Lalo Schifrin - Vamos las bandas
Conocimiento cinematográficoVamos las bandas
Inauguro una nueva sección, llamada Vamos las bandas, inspirada en un ciclo radial del mismo nombre que llevé adelante hace unos diez años en Radio Nacional, como parte del mítico Rosario Vivo. Fueron en total 70 programas en dos años que repasaron las carreras de los grandes compositores de bandas sonoras de la historia del cine. Recomiendo leer estos artículos escuchando de fondo algunas de las composiciones citadas.
Entiendo que solo puedo empezar de una forma, con un homenaje al más célebre compositor argentino de bandas sonoras de todos los tiempos, Lalo Schifrin, que acaba de partir tras una extraordinaria carrera.
Boris Claudio Schifrin nació en Buenos Aires, el 21 de Junio de 1932. Ya a los seis años empezó a estudiar piano, animado por su padre. Su primer maestro , Enrique Barenboim, también fue padre de otro célebre músico argentino, Daniel Barenboim.
En los años ´50 estudió en el conservatorio de Paris y a su regreso a Buenos Aires conoció, en 1956, al mítico trompetista Dizzy Gillespie. En ese extraordinario encuentro participaron otros dos jóvenes músicos más que prometedores, Quincy Jones y Astor Piazzolla. En estos años también hizo su debut en la música de cine, con dos trabajos disímiles. Primero una breve participación en Venga a bailar el rock (1957) que no tiene grandes méritos artísticos pero sí históricos, fue la primera película de rock de Argentina y de Sudamérica. Luego llegaría algo más importante, nada menos que El jefe (1958), de Fernando Ayala.
Pasaría poco tiempo para que el talentoso Schifrin se mudara a Nueva York y se convirtiera en director musical de la banda de Gillespie, hasta 1962. En este período compuso su suite Gillespiana (1958), que es lo que escucho mientras escribo estas líneas.

Pero todo eso era apenas el principio. Ese vínculo fructífero con el mundo del jazz, y en particular del emergente jazz latino, pronto se convertiría en un vínculo aún más fructífero con Hollywood, adonde se mudaría en 1963, y allí mismo permanecería hasta el fin de sus días. Su carrera en ese mundo es impresionante. Hurgando en IMDB descubro que sus composiciones aparecen en nada menos que 220 películas y series.
Sin embargo, no trabajó sólo para la industria norteamericana. Ya mencioné el antecedente en el cine argentino, y tras varios trabajos para televisión llegaría un largometraje del gran René Clement, Los felinos (1964), un polar (policial negro francés) protagonizado por Alain Delon y Jane Fonda. Inmediatamente después, El liquidador (1965), en el Reino Unido. Un trabajo de Jack Cardiff, gran director de fotografía que merece un artículo pronto. El regreso al cine de Estados Unidos sería con un clásico protagonizado por Steve Mc Queen, El rey del juego (1965), también conocida como The Cincinnati kid, dirigida por Norman Jewison.
Tras dos comedias, una de Jerry Lewis y otra de Dean Martin, figuras que se habían distanciado y trabajaban por separado, llegaría el hito más grande, el más celebrado y recordado de toda su carrera. Un regreso a la televisión para componer la banda sonora de Misión Imposible. Ya me he referido a la serie y a la saga de películas en un artículo previo. Dejo para el final un dato de como se compuso ese tema tan particular, si deciden aceptarla.
1967 es otro gran año para Schifrin. En televisión, otro éxito, aunque no tan rutilante como el anterior, Mannix. Su tema principal es muy recordado y mantiene el estilo de jazz sinfónico y atrapante. En cine, La leyenda del indomable, de Stuart Rosenberg, y con Paul Newman, primera nominación al Oscar. Aquí se aparta de su estilo habitual y vira hacia algo más despojado y melancólico. Pero antes de ese trabajo ya había completado otro para un film canadiense que se estrenó un año más tarde, La zorra (1967). Se trata de un drama arriesgado para su época, al abordar la relación entre dos mujeres. Las composiciones calmas están en sintonía con lo mencionado previamente. Fue su segunda nominación.
Tanto reconocimiento tiene sus consecuencias. En 1968 compone cinco bandas sonoras importantes, pero sólo destacaré una, Bullit (1968), de Peter Yates. Una muy bella película de acción que no sigue los lineamientos del género y fue algo incomprendida. La banda sonora regresa al estilo cool, más cercano a Henry Mancini.

En 1969 trabajó en una película que convendría olvidar, Che!, de Richard Fleischer. Su música se vuelve andina, pero cualquier análisis queda opacado por el ridículo del propio film. Un año más tarde, llega la divertida El botín de los valientes, con Clint Eastwood. Schifrin trabajó en nueve películas con él, siendo la más recordada Harry el sucio (1971), de Don Siegel. En el mismo año había hecho también con ellos la más interesante El seductor, y su banda sonora también es inusual y enigmática. No hay que olvidar que también en 1971 Lalo trabaja con George Lucas, antes que el célebre John Williams, para su debut en el cine con THX 1138. Su trabajo se aleja de tópicos de ciencia ficción y se acerca a la música clásica y religiosa. Es un período indudablemente prolífico.
Si bien el trabajo no decae, los films en los que colabora ya no son tan celebrados. Hay por supuesto, excepciones, como Operación Dragón (1973) y las recordadas series Petrocelli (1974) y Stasky y Hutch (1975). Un nuevo trabajo con Stuart Rosenberg, El viaje de los malditos (1976) le valdría una nueva nominación al Oscar. Con este director trabajaría en ocho ocasiones, siendo las más recordadas, además de las citadas, Terror en Amityville (1979), con otra nominación, y Brubaker (1980).
En 1981 vuelve a trabajar en el cine argentino, componiendo la banda sonora de Los viernes de la eternidad, de Héctor Olivera, y con producción de Fernando Ayala, con quien ya había trabajado en El jefe. En el mismo año colabora con Liliana Cavani en La piel, protagonizada por Marcello Mastroianni.
De todo lo que siguió, que sigue siendo mucho, destacaré menos títulos, El cuarto protocolo (1987), de John Mackenzie, Tango (1998), de Carlos Saura y Rush Hour, del mismo año, aquella comedia de acción con Jackie Chan (que alguna vez fue extra en Operación Dragón). El trabajo con Saura le valió su única nominación a un Cóndor de Plata.
Su último trabajo importante fue para Al caer la noche (2004), aunque siguió activo hasta el 2020. En el año 2019 finalmente llegó el Oscar Honorífico, una módica compensación de ese premio negado en varias oportunidades.

Para Lalo Schifrin imaginar semejante carrera, desde aquel encuentro con Gillespie, debe haber sido imposible. Todo esto es apenas un resumen. Lo mejor sigue siendo escucharlo.
Misión cumplida.
Una anécdota posible
Lo prometido. El tema de Misión Imposible contiene un mensaje en código. Modesto, pero mensaje al fin. El código es nada menos que el Morse, allí la M está representada por dos rayas, que se corresponden a dos sonidos largos, mientras que a la letra I le corresponden dos puntos, o sea dos sonidos cortos. El tema tan conocido y tan reconocible, ese PA PA - pa pa - PA PA, podría leerse como una sucesión emes y de ies en código Morse.




















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