"KHERON"
Reseñas generalesMi amigo el monstruo
Una historia de sombras, amor y fuego
Prólogo: El día que dejaron de creer en los monstruos
Cuando era niña, mi madre solía decirme que los monstruos existían… pero que algunos venían a salvarnos.
Me gustaba pensar que el mío tenía alas rotas, ojos tristes y manos de árbol.
Tenía razón.
Solo que el mío… también tenía hambre.
Capítulo I: Cenizas en el cielo
Tenía 13 años cuando el mundo ardió.
Las sirenas no sonaban por advertencia, sino por costumbre. El gobierno había prohibido los cuentos, los libros, los nombres que no estaban en su lista.
Mi padre era escritor.
Lo ejecutaron al amanecer.
Hice lo que cualquier niña haría: corrí hacia lo prohibido. Hacia el Bosque Oscuro. Hacia la leyenda que decía:
“Donde termina el ruido, empieza la bestia.”
No esperaba sobrevivir.
Pero la bestia sí.
Capítulo II: El hambre del guardián
Se llamaba Kheron.
Aunque no hablaba, lo leí en sus cicatrices.
Cada marca era una historia.
Cada respiración, un lamento.
Su cuerpo parecía hecho de madera y acero oxidado, como si el bosque lo hubiera construido con lo que la humanidad había desechado: miedos, secretos, promesas rotas.
Yo tenía hambre.
Él también.
Nos alimentamos el uno del otro:
—Yo le contaba cuentos.
—Él cazaba para mí.
Pasaron los años.
Y sin darme cuenta… ya no quería escapar del bosque.
Capítulo III: Cazadora de sombras
A los 17 ya era una leyenda.
La niña que vivía con el monstruo.
Los aldeanos dejaban ofrendas en el borde del bosque.
Los soldados que entraban… no regresaban.
Kheron nunca los mataba por gusto. Lo hacía por mí.
Yo se lo permitía. Lo necesitaba.
Hasta que conocí a Éloi.
Un prisionero herido, con ojos que no sabían odiar.
Lo encontré bajo una raíz rota. Kheron quería devorarlo.
Yo lo protegí.
Y en el proceso, Kheron sintió algo que nunca había sentido antes.
Celos.
Capítulo IV: La humanidad que duele
Éloi me habló del mundo exterior.
De la rebelión. De los fuegos que ardían bajo la tierra.
Me habló de libertad.
De amor.
De mí.
—“Eres una llama, no una hoja.”
—“No naciste para esconderte.”
Quise creerle.
Y por primera vez, dejé que alguien me tocara el alma.
Kheron lo vio todo.
Esa noche no volvió a cazar.
Solo observó la luna.
Y a la mañana siguiente… se marchó.
Capítulo V: El rugido final
El ejército llegó.
Querían el bosque. Querían a Kheron. Querían a mí.
Yo peleé. Con garras. Con fuego. Con rabia.
Pero eran muchos.
Éloi cayó primero. Una bala al pecho.
Mis gritos no fueron suficientes.
Y entonces...
El bosque rugió.
Kheron regresó, más grande, más oscuro, más… monstruo.
La tierra tembló. Los árboles se inclinaron. El cielo sangró.
Kheron destrozó el mundo para salvarme.
Y yo…
Le susurré:
—Ya basta. Ya estoy contigo.
Lo abracé mientras se deshacía.
Humo, raíces, polvo.
Como si nunca hubiera existido.
Epílogo: De donde nacen las leyendas
Ahora soy la Guardiana del Bosque.
Los niños me dejan cartas en la frontera.
“¿Es cierto que tu monstruo era bueno?”
Yo les sonrío.
Y les digo:
“A veces, el amor más puro viene con garras.
Y el alma más noble…
nace entre sombras.”
En noches sin luna, escucho su respiración en las ramas.
Y sé que, de algún modo,
mi amigo el monstruo…
nunca se fue.
FIN


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