuvo la oportunidad de colgarse de los rascacielos con credibilidad. Batman estaba con una serie divertida en televisión y otros superhéroes como el Capitán América o Hulk andaban por ahí entre televisión entretenida y pésimo cine.

 

En ese vacío, llegó Tim Burton con su gótica, oscura y estilizada versión del Caballero de la Noche, maravilloso. No solo creó una estética visual que marcó tendencia, sino que estableció el canon moderno de cómo debía contarse una película de superhéroes: con tragedia, atmósfera, humanidad y espectáculo, la música de Danny Elfman, Jack Nicholson como Joker, y Michael Keaton como el mejor Batman hasta entonces.

 

Batman regresa (1992) fue más oscuro, más adulto, más complejo y excelente secuela. 

 

Pero después de eso… todo cayó. La década del 90 fue un terreno baldío para los superhéroes:

 

Steel con Shaquille O’Neal, si así es, Shaquille O’Neal, The Phantom, Spawn, Daredevil. Todos intentos sin alma, sin peso, sin riesgo. Por ahí salió una dominguera con las Tortugas ninja, sin transcendencia. 

 

Y entonces, en 2002, Sam Raimi nos trajo Spider-Man.

Esa película devolvió a la humanidad el género. Peter Parker no era millonario, ni oscuro, ni perfecto. Era nosotros, entonces el alma regreso con esta gran producción rompiendo récords y haciendo valer cada efecto especial con alma y realismo. Ese fue el inicio del mundo de los superhéroes.

 

Luego vino la cima: The Dark Knight (2008) de Christopher Nolan, con Heath Ledger como el Joker Volvió a poner al caballero de la noche en la cúspide, obra maestra, la siguiente también fue una gran pélicula recuperando todo lo que Batman Begins (2005) no logró alcanzar. Esa era la manera de contar con modernidad a un superhéroe poniéndole alma al guion. Esas son, para mí, las últimas grandes películas de superhéroes.

Pero después llevo el mundo de Marvel y DC ¿saben algo? Cuando alguien me dice que son fanáticos del universo Marvel o DC, doy por hecho que esa persona de cine no sabe nada, dinero y más dinero, es lo que es, sin alma, pero para los verdaderos amantes del cine de superhéroes, sabemos que les dieron un pésimo trabajo a las nuevas generaciones. Decadencia disfrazada de éxito.

 

Marvel lo industrializó.

 

Iron Man, Thor, Capitán América, Avengers… y así hasta más de 30 películas. Algunas buenas, otras funcionales. Muchas olvidables. 

 

Pero el problema no fue la cantidad: fue la repetición, la falta de alma, el molde reciclado.

Efectos especiales sobre guion, chiste sobre emoción fanfarria sobre mensaje.

Y lo voy a decir sin miedo: Un fan, un verdadero fan, hubiera escrito mejores guiones que la mayoría de los que trabajaron para esas películas desechables de Marvel y DC.

Con toda esa mitología, con todos esos personajes… ¿cómo es posible que la Liga de la Justicia haya salido tan insípida, tan desconectada?

Ni siquiera Zack Snyder’s Justice League logró emocionar como debería.

 

Y no olvidemos que explotaron el multiverso de esos Héroes, haciendo combinaciones que ya caían en lo ridículo, de verdad que, si hubiera salido Michael Jordan con superpoderes en esa franquicia, a nadie le hubiera sorprendido. Así de lavadas estaban las mentes.

 

Y Superman, nuestro Superman, creó que ha sido la decepción más grande de superhéroes, el canon que dejó Christopher Reeve, no volvió a brillar igual. Ni Henry Cavill, ni los intentos oscuros de Snyder lo rescataron del abismo. ¿Cómo es que el héroe más puro, más noble, más luminoso de todos terminó tan desdibujado?

 

Mira al Joker (2019), una exploración brutal de la salud mental y la marginación. Fue una obra maestra del universo de los superhéroes. Todd Phillips, les dio una bofetada a esos fanfarrones de Marvel y DC diciéndoles, así se hace una película de superhéroes, con un Joaquín Phoenix en una de sus mejores actuaciones, si no es que la mejor (lástima que en la segunda entrega todo se fue por el desagüe ¡Vaya locura! Nos quedamos con la primera).

 

Logan (2017) también tiene su mérito, crepuscular, existencial, real y no se diga Dead Pool con su alma vulgar captó mucho la atención de este universo, incluso Venon con Tom Hardy tuvo una pequeña chispa, pero así se desperdiciaron los billetes.

 

Poder sin propósito.

El problema de las películas de superhéroes modernas no es que sean malas, es que muchas son vacías, no nos inspiran, no nos duelen, no nos transforman. Nos entretienen y se olvidan, quisieron convertir a los héroes en productos, no en símbolos y olvidaron que los niños no sueñan con una escena post-créditos, sueñan con volar.

 

Queremos volver a creer como cuando vimos volar a Superman por primera vez. Queremos volver a temblar como cuando el Joker quemó el dinero frente a la mafia. Queremos héroes que nos hablen de nosotros, no de franquicias. Yo ya no quiero ser Batman. Quiero ser quien escriba la próxima gran historia de superhéroes.

Y ustedes ¿aún sueñan con volar?

 

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