¡Shh!

Narrativa

Estábamos en un punto muerto.

 

La radio dejo de funcionar apenas entramos al túnel, también nos estábamos quedando sin aire a tal profundidad.

 

La soga se rompió al atascarse con un risco y apenas podíamos ver alrededor.

 

Era claustrofobico escuchar nuestra propia respiración estancada en tal lugar. En cinco años, nunca nos había pasado algo así antes.

 

—¿Funciona la linterna?

 

Anderson negó con la cabeza, pude sentir el movimiento aunque no lo ví, y mis hombros se tensaron con el miedo sutil que empezaba a recorrer mi cuerpo.

 

Nunca fui claustrofobica o tuve miedo a la oscuridad, pero esa cueva no era como las otras. Lo supe en la entrada, y apenas empezamos a quedarnos sin señal cuando pisamos ese agujero.

 

Me dolía la pierna por el golpe del aterrizaje cuando se rompió la soga, pero podía avanzar sin dificultades.

 

—Debemos encontrar otra salida, Catherine —dijo Anderson—. ¿Puedes caminar?

 

—Sí. ¿Ustedes están bien?

 

—¿Además de estar atascados aquí sin oxígeno y luz? —Oscar chistó, haciéndome reir—. Estamos de maravilla.

 

La risa se atoró en mi garganta al sentir un movimiento cercano, como un susurro, pasar justo en mi oreja, dónde Oscar habló.

 

Me giré en esa dirección, siendo recibida por la oscuridad.

 

—¿Oscar? —Anderson se movió a mi lado, palpando en la oscuridad, y yo sentí mi pulso acelerarse.

 

Un ligero sonido de queja, y, después, nada.

 

Podía escuchar el deslizar de un cuerpo grande y pesado. Ni siquiera pude gritar al entender lo que pasaba. Mi cuerpo se quedó plantado allí, mis órganos conteniendo cualquier tipo de acción, impidiendome incluso respirar.

 

—Catherine, no te muevas.

 

Sentí la luz en mi rostro.

 

Anderson tenía una linterna en su mano, y, aunque titilaba y parecía dañada, me ayudó a ver mejor lo que pasaba.

 

Anderson deslizó la linterna al suelo frente a mi, y mi pecho vibró tan fuerte que sentí el corazón latiendo en mi garganta, atascando mi respiración.

 

Oscar estaba en el suelo, su cuello roto por la caída de cuando eso impactó contra él.

 

No veía sangre por ningún lado, tampoco heridas visibles, solo a una criatura horriblemente gigante sobre su cuerpo, olfateandolo.

 

Eso no era humano, ni remotamente se acercaba a algo que hubiese visto antes.

 

Aunque tenía brazos y piernas comunes, se arrastraba a cuatro patas, su cabeza gacha y sus hombros y espalda ancha marcando los huesos y venas visibles en cada pedazo de piel. Sus garras eran tan largas y filosas que pudieron rasgarle la piel a Oscar donde lo tocaba, y, sin embargo, no lo hacía.

 

No tenía ojos, solo una boca llena de diminutos colmillos y una nariz aplastada que olfateaba la sangre que brotaba de la oreja de Oscar, no le gustaba el olor, así que se alejó, también huyendo de la escasa luz.

 

Lo lastimó inconsciente, y podía hacernos lo mismo si se alteraba. Anderson se dió cuenta también, así que alejó la linterna.

 

Podía ver el miedo en sus ojos y, sin embargo, tuvo el valor para moverse, acercándose a Oscar y tirando para subirlo a su espalda.

 

Me sobresalté cuando puso la linterna en mi mano, indicándome con un gesto que buscara una salida.

 

Estreché la linterna, pasando saliva al ver la escasa luz en el suelo.

 

Eso ya no estaba donde podía verlo, lo cual me hizo temblar aún más, sin dejarme pensar con claridad.

 

—No pienses —Anderson susurró, también mirando alrededor con discreción—. No hables. Solo avanza.

 

Señaló a dónde yo misma iluminaba sin darme cuenta, a un camino que se adentraba a otro túnel. Posiblemente una salida.

 

Detrás de nosotros había una pendiente, una especie de túnel profundo y oscuro que no tenía fin.

 

Avancé, casi corriendo, sintiendo a Anderson detrás de mi, avanzando pesadamente con Oscar sobre sus hombros.

 

Mis pies resbalaban en la roca, pero logré llegar al túnel.

 

La linterna me mostró el camino, que ascendía más, dejándonos oir el viento deslizándose por las paredes.

 

Y entonces lo ví otra vez.

 

Mi cuerpo se paralizó al ver la figura encogida en una esquina, delante de nosotros, oculta en la sombra y olfateando alrededor.

 

Anderson se inclinó para descansar su peso sobre la pared, mirándome de manera significativa.

