Mi amigo el monstro

Reseñas generales

Mi nombre es Mateo, tengo 8 años y vivo en un mundo muy especial. No, no me refiero a la Tierra. Hablo de mi cuarto, que en realidad es una puerta secreta a mi universo de imaginación. Y en ese mundo, vive Toru, mi mejor amigo. Toru es un dinosaurio. O, como él prefiere llamarse, un Monstro (sí, con "s", porque dice que es más divertido así).

Todo comenzó una noche en la que no podía dormir. Estaba lloviendo fuerte, y los truenos hacían temblar las paredes. Me tapé hasta la cabeza con la cobija, pero entonces escuché un gruñido suave. Pensé que era mi barriga, pero luego algo enorme se movió en el armario.

Me armé de valor, agarré mi linterna y caminé despacio. Abrí la puerta... y ahí estaba. Un dinosaurio enorme, verde brillante, con ojos gigantes color violeta y una cola que ocupaba medio cuarto. Me miró, se escondió detrás de mis camisetas colgadas (aunque claramente no cabía) y dijo:

—¡No me comas!

—¿Comerte? —le respondí—. ¡Tú eres el que parece capaz de comerme a mí!

Él se rió con un sonido como cuando uno sopla una botella vacía y luego dijo:
—Me llamo Toru, y vengo de la Imaginación Profunda. Solo existo cuando los niños creen en mí.

Desde ese día, Toru se quedó en mi cuarto. Durante el día se hacía invisible para los adultos (aunque a veces dejaba huellas embarradas en la alfombra), y en la noche, jugábamos a todo: volábamos en una cama que se convertía en nave espacial, buceábamos en una piscina de juguetes que parecía infinita, y hasta cocinábamos galletas con forma de meteorito.

Pero Toru no solo era divertido. También me ayudaba cuando me sentía triste. Una vez, volví del colegio llorando porque unos compañeros me dijeron "niñito raro" por hablar solo en el recreo. Toru me escuchó con atención, me pasó una servilleta (aunque era papel higiénico), y me dijo:

—Tú no estás solo. Tienes un universo entero aquí, y también tienes a mí.

Gracias a él, aprendí a ser valiente. Incluso comencé a hacer nuevos amigos en la escuela. Les conté sobre Toru y, aunque algunos no me creyeron, otros sí. De pronto, la Imaginación Profunda comenzó a expandirse, y Toru me dijo que eso era buena señal.

Pero un día, Toru se puso muy serio. Me dijo que estaba cambiando.

—Mateo, tu imaginación está creciendo, y pronto necesitaré irme para ayudar a otros niños que me necesiten más.

Me dolió en el corazón, pero entendí. Así que, esa noche, construimos una gran nave con sábanas, libros y cojines, y lo despedí en medio de un huracán de papel de colores. Me prometió que cuando tuviera hijos, o sobrinos, o simplemente ganas de imaginar, él volvería.

Hoy tengo 20 años. Estudio diseño de videojuegos. Y cada vez que creo un personaje nuevo o un mundo fantástico, siento que Toru me está guiando desde la Imaginación Profunda. Porque, aunque ya no vive en mi armario, mi amigo el Monstro siempre vivirá en mi corazón.

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