"El Mounstro que heredé"
Reseñas generalesCuando tenía 11 años, miraba películas de terror. Eran mis favoritas.
Esas películas que te erizan la piel y te desesperan cuando un asesino o monstruo persigue a los personajes.
No sé por qué me gustaban tanto, pero a mi madre no le agradaban.
Siempre me decía que no era bueno ver esas cosas, que después iba a tener sueños feos.
Pensé que tal vez había quedado traumada con la famosa película Pesadilla en la calle Elm, ya que siempre me contaba que fue la peor que vio.
Y por eso, me la tenía totalmente prohibida.
Una tarde, ella salió de compras y decidí verla.
¡No podía ser tan terrorífica! Tenía que demostrarle que estaba equivocada.
La puse. Era bastante antigua para mi gusto; no creía que pudiera darme miedo.
¡Es terror de la época de mi madre!, pensé.
Al principio me pareció aburrida, pero de pronto empezó a interesarme.
No puedo mentir: sí me generó miedo y desesperación.
Era una muy buena película.
Pero me reí, y pensé que tampoco era la gran cosa.
Apagué todas las luces y me acosté a dormir.
Aunque tenía sueño, mis ojos no querían cerrarse.
Las imágenes de la película venían a mi mente.
—Esto no me está pasando —dije en voz baja, preocupada.
No podía llamar a mi madre… Tenía que demostrar valentía.
No podía tenerle miedo a una película, y menos a la que había traumado a mi madre.
Eso me haría débil, y le daría la razón.
Entonces escuché un ruido en la cocina.
Mi puerta estaba cerrada, pero el picaporte empezó a moverse.
—No es real, no es real —repetí con los ojos apretados.
En ese momento, el televisor de mi habitación se encendió solo.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
¿Estaré soñando? Tal vez eso le pasó a mi mamá… por eso siempre me alertaba.
Todo se calmó por unos segundos. Traté de dormir otra vez, convenciéndome de que era mi imaginación.
Pero una risa, aguda y distorsionada, me hizo saltar de la cama.
Miraba hacia la pared… y vi la sombra de una persona.
Una silueta igual a la de Freddy.
Pensé que estaba loca.
Intenté gritar para que mi madre me escuchara, pero no me salía la voz.
Quise correr, pero mis piernas no me respondían.
Y entonces, esa sombra terrorífica me agarró de los pies…
y me tiró de la cama.
Quedé inmóvil en el suelo, mirando hacia el techo.
Solo se escuchaba el tic-tac del reloj.
Silencio absoluto.
Miré lentamente hacia un costado. No había nadie.
Al otro lado, tampoco.
Moví mis piernas. Todo estaba bien. Yo estaba bien.
No había nadie en la habitación.
Me levanté, subí a la cama como pude y llamé a mi madre.
Ella vino enseguida.
Le conté lo que me había pasado.
Primero se molestó porque había visto esa película a escondidas.
Pero luego me abrazó y dijo:
—No existen esas cosas. Solo están en tu mente.
Le pedí disculpas por desobedecer, y se quedó conmigo hasta que logré dormirme.
Al día siguiente me desperté con una sensación extraña…
Pero recordé las palabras de mamá y traté de no darle importancia.
Fui a guardar mis libros en la mochila y un papel cayó al suelo.
Lo levanté, curiosa. Lo abrí.
Y cuando leí lo que decía, me quedé helada:
> No vuelvas a dormir con los pies destapados.
Estoy en tu mente.
—Freddy Krueger.
Nunca supe si fue real o no, pero desde ese día, y durante los siguientes 20 años,
nunca más dormí con los pies descubiertos.
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Hace poco, después de que mi madre falleció, volví a su casa para ordenar sus cosas.
Mientras revisaba su ropero, encontré una caja antigua, oculta detrás de una manta.
Adentro había recortes de periódicos amarillentos, fotografías viejas y un cuaderno desgastado, con páginas que parecían arrancadas de un diario personal.
Los recortes hablaban de desapariciones, de adolescentes que murieron mientras dormían, de una entidad que atacaba en sueños…
Y de una mujer llamada María que, en los años 80, vivió un infierno idéntico al mío.
El cuaderno estaba lleno de dibujos extraños.
Sombras, cuchillas, camas desordenadas, puertas entreabiertas…
Y al final, una fotografía.
Una mujer joven, con los ojos llenos de miedo.
La reconocí al instante.
Era mi madre.
Y entonces lo entendí.
Pesadilla en la calle Elm no era solo una película.
Era su historia.
Su pesadilla real.
Y todo lo que yo viví no fue un sueño,
ni una coincidencia…
Fue un legado.
Un infierno que comenzó mucho antes de mí.
Y ahora…
es mi turno de enfrentarlo.


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