La última llamada
Reseñas generales
En una tranquila ciudad, un grupo de amigos se reunía cada fin de semana para disfrutar de una noche de películas y juegos. Entre ellos estaba Carla, la más aventurera del grupo, siempre en busca de nuevas emociones. Una noche, mientras navegaban por internet, encontraron un número de teléfono antiguo que supuestamente pertenecía a un espíritu llamado "El Susurrador". Se decía que si lo llamabas a la medianoche, te concedería un deseo, pero a un alto costo.
Intrigados y escépticos, decidieron hacer la llamada. Con risas nerviosas, se prepararon mientras el reloj marcaba las doce. Carla tomó el teléfono, marcó el número y, con una mezcla de miedo y emoción, presionó el botón de llamada. Después de varios tonos, una voz suave y susurrante respondió: “¿Qué deseas?”.
Carla, sin pensarlo mucho, pidió ser la persona más popular del colegio. La voz le advirtió que todo deseo tiene un precio, pero ella ignoró la advertencia. Después de colgar, el grupo se rió y se sintió aliviado; nada había pasado. Sin embargo, al día siguiente en el colegio, Carla se encontró rodeada por una multitud que la aclamaba. Era como si todos la conocieran y quisieran ser sus amigos.
Al principio, disfrutó de su nueva popularidad. Pero pronto comenzaron a ocurrir cosas extrañas. Sus antiguos amigos se alejaron de ella, y aquellos que antes eran cercanos comenzaron a desaparecer uno por uno. Carla empezó a recibir mensajes anónimos advirtiéndole que no había vuelto a llamar al Susurrador para deshacer su deseo.
Asustada y confundida, decidió investigar más sobre la leyenda del Susurrador. Descubrió que aquellos que hacían un deseo a través de la llamada eran perseguidos por sombras oscuras hasta que cumplían su promesa: debían realizar un deseo para otra persona en un plazo determinado o enfrentar consecuencias terribles.
Desesperada por revertir lo ocurrido, Carla volvió a llamar al número antiguo. Esta vez, la voz era más ominosa: “¿Qué deseas?”. Con lágrimas en los ojos y miedo en su corazón, pidió que todos los que habían desaparecido regresaran a salvo. La voz rió suavemente antes de decir: “Recuerda que todo tiene un precio”.
Esa noche, Carla vio cómo las sombras comenzaban a acercarse a su casa. Su corazón latía con fuerza mientras miraba por la ventana y veía figuras oscuras merodear en su jardín. Sabía que había hecho mal al no considerar las advertencias.
A la mañana siguiente, encontró en su teléfono mensajes de sus amigos desaparecidos; todos habían regresado. Sin embargo, algo estaba mal: sus rostros eran pálidos y vacíos. Cuando los miró directamente a los ojos, se dio cuenta de que no eran ellos; eran sombras disfrazadas.
El Susurrador había cumplido su parte del trato pero había tomado algo más valioso: las almas de sus amigos. En un intento desesperado por salvarlos, Carla decidió enfrentar al espíritu nuevamente.
Esa noche volvió a marcar el número con determinación. “¡Devuélvelos!”, gritó cuando la voz respondió. Pero solo recibió risas burlonas como respuesta.
“Tu deseo ya fue concedido”, dijo el Susurrador antes de colgar.
Carla comprendió entonces que había perdido para siempre lo más importante en su vida. Las sombras ahora la rodeaban y ella también se convirtió en parte del oscuro juego del Susurrador, condenada a buscar nuevos deseos para satisfacer el hambre insaciable del espíritu maligno.
La última llamada resonó en el aire mientras la ciudad continuaba ajena al horror que acechaba en las sombras.


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