El monstruo
Reseñas generales📖 Historia:
Nunca fui fanático de los cuentos de terror. Siempre pensé que los monstruos eran cosa de pelÃculas o libros. Pero todo cambió el dÃa que conocà al mÃo.
Fue una noche de tormenta. Estaba solo en casa porque mi mamá trabajaba hasta tarde. La lluvia golpeaba fuerte contra las ventanas y el viento aullaba como si algo quisiera entrar. Apagué la tele y me fui a acostar, tratando de ignorar los ruidos. Pero justo cuando cerré los ojos, escuché un susurro.
—¿Tenés miedo?
Me quedé congelado. Pensé que era mi imaginación, o el viento jugando con mi cabeza. Pero lo volvà a escuchar, más cerca.
—¿Tenés miedo? —dijo de nuevo, desde debajo de la cama.
Salté, prendà la luz, y ahà lo vi. TenÃa ojos enormes y brillantes, piel gris y áspera como piedra, y un cuerpo enorme que apenas entraba en el cuarto. Pero no se movÃa. Solo me miraba con curiosidad.
—¿Qué sos? —le pregunté, temblando.
—Soy tu monstruo. El que vive con vos desde que naciste. Pero tranquilo… no vine a hacerte daño.
Esa noche no dormÃ, pero tampoco corrÃ. El monstruo —que después me dijo que se llamaba Drolk— se sentó en el piso y me contó cosas. Me habló de otros monstruos, de mundos escondidos en las sombras y de cómo él me habÃa cuidado cada vez que tenÃa pesadillas.
Con el tiempo nos hicimos amigos. Lo escondÃa cada vez que venÃa alguien a casa, y por las noches charlábamos durante horas. Me ayudaba con la escuela, me aconsejaba cuando peleaba con mis amigos, y hasta me enseñó a no tenerle miedo a lo desconocido.
Pero un dÃa, Drolk me dijo que tenÃa que irse.
—Tuviste miedo por muchos años. Ahora que aprendiste a enfrentarlo, ya no me necesitás —me explicó.
Le pedà que se quedara, que no me dejara solo. Pero me dio un abrazo gigante y desapareció entre las sombras.
Hoy tengo 23 años. Ya no hay monstruos debajo de mi cama, pero a veces, cuando tengo miedo o me siento perdido, cierro los ojos y me acuerdo de Drolk. De su voz grave, de sus historias, y de cómo un monstruo que parecÃa aterrador se convirtió en el mejor amigo que jamás tuve.
A veces me pregunto si Drolk habrá visitado a otros chicos, si tal vez él también necesitaba compañÃa. Porque aunque decÃa que estaba para protegerme, creo que en el fondo él también se sentÃa solo. Yo era su única conexión con este mundo. Hoy, cuando veo pelÃculas de monstruos, ya no los miro con miedo, sino con cariño. Porque aprendà que los verdaderos monstruos no siempre son malos. Algunos solo necesitan ser escuchados. Y yo tuve la suerte de conocer a uno que me enseñó a no temerle a la oscuridad, ni a mà mismo.
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...se convirtió en el mejor amigo que jamás tuve.
A veces pienso que, si Drolk volviera, le dirÃa gracias. Gracias por estar cuando más lo necesitaba, por enseñarme que el miedo no siempre es el enemigo. Porque a veces, el verdadero monstruo no está debajo de la cama, sino dentro de uno mismo. Y enfrentarlo... también puede ser un acto de amistad.
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