Finales sin beso...

Reseñas generales

 

El amor… bueno, la idea del amor, es algo que ha estado presente en mi vida desde que era niña: en las películas, las reuniones familiares, los cuentos para dormir, los comerciales... está en todos lados.

 

Aquí quiero centrarme en algo muy importante: las películas. Desde pequeña las he visto y he comprobado cómo pueden tener un impacto profundo en las personas. Son capaces de moldear generaciones enteras. Una sola película puede cambiar por completo tu forma de ver algo. Yo crecí con las películas de Disney, donde la trama era bastante clara: una mujer está sola, su vida no es del todo plena (en algún sentido), aparece un peligro, llega un hombre que la rescata, se enamoran y viven felices para siempre.

 

Pero no quiero detenerme a debatir si una mujer debe o no ser rescatada para encontrar su "felices por siempre". El punto es que desde niñas nos insertan esa idea: el beso del amor verdadero, el final perfecto, donde todo mágicamente se soluciona.

 

Esas fueron las películas que vi por años: los clichés donde la nerd se enamora del popular, la pobre del rico, la chica invisible del galán... y así.

 

¿Y qué provoca eso? Que crezcas con una idea equivocada del amor. Lo idealiza, lo endulza demasiado. No el amor en sí, sino la expectativa que se forma a partir de él. Afortunadamente, hoy en día existen películas más reales.

 

Títulos como “Y nadie más que tú”, “A dos metros de ti”, “Historia de un matrimonio”, “Romper el círculo”, “La La Land”, “Yo antes de ti” muestran otro lado del amor. Nos enseñan que amar no siempre es suficiente, que querer no siempre es poder, que a veces el amor tiene fecha de caducidad. Que hay amores que, aunque intensos, también deben dejarse ir. Y esos son mensajes que deberíamos empezar a valorar.

 

Amar es elegirse mutuamente todos los días. Es aceptar las sombras del otro, sus errores, sus heridas. Es reconocer que, a veces, la persona que amamos no nos ama como merecemos o como necesitamos ser amados. Es saber que hay historias que llegan solo para enseñarnos, prepararnos o transformarnos, no necesariamente para quedarse.

 

Y eso también está bien.

 

Hoy estamos en un punto donde quienes crecimos viendo películas donde el amor era algo mágico que simplemente llegaba, hemos comprendido que no es así. El amor no viene en bandeja de plata. No es algo que tomas y con eso basta para ser feliz para siempre. El amor real se busca, se elige, se construye. Se trabaja todos los días. Porque a pesar de los desacuerdos, los errores y las heridas, ambas partes deciden quedarse.

 

Las películas actuales intentan mostrar ese amor real, crudo, imperfecto. Porque el amor verdadero también puede doler. Ya no siempre termina con un beso que lo resuelve todo. A veces el final no es estar juntos… y eso también puede ser amor. 

 

Una historia de amor no siempre será lineal. A veces, hay que dejar ir para reencontrarse con una versión diferente, más madura y lista para continuar la historia desde otro lugar.

 

 

Y creo que eso es lo más valioso en esta evolución sobre cómo las películas nos hablan del amor: que hemos entendido que no existe una sola forma de amar. El amor no cabe en un molde, no está hecho para cumplir expectativas ajenas, ni responde a un guion fijo. Cada historia es profundamente personal, porque el amor —como nosotros— está en constante crecimiento y transformación.

 

Comentarios 2

M
Mangle Angeles4 de julio de 2025
Aprender que el amor no es perfecto al igual que nosotros es una enseñanza increíblemente valiosa que muchas personas en la actualidad deben aprender
L
La Butaca Imaginaria3 de julio de 2025
Finales sin beso, pero llenos de realismo: una mirada sincera al amor imperfecto que se siente más auténtico que cualquier cliché.