,,,,Los Dinosaurios ,,,,

Reseñas generales

“”"Los Dinosaurios si vivieran hoy “”".   Si los dinosaurios vivieran hoy la gentes les cojerias miedos al ver las películas aterradora d ellos pero , miren dinosaurios vengan que los esperamos y verán como  volaremos sobres ustedes. Recorreremos el mundo cruzaremos juntos mar viajaremos de países en países ,, y no les tendremos miedos a tormentas serás un viajes de aventuras en el aires sobres mares  las maravillas en los aires los dinosaurios al ataque será increíble ver estos vuelos de dinosaurios con personas volando huyendo de los demás feroces mientras algunos países se pelean los dinosaurios huyen en defensa pero son ganadores “La Vecina del T-Rex”

Cuando desperté esa mañana, no fue el sol lo que me saludó, sino un rugido tan fuerte que hizo temblar las paredes de mi pequeña casa. Pensé que era un terremoto, pero al asomarme por la ventana, lo vi: un T-Rex gigantesco, con los dientes más grandes que una nevera, estaba devorando el techo de la tienda de celulares del barrio.

“¡Ya no hay delivery que aguante esto!”, grité con desesperación, mientras trataba de que no se me cayera la dentadura del susto.

Los dinosaurios habían vuelto hacía seis meses, y hasta el día de hoy nadie sabe con certeza cómo ni por qué. Algunos dicen que fue culpa de un experimento secreto de clonación en algún laboratorio escondido. Otros creen que simplemente salieron de las profundidades de la Tierra, donde habían vivido ocultos durante siglos. Lo único seguro es que ahora compartimos el mundo con ellos… aunque no se pueda pedir pizza sin que un pterodáctilo se lleve al repartidor.

Al principio hubo caos, claro: gente corriendo, militares gritando, helicópteros por todos lados. Pero poco a poco, la humanidad hizo lo que mejor sabe hacer: adaptarse. En mi barrio instalaron cercas eléctricas, cámaras de seguridad y alarmas antirugidos. Pero aún así, nada impedía que el Velociraptor de la esquina se metiera cada tarde a robarme las papas del huerto.

Yo no soy científica, ni política, ni rica. Soy solo una mujer común, con problemas comunes… como el azúcar alta, las rodillas que crujen al subir escalones y un esposo que ronca como si tuviera un motor de camión en el pecho.

Pero todo cambió el día que el T-Rex decidió pasear por el parque donde juegan mis nietos.

Ahí no me aguanté.

Me puse mis chancletas, tomé mi bastón, me recogí el pelo como pude y salí a la calle con paso decidido. Me paré frente al dinosaurio y, sin miedo, le grité:
“¡Tú no vas a romper más la paz de este barrio, o vas a conocer el verdadero poder de una abuela molesta!”

Y ahí fue cuando pasó lo increíble. El T-Rex se detuvo. Me miró. Me olfateó. Y luego… se dio la vuelta y se fue, como si entendiera cada palabra.

Desde ese día me gané un nuevo apodo: “la señora que regañó al T-Rex”. Los niños me saludan con respeto, los adultos me piden consejos, y hasta los dinosaurios del barrio me evitan. Ahora, cada tarde, desde mi ventana, le tiro pan viejo al triceratops del frente, que espera pacientemente como si fuera un perro callejero.

 

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