Cuando los superhéroes fallan
Reseñas generalesNo todos los héroes ganan. A veces, ni siquiera salvan su propia película.
Durante los últimos veinte años, las películas de superhéroes dominaron las salas de cine, las redes, los juguetes y hasta las conversaciones familiares. Todos teníamos un héroe favorito. Todos, en algún momento, creímos que este género podía ser algo más que solo acción y capas. Pero con el tiempo, esa magia empezó a desgastarse. No por exceso de historias, sino por la falta de alma.
Muchas películas llegaron con promesas gigantes: que iban a redefinir el género, que íbamos a ver “el lado humano del héroe”, que esta vez sí iba a ser distinto. Pero la mayoría terminó siendo una mezcla confusa de CGI, chistes forzados y escenas postcréditos que anunciaban un universo que ya no nos importaba.
Una de las grandes desilusiones para mí fue Batman v Superman: El origen de la justicia (2016). Dos de los personajes más icónicos del cómic enfrentados en una película que, en teoría, debería haber sido inolvidable. Pero lo que recibimos fue un caos de tonos oscuros, motivaciones flojas y un conflicto que se resolvía con una coincidencia absurda (“¿¡Tu mamá también se llama Martha!?”). No se trataba de verlos pelear. Queríamos entender por qué. Queríamos sentir que había algo en juego. Pero nunca nos dieron eso. Solo ruido, sombras y promesas rotas.
Otra gran caída fue Morbius (2022). Se vendía como una historia oscura, con un antihéroe atormentado, una nueva cara para el universo Marvel/Sony. Pero terminó siendo una película sin identidad, sin ritmo y sin una idea clara de lo que quería contar. Jared Leto parecía estar en otra película distinta al resto del elenco, y todo lo que prometía misterio y profundidad se volvió aburrido y predecible. La famosa frase "It's Morbin’ time", que nació como un meme, dice mucho: nos reímos de la película, no con ella.
Y ni hablar de The New Mutants (2020). Era una oportunidad increíble para mezclar terror psicológico con superpoderes, una nueva generación de héroes más rotos y reales. Pero por detrás había regrabaciones, cambios de guión, retrasos y una sensación de que nadie sabía qué estaban haciendo. Lo que podría haber sido una renovación terminó como un producto desganado, atrapado entre géneros, sin fuerza para destacar.
Estos fracasos no solo duelen por ser malos. Duelen porque venían con potencial. Porque el género ya había demostrado que podía hacer cosas buenas: Logan, Spider-Man: Un nuevo universo, The Dark Knight. Películas que se animaron a explorar la pérdida, la identidad, el dolor, y que nos mostraron que los héroes también pueden ser humanos. Pero cada vez que una nueva película decepciona, se vuelve más difícil creer que haya algo más que repetir fórmulas y vender entradas.
Y entonces te preguntás: ¿por qué seguimos yendo? ¿Por qué seguimos esperando que esta vez sea diferente?
Quizás porque todavía creemos que es posible. Porque en algún lugar, queremos volver a sentir lo mismo que cuando vimos volar por primera vez a Superman, o cuando Peter Parker decidió que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. No queremos fuegos artificiales. Queremos historias que nos importen.
Lo que más me molesta de estos fracasos no es que sean aburridos. Es que no se arriesgan. Que creen que poner un traje bonito, una pelea en el cielo y una canción épica de fondo es suficiente. Pero ya no lo es. Necesitamos que los superhéroes vuelvan a tener algo que decir. Que luchen por algo más que una gema brillante o una línea del tiempo.
Porque cuando el cine de superhéroes falla, no solo se cae una película. Se cae la idea de que el bien puede ganar. Y yo, sinceramente, ya no tengo tanta fe en que eso pase.



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