Diálogos jurásicos

Reseñas generales

¿Y si la respuesta no está en el futuro sino en el pasado?

 

Chicxulub, noroeste de Yucatán, México.

 

El equipo de investigación paleontológica del Instituto de Geología explora el área del cráter Chicxulub como parte de un nuevo estudio encabezado por la doctora Aceves y su grupo. 

Mientras sondean el área, el estudiante de doctorado; Martín, el más metódico e incrédulo de la brigada científica cuestiona a la líder:

 

- ¡Vamos Doctora! ¿En verdad cree que los seres humanos y los dinosaurios compartieron el mismo tiempo?

 

- Hay evidencia de ello, ¿por qué no? Sólo porque tu prefieres creer en Darwin y lo que aprendiste en la escuela no quiere decir que no haya otras “teorías” e incluso verdades con mayor valor y sustento. ¿Qué es una teoría? solo una idea encajada con pedazos de “muestras” que ha tenido buena publicidad…

 

Inclina su cabeza, baja los anteojos sobre su  nariz recta y mira al estudiante levantando levemente la ceja izquierda para decir:

 

- Pero bueno, para eso tendrías que desamarrar las cuerdas de “educación” que atan tu cabezota. 

 

El estudiante calló alrededor de un minuto e insistió:

 

- Pero, aunque eso fuera cierto, ¿cómo habría podido sobrevivir el hombre al meteorito que mató a toda una forma de vida?

 

- ¡Piensa Martín, piensa! ¿Cómo han sobrevivido las cucarachas?

 

- Pero no somos cucarachas

 

- Y tampoco dinosaurios… Somos la única especie que puede vivir prácticamente en cualquier ecosistema, aún los más extremos. 

O ¿acaso sólo concibes una convivencia entre dinosaurios y humanos a lo “Jurassic Park”? 

 

El equipo continuó recogiendo muestras bajo la dirección de la Doctora Aceves y regresaron a Puerto Progreso al atardecer. Habiendo estado todo el día caminando con el sol de la costa del Golfo y examinando el área del cráter; el grupo, conformado por 3 investigadores, 2 estudiantes de doctorado y la doctora, se encontraba exhausto y hambriento. 

Todos menos la doctora Aceves, decidieron salir a comer a alguna de las fondas lugareñas y acordaron llevarle algo de comer.

Encontraron una pintoresca fonda con precios módicos que vendía mariscos y antojitos yucatecos cerca de la playa. Se sentaron en las sillas blancas de plástico y hablaron sobre cómo había pasado el día.

 

- Te pasas Martín. ¡Cómo chingas a la doctora! Reclamó Miguel

 

- Oye, ¿apoco tu si crees en sus ideas? Parece que la sacaron de algún manicomio de la Edad Media, no sé cómo llegó a la jefatura del departamento… Además  ¿no te parece una estupidez que estemos buscando evidencia que pruebe que el meteorito caído no era un meteorito? 

 

- Le das poco crédito, ha escrito innumerables artículos que justifican su investigación

 

- ¿Basado en qué?; ¿leyendas?, ¿petroglifos de dudosa edad?... puros cuentos

 

- ¿Porqué le das menos credibilidad a la evidencia antropológica?, la filología de  vocablos antiguos nos ha llevado a desarrollar con certeza escenarios imposibles de imaginar de otra forma. Lo que pasa es que tu visión es muy corta. Remata Miguel

 

- Naa, na, na, na, na, que yo sea más riguroso es otra cosa

 

La joven que atiende el pequeño restaurante trae cervezas y toma la orden. Carlos, uno de los investigadores más veteranos, toma un trago, mira a Martín y le dice:

 

- Deberías acercarte a hablar con ella

 

- ¿Pues no es lo que hice hoy?, pero se siente una vaca sagrada, no se le puede cuestionar nada.

 

- Yo dije hablar, no atacar poniendo en duda todo lo que ella sostiene. Escúchala. Ella viene de una familia muy especial que…

 

- Mjmmjm. Aclara la garganta e interrumpe el segundo investigador, Tonatiuh. 

Ya tardó la comida, ¿no? y está anocheciendo. ¿Y si pedimos para llevar?

 

…

 

Al siguiente día en un descanso a media mañana, Martín, siguiendo el consejo de Carlos,  se dirigió a la doctora con una botella de agua y se la ofreció.

 

- Disculpe doctora, he sido rudo con usted

 

- No te preocupes Martín. He lidiado siempre con eso

 

- Es que no la entiendo muy bien, qué la motiva a demostrar cosas tan raras, tan contrarias a su formación académica. 

 

La doctora sonríe y mira a lontananza

 

- Yo soy lo que soy… Respondió enigmática. 

No una doctora. 

¿Tienes familia Martín?

 

- Mis padres, viven en Sonora.

 

- ¡Qué curioso! Has escuchado entonces de los Hohokam

 

- No

 

- Martín, ¿qué clase de arqueólogo eres que no indagas en tu propia raíz?

 

Martín hace una media sonrisa y se encoge de hombros. 

 

- Hay una leyenda Hohokam que habla de los orígenes de la forma de la Tierra. Cuentan las primeras canciones, cuando la Tierra era sólo una…

 

- Se refiere a la Pangea, ¿verdad?, pero ¿eso no contradice…?  Interrumpe Martín

 

- Martín, por favor, cállate si quieres saber. 

Según la sabiduría de los Hohokam, cuando el ombligo de la Tierra era fuego de polvo, como el suelo mismo de los Hohokam, y hervían nubes de agua en las orillas verdes, la Tierra parió a los gigantes. 

Ellos cubrían todo y su grandeza parecía reinar sin fin. 

Pero el centro del sol arrojó una canica sobre la Tierra y surgieron truenos de sus entrañas.

La canica se evaporó y brotaron “los solares”, los nuevos habitantes, los que escribieron nuestra historia en piedras.

Los solares vieron a los gigantes caer poco a poco sin poderse levantar y también vieron a la Tierra levantarse y nadar.

 

Martín no daba crédito a lo que escuchaba, no sabía qué decir. Finalmente dijo:

 

- ¿Por eso estamos aquí?, pero yo pensé que sólo acabaríamos fechando nuevamente la caída del meteorito… Espere, ¿Está sugiriendo que somos …?

 

 

 


Gracias por haber llegado hasta acá. Me gustaría mucho saber qué piensas, incluso si no te gustó. Y, claro, si así fue podrías dejar una luz. 

Comentarios 2

E
elninjax16 de julio de 2025
Muy buena la cadencia del texto, el camino hacia el final es espectacular. Pasé un buen rato imaginando cómo sigue.
S
Señorita Tocino6 de julio de 2025
Woooo!!! Sin palabras, con ganas de saber más, que genial redacción, ame el relato, una lucesita que ilumine tú genialidad.

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