 

Corre, leí en sus ojos, y negué.

 

¿Como iba a dejarlo solo? Ese monstruo tenía una fuerza abrumadora, lo derrumbaría sin pensarlo y lo mataría. Los mataría a ambos y luego iría por mi. Aunque fuese inconsciente, era una bestia protegiendo su propiedades individuos.

 

Yo no podría con Oscar aunque quisiera, pero podía correr más rápido si me perseguía. Ellos lograrían escapar y luego yo podría llegar a salvo también.

 

Era una idea tan estúpida. Y estaba tan asustada.

 

Anderson vio mi intención y sus ojos se abrieron muy grandes.

 

—No.

 

—Solo corre recto —y, sin pensarlo dos veces, corrí dentro del túnel, regresando por dónde vinimos—. ¡Buscará ayuda y regresa por mi!

 

Al por mi voz, el monstruo chilló, como una especie de murciélago gigante, corriendo a cuatro patas y golpeándose con las paredes.

 

Lo sentí detrás de mi, tratando de alcanzarme.

 

Solté el bolso que traía para aligerar el peso y me deslice por los pasillos que encontraba, bajando.

 

Bajando tanto, tan profundo, que empezaba a quedarme sin aire otra vez. Mi pierna lastimada se hizo con la situación, haciéndome tropezar dolorosamente.

 

Y entonces me golpeó con su cuerpo, y perdí la conciencia al golpear mi cabeza.

 

.

 

Me sentí colgando.

 

Mi cabeza suspendida y mis piernas y brazos flaqueando en el aire.

 

Mi mano aún apretaba la linterna, permitiéndome ver el suelo debajo de mi, a varios metros, y el charco de sangre que aún sentía saliendo de mi nariz y mi oreja.

 

Y allí estaba el monstruo, rasgando el sueño ciegamente hasta alcanzar el musgo de las rocas y las plantas que dolían crecer cerca de los lagos.

 

Podía oír el agua allí abajo…

 

Arrancó las hiervas con sus manos gigantes y torpes y la acercó a su nariz para olerla. Comió con hambre, arrancando y llevándola a su boca y rasgar con los colmillos.

 

¿Como era posible ver a algo tan monstruoso comiendo hiervas como lo hacía un conejo?

 

¿Cuánto tiempo había estado viviendo allí, alimentándose de plantas y huyendo de las personas y otros seres vivos?

 

Arrancó otro puñado de hiervas y se arrastró hacia mi, y mi corazón otra vez empezó a acelerarse, pero no con el mismo miedo de antes.

 

Me di cuenta que colgaba sobre una rama seca, colgada como un trapo puesto a secar, y, con una facilidad monstruosa, Eso escaló la pared y llegó hasta mi.

 

Sentí sus garras sujetarme desde la espalda, tratando de enderezarme, y tuve que sujetarme de la rama para no carme cuando mi cuerpo se deslizó hacia abajo.

 

Tenía garras tan filosas que pudo lastimarme, y, sin embargo, eso no ocurrió, ni cuando me sujeto la espalda, ni cuando me gozo comerme las hiervas.

 

Las escupí por el mal sabor, pero no se dió cuenta de ello, solo siguió tratando de alimentarme como a una paloma herida.

 

¿Qué clase de monstruo era ese?

 

Sentí que si hablaba me arrancaría la garganta, que mientras estuviera en silencio todo iría bien. Quizás también estaba asustado porque algo desconocido irrumpió en su hogar.

 

Escupí las últimas hierbas y lo ví sostenerse de la pared, como si esperara algún movimiento.

 

No me moví, mirando su rostro sin ojos ni cuencas, y sus brazos llenos de arañazos y golpes por su ceguera.

 

Si lograba subir podría irme. Quizás no me seguiría, quizás también esperaba que me fuera, o quizás solo esperaba que ya estuviera muerta para no tener que lidiar conmigo.

 

Me deslicé sobre la rama, pero no logré levantarme por el dolor y terminé cayendo contra el suelo.

 

Contuve el grito de dolor cuándo mis piernas golpearon el suelo con fuerza y rode por el musgo y el agua salpicada. Me encogí por el dolor, tratando de calmar mis temblores, sujetando mi pierna, sintiendola hinchada y adolorida en la zona de la rodilla y el tobillo.

 

Eso no se alejó de la pared, siguiendo mis movimientos como si me olfateara.

 

Posiblemente no me detendría si intentaba irme, pero, por el momento, trataría de descansar…

 

Si, iba a descansar. No me haría daño de todos modos.

 

Mis ojos se cerraron solos, tan aturdida por los eventos recientes que mi cuerpo pesaba.

 

Entonces oi el grito llamándome, y los disparos, y no pude gritarles que se detuvieran.

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